EEUU permite reuniones familiares en la frontera norte

Alec de Rham se sentó dándole la espalda a un pequeño obelisco de piedra que marca el límite internacional. Él y su esposa se encontraron con una hija a la que no veían desde hacía diez semanas...

Alec de Rham se sentó dándole la espalda a un pequeño obelisco de piedra que marca el límite internacional. Él y su esposa se encontraron con una hija a la que no veían desde hacía diez semanas.

Hannah Smith viajó hasta la frontera desde Vancouver, en la Columbia Británica, en autobús y bicicleta, para ver a su novio Jabree Robinson, de Bellingham, estado de Washington.

Y junto a un arco blanco y grande que simboliza la amistad entre canadienses y estadounidenses, Lois England y Ian Hendon se besaron emocionados en un encuentro de unas horas tras la separación más larga en los tres años que llevan juntos.

Familias, parejas y amigos separados por semanas por el cierre de la frontera entre Estados Unidos y Canadá motivado por el coronavirus llegan al Parque del Arco de la Paz, un oasis en la frontera en el que se pueden reunir, tocar y abrazar.

El parque abarca 17 hectáreas de terreno muy bien cuidado, con flores, cedros y alisos, que se extiende desde Blaine, Washington, hasta Surrey, en la Columbia Británica, en el extremo oriental de una frontera de 6.146 kilómetros (3.987 millas) de largo. Mientras permanezcan en el parque, los visitantes pueden pasearse libremente, pasando de un lado a otro de la frontera, sin necesidad de mostrar un pasaporte.

En el parque se hacen muchos picnics y a veces bodas. En estos momentos es uno de los pocos lugares de la frontera norte de Estados Unidos en los que la gente separada por el cierre de la frontera puede verse.

Las autoridades cerraron el parque a mediados de marzo por el coronavirus. El lado estadounidense reabrió a principios de mayo, cuando el gobernador del estado de Washington Jay Inslee levantó algunas restricciones a los movimientos de la gente. El lado canadiense fue reabierto hace dos semanas.

England, de Sumas, Washington, dijo que lloró cuando Hendon la llamó para darle la noticia y ambos planearon el encuentro.

England dice que tanto ella como Hendon acatan las recomendaciones de mantener distancia, pero en ningún momento pensaron en mantenerse a dos metros cuando se vieron.

Estaba muy deprimida por la separación. Esto es un gran alivio, dijo ella.

A England le toma unos 40 minutos llegar a la casa de Hendon en Surrey normalmente. Ambos se ven al menos una vez a la semana desde que se conocieron a través de la internet hace tres años. Hendon, quien es electricista, tiene bastante trabajo durante la pandemia, mientras que England está pasando la mayor parte de la cuarentena con su hija y su madre, que vive cerca.

La pareja chatea por Skype casi todas las mañanas, pero England extrañaba tanto a Hendon que hace algunas semanas trató de ingresar a Canadá presentándose como una visitante esencial, una categoría reservada para médicos, camioneros y personal de aviones. Las autoridades canadienses no le permitieron entrar.

Un encuentro no bastó. Al día siguiente volvieron e hicieron un asado.

Una media hora de auto hacia el este, otras familias se encuentran en un sector donde hay carreteras paralelas a ambos lados de una cuneta que representa la frontera. La gente puede instalarse en sillas y conversar, sin cruzar la cuneta. Tocarse es más complicado.

Tim y Kris Browning pensaron que sería demasiado duro conversar sin tocarse. Kris vive al norte de la frontera, en Abbotsford, donde trabaja en la cocina de un hospital. Tim vive al sur, donde es electricista en una granja. Se casaron en el 2014 tras conocerse por la internet y el virus está demorando el papeleo de Tim para poder radicarse en Canadá.

Charlar separados por la cuneta y una pequeña barrera, o en una plantación de frambuesas cercana, propiedad del patrón de Tim, sin embargo, es ya una rutina. Algo mucho mejor que hablar por teléfono, por más que sea con video, según dicen.

Es lindo ver todas estas familias. Todos son muy buenos, dijo Tim, quien generalmente pasa tres días de la semana con Kris y sus dos hijos en Canadá. Un agente de la patrulla fronteriza vino y me dijo, ˜¿por qué no abrazas a tu esposa? ¡Abrázala!™.-