A pesar de los avances científicos, 2020 se parece a 1918

paradójicamente por su buen sistema inmunológico.

paradójicamente por su buen sistema inmunológico.

Cuando esta gente se infectaba, sus anticuerpos iban tras el virus como soldados saliendo de las trincheras en los campos de batalla europeos.

El sistema inmune estaba arrojando todas las armas disponibles contra el virus, dijo Barry. El campo de batalla era el pulmón. El pulmón estaba siendo destruido en esa batalla".

Los soldados y marines jóvenes reunidos en los campamentos militares en Estados Unidos, se marcharon a Europa en barcos cargados de armas, lucharon codo con codo en las trincheras y regresaron a casa victoriosos ante unas multitudes que los adoraban. El costo humano fue enorme, tanto entre ellos como entre la gente a la que infectaron. La gripe española podría haberse llamado fácilmente la gripe del ejército o de la marina estadounidense. O la gripe alemana o británica.

Uno de los fallecidos en esa pandemia fue Friedrich Trump, el abuelo paterno de Donald Trump. Entre los que contrajeron la enfermedad y se recuperaron había líderes británicos, alemanes y estadounidenses de la guerra, así como los reyes de Gran Bretaña y España y Franklin Roosevelt, futuro presidente de Estados Unidos quien por entonces era subsecretario de la Marina.

Pero el costo humano fue mayor entre la gente de a pie y los pobres, hacinados en viviendas, tranvías y en sudorosas fábricas.

No todos podían seguir las palabras de Rupert Blue, cirujano general de Estados Unidos en 1918: Manténganse alejados de multitudes y de lugares abarrotados lo máximo posible (...) el valor del aire fresco a través de las ventanas abiertas no puede exagerarse. Hagan todo lo posible por respirar tanto aire puro como puedan".

Se estima que 675.000 estadounidenses murieron a causa de la pandemia, que se cree que infectó a un tercio de la población mundial.