Bodega de NY teme tener que cerrar por coronavirus

Los estantes están llenos y hay café fresco en la tienda de comestibles Deli-licious.

Los estantes están llenos y hay café fresco en la tienda de comestibles Deli-licious.

Solo falta los clientes. Los oficinistas que vienen a desayunar o almorzar, los vecinos que quieren tomar o comer algo rápido.

En estos días de coronavirus y confinamiento, esta es una ciudad fantasma, dice Alex Batista, de 28 años, propietario de la bodega de Glendale, Queens, junto con su hermano Eudis. Ambos son dominicanos.

No tenemos la clientela habitual, dice Alex. Simplemente tratamos de seguir abiertos, de ayudar a la comunidad.

Conservan un grupo seguro de clientes: Los empleados de las funerarias. Vienen mucho. Tienen mucho trabajo, lamentablemente, señala Alex.

Está abiertos solo de las 07.00 a las 18.00 y redujeron las horas de trabajo de sus empleados.

Mantienen distancia de los pocos clientes que reciben y, si son conocidos, se tocan los codos en lugar de darse las manos.

El gato, personaje de toda bodega neoyorquina, se pasea a sus anchas por el local, sin que nadie lo moleste.

Son tiempos duros para los Batista, quienes vinieron a Nueva York de niños de la República Dominicana y vieron cómo su padre manejaba una bodega.

Me gusta estar ocupado, dijo Alex. Generalmente se levanta a las 05.30 y llega al negocio a las 06.30 para abrirlo. Luego va al gimnasio y visita a los proveedores.

Ahora me voy a casa y veo las noticias. Te da dolor de cabeza ver las noticias. Siempre lo mismo, una y otra vez, agregó.

Señaló que en la primera semana de confinamiento las ventas bajaron un 60%. Dos semanas después, levantaron un poco por las entregas a domicilio, pero no lo suficiente.

Si las cosas no mejoran, no sobrevivirán, dijo Alex.

Tres o cuatro meses más de esto y se acabó, tendremos que cerrar, se lamentó. Por ahora, tratamos de mantenernos a flote y de ver qué pasa.

Esperemos que lo peor haya pasado.