La pandemia a través de los ojos de los niños

epresentan posibilidades, dice la alegre niña a quien algunos de sus amigos llaman Snickers. Sonríe con frecuencia, y deja ver los frenillos en sus dientes.

epresentan posibilidades, dice la alegre niña a quien algunos de sus amigos llaman Snickers. Sonríe con frecuencia, y deja ver los frenillos en sus dientes.

Después de esta pandemia de corona, cuando esto termine, creo que todo estará mucho más lleno de vida, dice y levanta los brazos para enfatizar. Espera, por ejemplo, que la gente camine más y maneje menos porque ha notado que la gente en su vecindario con frecuencia ha hecho las cosas sin su auto durante el confinamiento.

Creo que la gente ya no dará las cosas por sentado.

”Por Martha Irvine

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DANYLO BOICHUK, 12, UCRANIA

Danylo Boichuk envidia a su gato, Kari, que puede escapar de la casa familiar en un suburbio de Kiev y ser libre. Debido a la pandemia, su familia tuvo que cancelar un campamento de verano en Bulgaria, y a Danylo, de 12 años, le preocupan mucho las fronteras cerradas.

Sentado en su porche trasero, ha usado sus bloques y figuras de LEGO para crear su versión del futuro: una situación en la frontera.

Este es un barco que se dirige a Copenhague y los guardias fronterizos lo inspeccionan, explica Danylo, y señala las piezas que detienen a otras. Este miembro de la tripulación muestra evidencia médica de que todos a bordo están saludables, excepto por un hombre en una celda de aislamiento.

La figura de plástico hace ruido cuando la deja caer en la cárcel improvisada.

Hay un guardia de seguridad que restringe el contacto con ese hombre, continúa. Hay especialistas en tecnologías de información trabajando. También hay personas que han perdido su empleo: músicos, granjeros, artistas.

El niño se pregunta si las autoridades en algunos países usarán la crisis del nuevo coronavirus para reforzar su control sobre la vida de las personas. Por ejemplo, podrían implantar chips para rastrear dónde están (las personas)¦, supone Danylo.

Sus padres dicen que tiene una mente analítica. Quiere convertirse en hombre de negocios en el futuro y crear una empresa para desarrollar juegos en línea. Ha leído libros sobre Steve Jobs, el fundador de Apple, y otros empresarios famosos durante el aislamiento.

Después de la pandemia, dice que las personas invertirán más en productos y juegos por internet.

Esta es una oportunidad que debemos usar, dice.

”Por Dmitry Vlasov

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ANA LAURA RAMíREZ LAVANDERO, 10, CUBA

Su dibujo representa un sueño bastante sencillo para una niña de 10 años: Viaje a la playa. En la hoja, coloreó una palmera con tres cocos marrones, un bote que flota a la distancia y un Sol amarillo brillante.

Es una escena que representa la vida en su país insular, famoso por su arena blanca y sus aguas azules. No obstante, por ahora Ana Laura Ramírez Lavandero sólo puede soñar con la playa. Por el encierro obligatorio, se encuentra confinada en su departamento en un cuarto piso donde vive con sus padres y su abuela. En el balcón, mira la vida a través de un enrejado de hierro oxidado. Puede parecer una cárcel.

Mi vida cambió, dice la niña, quien está acostumbrada a jugar en la calle de su vecindario de clase trabajadora y media en La Habana.

El único momento en que ha podido salir de su casa en casi dos meses fue para ir de emergencia al dentista. Las escuelas están cerradas, y como muchas personas en Cuba no tienen internet, el Ministerio de Educación transmite las lecciones por la televisión estatal.

Ana Laura sueña con convertirse en baterista famosa. Este fue su primer año en un instituto altamente selectivo para estudiantes identificados desde temprano como talentosos musicalmente. Continúa con sus clases de matemáticas, historia y español, pero no de música.

Su coro infantil tampoco puede reunirse ahora. Usualmente, su coro se reúne con otro de niños y niñas de todas las edades.

La gente se siente unida en el coro, dice con nostalgia. Está ansiosa por verlos de nuevo.

”Por Andrea Rodríguez

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LOS HERMANOS SANWERIA, 8 Y 9, INDIA

Advait Vallabh Sanweria, de 9 años, sonríe mientras su hermano menor enumera todas las cosas que han hecho durante el prolongado encierro en India.

Nos dan nalgadas, nos regañan, vemos películas, cocinamos, barremos el piso y usamos el teléfono y hacemos llamadas por Skype, dice Uddhav Pratap, de 8 años, en hindi.

A veces los hermanos son una especie de rutina de comedia, o cuando menos son un peligro para los muebles de su hogar. Convirtieron una habitación en un campo de críquet, donde un hermano lanza la bola y el otro batea. A veces, juegan algo más tranquilo, como ajedrez o Uno.

Emocionados al principio porque la escuela cerraba indefinidamente, los hermanos extrañan poder salir.

Es frustrante estar encerrados en nuestras casas, dice Advait Vallabh, el niño de 9 años, sobre el confinamiento obligatorio que desde entonces se ha suavizado un poco. Cuando me frustro, a veces leo un libro. A veces lloro.

Recientemente, a los hermanos les emocionó ver un arcoiris cruzar el cielo azul fuera de su casa.

El clima ha cambiado mucho, dice Advait Vallabh, y señala el aire visiblemente fresco en Delhi, ya que la polución en la ciudad siempre contaminada ha disminuido drásticamente durante el encierro.

A pesar de sus altibajos, los hermanos creen que el encierro debería continuar durante un año.

No deberían reabrir hasta que queden cero casos, dice Uddhav Pratap.

”Por Rishi Lekhi y Rishabh Raj Jain

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OWEN WATSON, 12, CANADí

Vestido con una parka forrada en piel, confeccionada por su mamá, y con un celular en la mano, Owen Watson da un recorrido por su ciudad, Iqaluit, en el territorio de Nunavut, en el extremo norte de Canadá. Todavía hay nieve en el suelo en mayo, aunque los días ya son más largos en este lugar conocido por sus espectaculares vistas de auroras boreales.

Ese lugar azul claro es la escuela a la que solía ir, dice Owen, de 12 años, de la estructura cerrada detrás de él. Después se vuelve hacia el patio de recreo. No debemos jugar allí ahora.

Rodeado de ríos, lagos y el océano, lleno de trucha alpina, su padre, Aaron Watson, dice que el nombre de su ciudad significa peces en inuktitut, el idioma que hablan los inuit, como Owen, su mamá y su hermana. Su papá es originario de Stratford, Ontario, y trabaja en la industria del turismo en Nunavut.

Por ahora, bajo el confinamiento de todo el país, Owen se mantiene ocupado con los paquetes de trabajo de sus maestros, anda en bicicleta por la ciudad, más tranquila de lo habitual, y trata de no preocuparse demasiado.

Su papá ha observado que Owen mira las noticias sobre el nuevo coronavirus y se pregunta si están criando a un futuro científico.

Hasta ahora, no se han documentado casos del nuevo coronavirus en la población de aproximadamente 8.000 personas, muchas de las cuales trabajan para el gobierno federal y la ciudad. Cuando hay vuelos, pueden ir a la capital canadiense, Ottawa, en tres horas.

Así que el joven Owen cree que es sólo cuestión de tiempo para que el virus llegue. Si llega aquí tendré más miedo, dice.

Espera y observa. El Sol se pone en el oeste y las nubes reflejan tonos de rosa y púrpura. Es mucho en lo que un niño puede pensar.

”Por Martha Irvine