Preocupan en España brotes entre jornaleros inmigrantes

Desde que salió de su natal Senegal hace 20 años, Biram Fall nunca ha dormido en las calles. Esta semana, cuando se le acabaron sus ahorros por no encontrar trabajo en los huertos de durazno en el n...

Desde que salió de su natal Senegal hace 20 años, Biram Fall nunca ha dormido en las calles. Esta semana, cuando se le acabaron sus ahorros por no encontrar trabajo en los huertos de durazno en el norte de España, también se rehusó a pasar por esa situación.

Como parte de un ejército de mano de obra barata que sigue la maduración de los diversos cultivos en el país, Fall, de 52 años, atendió en mayo un llamado urgente de que se presentaran trabajadores en Lleida, una importante puerta de entrada a las fértiles tierras agrícolas de los alrededores.

Sin embargo, los migrantes ansiosos de recuperarse de la falta de ingresos debido al coronavirus rebasaron la demanda estacional de trabajadores. Los que no pueden pagar apartamentos compartidos y abarrotados deambulan por el centro de al ciudad, descansan bajo porches en plazas o en albergues improvisados del gobierno.

Renuente a correr el riesgo de contagio entre ellos, Fall contó los pocos euros que le quedaban de la venta de caracoles recolectados al lado de las carreteras y empacó sus cosas. Después de pellizcarse el antebrazo se pregunta si existe quien crea que el virus no puede penetrar la piel negra y que sólo infecta a la gente blanca.

La pandemia quizá se ha desacelerado en gran parte de Europa continental, pero en medio de docenas de nuevos contagios en diversas partes de España, los que se han registrado entre los trabajadores agrícolas estacionales están preocupando en particular a las autoridades de salud como un posible vector para una mayor propagación.

En la localidad de Fraga, donde muchas plantas procesadoras de frutas realizan sus actividades alrededor de los frondosos huertos, 360 infecciones en las últimas dos semanas han obligado a las autoridades a imponer de nuevo las restricciones a nivel local después que el país dejara atrás casi tres meses de confinamiento y un parón de actividades.

El condado cercano a Lleida, de 200.000 habitantes, es el más reciente que suspende actividades, anunciaron el sábado las autoridades regionales catalanas después que los contagios en la provincia se duplicaran en una semana, de 167 a 325. Como las admisiones en hospitales y unidades de cuidados intensivos aumentan de nuevo de manera preocupante, un pabellón inflable de emergencia fue instalado afuera de un hospital local.

La crisis de atención médica enfrentada alrededor de Lleida también tiene un fuerte componente social, dijo la jefa regional de salud, Alba Vergés, en referencia a los trabajadores después que su gobierno pusiera a la localidad en cuarentena.

Cualquier rebrote de contagios se analiza con todo cuidado en el país. España estuvo totalmente aislada entre marzo y junio para controlar la pandemia, que causó al menos 28.300 fallecidos según los registros oficiales.