Bolivia busca zanjar su crisis política en plena pandemia

Desiertas durante más de dos meses, las calles de La Paz han vuelto a agitarse con protestas que forzaron a Bolivia a asumir un arriesgado desafío: intentar zanjar en medio del pico de la pandemia s...

Desiertas durante más de dos meses, las calles de La Paz han vuelto a agitarse con protestas que forzaron a Bolivia a asumir un arriesgado desafío: intentar zanjar en medio del pico de la pandemia su larga crisis política con nuevas elecciones en 60 días.

Si la emergencia sanitaria no empeora, los comicios del 6 de septiembre servirán para dirimir la disputa que ha polarizado el país entre el partido izquierdista del expresidente Evo Morales, el Movimiento al Socialismo (MAS), y las divididas fuerzas políticas del centro y de la derecha.

Las tensiones políticas han ido en aumento al igual que la pandemia que comienza a saturar el precario sistema de salud que dejo Morales, quien renunció a la presidencia en 2019 tras varias protestas en su contra y finalmente salió de país.

Después de un año de protestas y crisis en América Latina y el Caribe, Bolivia es uno de los países de la región que hizo una pausa en sus disputas internas para enfrentar la pandemia y uno de los primeros que ahora busca regresar a una especie de normalidad política, con las elecciones. Chile, por ejemplo, retrasó hasta octubre un referendo sobre su nueva constitución y muchos pronostican más demoras.

Para algunos expertos, no hay tiempo qué perder y menos de cara a una crisis económica que se avecina. Tiene sentido encarar primero la crisis política, dijo el periodista independiente y analista Andrés Gómez.

Por ahora, sin embargo, La Paz y otras ciudades como Santa Cruz y Cochabamba han visto protestas cotidianas en contra de las restricciones impuestas para enfrentar el virus.

En el país crecen las tensiones y nada anticipa que se podría evitar un nuevo caos político. Bolivia sigue polarizada entre los partidarios de Morales y aquellos que lo acusaron de fraude en las elecciones de octubre de 2019, en las que el político buscaba un cuarto mandato tras casi 14 años en el poder. La convulsión sumió al país en una crisis que en las primeras semanas dejó con 36 muertos y obligó a Morales a renunciar y salir al exilio. En su lugar entró como presidenta interina, Jeanine íñez, una legisladora opositora al izquierdista.

Presionada por el MAS de Morales, que controla el Legislativo y con un gobierno debilitado, la presidenta interina íñez aceptó a regañadientes que los comicios sean el 6 de septiembre. Tengo un país sufriendo por la pandemia y tengo la presión de los políticos exigiendo elecciones, dijo recientemente.

Es necesario una válvula para liberar las presiones populares", consideró Christopher Sabatini, experto en Latinoamérica y profesor en la Universidad de Columbia en Nueva York. "La pregunta es si las elecciones bajo las condiciones actuales tienen sentido; probablemente no para el gobierno y para los rivales de Morales.

Desde Argentina donde está asilado, Morales no ha dejado de agitar las aguas. No es candidato y está acusado de sedición, terrorismo y fraude electoral. Su partido postula al exministro de Economía, Luis Arce.

Tras una década de crecimiento sostenido, la economía de Bolivia comenzó a debilitarse con Morales. Con la pandemia se espera que el producto interno bruto caiga 5,9% este año y genere una recesión después de cuatro décadas, según el Banco Mundial.

Morales saltó a la política desde los combativos sindicatos cocaleros tras el derrumbe de los partidos tradicionales en 2003 y se convirtió en 2006 en el primer presidente indígena. Tuvo el mandato más largo y su gobierno coincidió con una extraordinaria bonanza. Nacionalizó los hidrocarburos, redistribuyó la renta petrolera y redujo a la mitad la extrema pobreza, hasta el 17%. Pero escándalos de corrupción y su afán de reelegirse precipitaron su desgaste, sobre todo entre la clase media.

Con más del 70% de la población en trabajos informales, la cuarentena de 71 días llevó a muchos al borde de la desesperación. Queremos que el gobierno reactive la economía, dijo el dirigente gremial de las microempresas Juan Carlos Apaza durante una protesta en La Paz la semana pasada. El hambre puede hacer más daño que el COVID.

Los manifestantes gritaban a voz en cuello con el barbijo en la quijada mientras un cordón de policías resguardaba la Casa de Gobierno. Ninguno guardaba el distanciamiento en el forcejeo.

Otro grupo de trabajadoras sexuales se apostó frente al Ministerio de Salud hace unos días para exigir la suspensión de las restricciones a los clubes nocturnos y que se les permita trabajar.

Con América Latina como foco mundial de la pandemia, hasta el jueves Bolivia reportaba 34.227 contagios y 1.201 decesos, pero lo números están en ascenso.

El sistema médico ya está abrumado, los laboratorios de pruebas no dan abasto, las unidades de cuidados intensivos están completos; pacientes mueren en los vestíbulos de los hospitales o en domicilios y son cotidianas las protestas de trabajadores de salud y autoridades locales por carencias y falta de financiamiento del gobierno.

Según el Servicio Salud en Cochabamba, al centro del país, cinco personas han muerto en la calle en junio, entre ellos un varón de 55 años que peregrinó por varios hospitales sin encontrar espacio. En esa ciudad, las funerarias se han declarado en emergencia porque el horno crematorio municipal quedó pequeño y los cadáveres no son recogidos.

Una encuesta de marzo, antes de la pandemia, ubicó a Arce del MAS en primer lugar con 33% de intención de voto, aunque insuficiente para ganar en primera vuelta. En el centro y la derecha están tres candidaturas que compiten frente al partido de Morales.

El expresidente de centro, Carlos Mesa, y quien rivalizó con Morales en octubre, se mantiene en segundo lugar con 18,3% mientras la presidenta interina íñez, al mando de una alianza de centro derecha, era la que más avanzaba en las encuestas con 16,5%.

Un escándalo de corrupción en la compra de respiradores mecánicos con sobreprecio que costaron el cargo al ministro de Salud, limitaciones y dificultades para lidiar con la pandemia, parecen haber debilitado la imagen de íñez.

La mandataria responsabiliza a Morales por el estado deficitario del sistema médico y lo acusó de usar el terrorismo para volver al poder.

¿Y qué dice Morales? El gobierno de facto (íñez) dirige a ciegas la pandemia, replicó recientemente el exmandatario.

La gente quiere respuestas de quienes toman decisiones frente a la pandemia, cuestionó a su vez Mesa.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) informó que hasta finales de agosto la pandemia llegará a su punto alto en Bolivia.

Ir a las urnas en emergencia sanitaria podría disparar el ausentismo, los comicios perderían legitimidad y la crisis podría profundizarse, opinó el politólogo Franklin Pareja.

Elecciones limpias y transparentes son el camino que el país necesita, dijo la politóloga María Teresa Zegada. Después, tendremos que dejar atrás la confrontación y alcanzar un consenso para permitir que la nueva administración gobierne.