Coronavirus: Rusia sin desfiles, pero tiene sus monumentos

Los rusos no podrán festejar este año el Día de la Victoria, que marcó el fin de la Segunda Guerra Mundial, con los imponentes desfiles militares de siempre debido al coronavirus. Pero podrán apr...

Los rusos no podrán festejar este año el Día de la Victoria, que marcó el fin de la Segunda Guerra Mundial, con los imponentes desfiles militares de siempre debido al coronavirus. Pero podrán apreciar una cantidad de monumentos nacionales en homenaje al valor y el sufrimiento de su pueblo que son parte de su identidad nacional.

Les dan tanta importancia a estos monumentos que es común que los recién casados se fotografíen frente a ellos. Los hay por todos lados, algunos tan grandes que llaman la atención y otros tan modestos que se puede pasar de largo sin darse cuenta de que están allí.

El más llamativo es el ¡La Madre Patria Llama!, la estatua más alta de Europa, de 85 metros (278 pies), que muestra a una mujer blandiendo una espada que se eleva por sobre la ciudad de Volgogrado, la antigua Stalingrado. Es el epicentro de un complejo que recuerda la Batalla de Stalingrado en la que murieron unos 2 millones de personas antes de que las fuerzas soviéticas pudiesen rechazar a los nazis.

En contraste con esa enorme estatua, muchos de los monumentos de San Petersburgo consisten en inscripciones de distintos tamaños. Afuera de la principal estación de trenes de la ciudad hay un cartel que dice Heroica Ciudad de Leningrado, que alude al sitio de que fue objeto esa urbe, hoy San Petersburgo, entre 1941 y 1944.

Siguiendo por Nevsky Prospekt, la principal avenida de la ciudad, un cartel mucho más pequeño recuerda a la gente los padecimientos vividos. ¡Ciudadanos! Cuando cae el fuego de la artillería, este lado de la calle es más peligroso, dice el cartel. Abundan las alertas de ese tipo.

Una calle secundaria de Moscú tiene un monumento que es difícil de ignorar, un pedestal más alto que una persona sostiene figuras de niños muertos tras dejar la escuela para ir a combatir.

En la ciudad portuaria de Múrmansk hay una estatua de 35 metros (116 pies) de un soldado que observa desde la cima de una colina la fría bahía adonde llegaron tantos barcos aliados cargando suministros. Un monumento de Magnitogorsk muestra a un soldado y un obrero metalúrgico que sostienen entre ambos una espada. Es un homenaje a los combatientes y los obreros que los abastecieron.

El monumento más misterioso podría ser uno de Moscú que consiste en vigas de acero que se parecen a tabas gigantescas en el medio de la carretera que lleva al aeropuerto de Sheremetyevo. Representan obstáculos para frenar tanques y marcan el punto de mayor penetración nazi en la ciudad. De allí no pasaron.