Trump coquetea con teoría de que China liberó al virus

no están exentos del manejo de teorías endebles y del uso de la propaganda para desviar la atención de los problemas en su respuesta a la pandemia. China difundió previamente el rumor falso de que...

no están exentos del manejo de teorías endebles y del uso de la propaganda para desviar la atención de los problemas en su respuesta a la pandemia. China difundió previamente el rumor falso de que los estadounidenses fueron los que llevaron el virus.

Tanto Beijing como Washington malgastaron tiempo crucial en responder al brote.

Más de 3.000 personas se habían infectado antes de que el gobierno chino informara al público de las conclusiones a las que había llegado seis días antes: que probablemente se desencadenaría una pandemia.

Beijing ignoró las primeras señales de advertencia, al grado que se le aseguró a la población de que había bajo riesgo de un contagio sostenido entre seres humanos incluso cuando las personas infectadas comenzaban a ingresar a hospitales de todo el país y se registró el primer caso en el extranjero, en Tailandia.

El gobierno chino intentó culpar a Estados Unidos, copiando el hábito de Trump de llenar sus tuits con signos de exclamación. El ejército de Estados Unidos pudo haber traído la epidemia a Wuhan, tuiteó el portavoz del ministerio del Exterior de China, Zhao Lijian, el 12 de marzo. ¡Sean transparentes! ¡Difundan sus datos! ¡Estados Unidos nos debe una explicación! Subsecuentemente, China dejó de promover esa mentira a nivel internacional.

Estados Unidos, que también tardó en tomar en serio la amenaza, se ha rezagado respecto a otros países en su respuesta a la pandemia.

Trump no cumplió con sus promesas iniciales de hacer análisis masivos, un factor clave en la contención de la enfermedad. Estados Unidos aún tiene problemas para abastecer a hospitales, trabajadores de salud y pacientes con necesidades en un ambiente de confusión que está transformándose en un caos. Más de 640.000 personas han enfermado de COVID-19 en el país, sin contar la enorme cifra de casos que no han sido registrados, y más de 31.000 han muerto.

En ese contexto, existe demasiada presión para encontrar un chivo expiatorio.

Después de semanas de enormes elogios al desempeño del presidente chino Xi Jinping durante la pandemia, Trump ha recurrido a culpar a China y a suspender las contribuciones de Washington a la Organización Mundial de la Salud, a la que acusó de repetir la desinformación proveniente de Beijing.

En Estados Unidos, los alegatos de que el virus fue creado o liberado en un laboratorio chino surgieron apenas semanas después de que el brote comenzó, y se esparcieron rápidamente desde los sitios marginales de internet hasta el público en general, avivadas por los teóricos de conspiraciones de todas las estirpes.

La realidad es mucho más simple, asegura el doctor Gregory Poland, director de investigación de vacunas en la Clínica Mayo en Rochester, Minnesota.

El virus es un coronavirus típico de los murciélagos que ha desarrollado la capacidad de infectar a otros mamíferos, y los murciélagos también son mamíferos, comentó. Lo que está haciéndose evidente es que el origen natural de esto encaja con las dinámicas de contagio y la biología de todo ello.

Sea lo que sea que piensen sobre la idea de una filtración en un laboratorio, los funcionarios de Trump no han acogido la descabellada teoría de que China pudo haber creado o liberado el virus por medio de ingeniería genética o con malas intenciones.

No tengo mucha fe de que ellos estén siendo sinceros con nosotros, dijo el secretario de Defensa Mark Esper el jueves en el programa Today de NBC. Sin embargo, una gran mayoría de las posturas actuales indican que es natural, que fue orgánico.

Y es una especie de distracción en un país que está haciendo frente al peligro actual, pareció insinuar.

Una vez que superemos la pandemia tendremos oportunidad de mirar hacia atrás y descubrir realmente qué ocurrió, afirmó.

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Los periodistas de The Associated Press Dake Kang en Beijing, Matthew Lee en Washington, David Klepper en Providence, Rhode Island, Amanda Seitz en Chicago y Malcolm Ritter y Beatrice Dupuy en Nueva York contribuyeron con este despacho.