¿Lo uso o no lo uso? El mensaje político de los tapabocas

La decisión de usar o no un tapabocas está adquiriendo una connotación política, un pronunciamiento en la guerra cultural en torno a cuál es la mejor forma de combatir el coronavirus.

La decisión de usar o no un tapabocas está adquiriendo una connotación política, un pronunciamiento en la guerra cultural en torno a cuál es la mejor forma de combatir el coronavirus.

Si bien no ha alcanzado la magnitud de las gorras con la inscripción Make America Great Again (Devolvámosle su grandeza a Estados Unidos), los barbijos están pasando a ser un símbolo de la batalla entre quienes acatan las recomendaciones de las autoridades sanitarias de cubrir sus rostros y quienes piensan que se está violando su libertad o que se exagera el peligro de la pandemia.

La resistencia al uso de barbijos es impulsada por la misma gente que no ve con buenos ojos muchas de las restricciones impuestas a raíz del virus, incluidos Donald Trump -quien no usó un tapabocas el martes durante una visita a una fábrica de barbijos- y otros republicanos que no acatan las recomendaciones y cuestionan la efectividad de las mascarillas. Otro caso sonado de figura pública que se niega a usar barbijos y a imponer cuarentenas es el presidente brasileño Jair Bolsonaro.

Estas actitudes alarman a los expertos en momentos en que las sociedades se preparan para ir levantando las restricciones impuestas por la pandemia.

Hay una cultura del individualismo tan fuerte que, incluso si es para protegerlos, la gente no quiere que el gobierno les diga lo que deben hacer, comentó Linsey Marr, profesora de ingeniería de Virginia Tech con experiencia en la transmisión de virus.

El hecho de que no se sabe mucho del nuevo virus y de que se cambian constantemente las recomendaciones incide en el debate político. Las autoridades sanitarias dijeron en un primer momento que los barbijos no eran necesarios, en parte para combatir su escasez en los hospitales. Pero el mes pasado los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos empezaron a aconsejar su uso para evitar transmitir el virus a otros.

El que la gente acepte esa recomendación o no puede depender de sus puntos de vista políticos. Si bien otras medidas restrictivas como el distanciamiento social tienen apoyo generalizado, en Estados Unidos, por ejemplo, los demócratas son más proclives que los republicanos a usar barbijos al salir de sus casas, según una consulta de la Associated Press-NORC Center for Public Affairs Research. La división es más visible entre sectores demográficos que tienden a votar por los demócratas. La gente con estudios universitarios es más proclive a usar tapabocas que los que no los tienen, por un margen de 78% a 63%. Los afroamericanos son más proclives que blancos e hispanos (83%, 64% y 67%).

La excepción son los ancianos, un grupo particularmente vulnerable al virus. Un 79% de las personas mayores de 60 años dijeron que usan tapabocas, comparado con un 63% entre los menores de 60.

¿Quién sabe cuál es la verdad de los tapabocas?, preguntó el senador republicano Rand Paul, quien contrajo el virus y se repuso. El martes se presentó al Senado sin barbijo.

En el polo opuesto, el gobernador del estado de Nueva York Andrew Cuomo se pregunta: ¿Cómo puede ser que la gente no use barbijos? Para mí eso es una falta de respeto. ¿Pones en peligro a los demás porque no quieres usar un tapabocas?.

Los políticos de ambos partidos están conscientes del simbolismo político de los tapabocas y muchos estadounidenses acatan lo que dice el presidente.

Trump casi nunca usa barbijos y les ha dicho a sus asesores que cree que transmiten el mensaje equivocado, según un funcionario y dos miembros de la campaña reelectoral del mandatario que pidieron no ser identificados porque no estaban autorizados a hablar de conversaciones privadas en público. Trump piensa que podría dar la impresión de que está más preocupado con la salud que con la reactivación de la economía, algo que considera clave para sus posibilidades de reelección en noviembre.

Además, se sabe que Trump presta mucha atención a la imagen que transmite por televisión y les ha dicho a allegados que teme verse ridículo con una mascarilla y que sus rivales exploten eso.

Con él, es una cuestión de vanidad, supongo, dijo la presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi a MSNBC. Cualquiera pensaría que, como presidente, debería tener suficiente confianza como para acatar las recomendaciones que da al país.

El gobierno envía mensajes cruzados que desconciertan a sus propios partidarios. Personal de la Casa Blanca dice que Trump no les ha prohibido usar las mascarillas, pero pocos lo hacen. Dirigentes republicanos le han preguntado a la gente de Trump si caería mal en la Casa Blanca el que usasen tapabocas, según dos miembros del equipo de reelección que pidieron no ser identificados por no estar autorizados a hablar de conversaciones privadas.

La campaña de Trump, en tanto, ordenó tapabocas con alusiones al mandatario. Pero algunos asesores sospechan que Trump podría vetar su distribución más adelante.

El tema no genera interrogantes entre los demócratas, que apoyan unánimemente el uso de barbijos.

Pero es previsible que aumenten las tensiones a medida que se suavizan las restricciones y la gente empieza a salir de sus casas. Ya hubo un episodio inquietante en Michigan, donde una persona mató a tiros a otra en un negocio por una disputa sobre los barbijos.