Crece avalancha de contagios de coronavirus en Chile

Una mujer chilena, con la respiración entrecortada por la falta de oxígeno, tuvo que esperar más de 12 horas antes de ser atendida el miércoles en una posta de urgencia del hospital El Pino, ubica...

Una mujer chilena, con la respiración entrecortada por la falta de oxígeno, tuvo que esperar más de 12 horas antes de ser atendida el miércoles en una posta de urgencia del hospital El Pino, ubicado en una populosa barriada pobre del surponiente de Santiago.

A las afueras del servicio de urgencia de la clínica, los conductores de una decena de ambulancias hicieron sonar en dos ocasiones las sirenas de sus vehículos para protestar porque los pacientes que transportaban debieron también tuvieron que aguardar por largo tiempo antes de que fueran ingresados.

La situación de Chile y la ola de contagios de coronavirus que no cesa están en el centro de las preocupaciones de entidades médicas internacionales como la Organización Mundial de la Salud y la Organización Panamericana de Salud.

Los servicios de emergencia y cuidados intensivos de los hospitales públicos trabajan a marchas forzadas por el alto número pacientes que reciben día y noche en un país que suma 82.289 contagiados y 841 fallecidos. Es el tercer territorio más afectado de América Latina, después de Brasil y Perú, y el presidente Sebastián Piñera admitió el miércoles que el servicio de salud pública está muy cerca de su capacidad máxima.

Ana Allende, la mujer de 47 años que esperó más de medio día en el hospital El Pino narró su experiencia a la prensa a las afueras del servicio de urgencias. Tengo neumonía. Estoy desde las 7 de la tarde (del martes). Todavía no me atienden, estoy esperando y no pasa nada, dijo con desesperación.

Por su lado, uno de los conductores de las ambulancias que también estaba en espera desde el martes aseguró que este hospital colapsó, ya no da más. No he dicho que no estén siendo atendidos, lo que pasa es que está colapsado.

En otro sitio, a las afueras del hospital San José, al norte de la ciudad, un hombre mostraba con su brazo extendido una ambulancia estacionada frente al servicio de urgencia con su familiar en el interior. Se le acabó el oxígeno y nosotros no podemos hacer nada, repetía llorando.

Chile tiene 2.400 camas de uso crítico, el doble que en marzo, y planea llegar a 4.800 al final de junio. Empero, a diario suma una avalancha de nuevos contagiados, que bordean los 4.000 diarios, aunque su letalidad se mantiene en un 1%.

Un informe diario de los médicos intensivistas indica que algunos hospitales del gran Santiago, que concentra más del 80% del total de contagiados y muertos por el virus, mantienen el 97% de sus camas críticas ocupadas.

El ministro de Salud, Jaime Mañalich, expresó su gran preocupación porque un estudio realizado por varias universidades locales, concluyó que 15% de contagiados diagnosticados sale a trabajar un par de veces por semana y un 36% de personas con síntomas de la presencia del virus, tampoco mantienen el aislamiento obligatorio.

Según Mañalich, el gobierno se preparó para tener 100.000 infectados contagiantes al mismo tiempo. Aseguró que si se necesitan más ventiladores mecánicos, vamos a traer más.

Aunque la autoridad asegura que Chile aún no llega al momento de decidir sobre a quién dar la última cama, está semana la doctora Claudia Vega, del hospital El Carmen de Maipú, al sur de la capital, aseguró que ya tuvo que tomar esta decisión.

En Chile un protocolo sobre cómo deben actuar los equipos médicos frente a ese escenario empieza por señalar varios "criterios injustos que no deben ser considerados, por ejemplo, la edad del paciente, si lo merece o si puede pagar el servicio. El foco central de la atención médica no es la cama, sino el paciente que hay que cuidar, aun cuando se vuelva imposible curar, afirma el documento desarrollado por la Universidad Católica y difundido por el Ministerio de Salud a la red hospitalaria.