México endurece el mensaje contra el coronavirus

En poco más de una semana, México ha pasado de ver a su presidente dando besos y abrazos en sus giras a escuchar el primer llamado duro y contundente del gobierno para que la gente se quede en casa.

En poco más de una semana, México ha pasado de ver a su presidente dando besos y abrazos en sus giras a escuchar el primer llamado duro y contundente del gobierno para que la gente se quede en casa.

El mensaje parece claro: la oportunidad de contener el avance del coronavirus en el país es ahora o nunca.

Hacemos un llamado enérgico, enfático, inconfundible a quedarnos en casa, dijo este fin de semana el subsecretario Hugo López-Gatell, el portavoz del gobierno en la crisis. Esto es impostergable, es nuestra última oportunidad de hacerlo y hacerlo ya, agregó con un rostro más serio que nunca.

Y añadió que el gobierno no quiere tomar medidas como el estado de excepción o la suspensión de garantías constitucionales por las que han optado otros países, aunque no las descartó.

Todas las posibilidades están y el marco legal de México lo contempla, pero quisiéramos no llegar a ese punto porque, además, si llegamos a ese punto es porque es demasiado tarde, señaló.

México pasó a un punto de inflexión el 23 de marzo, cuando tenía poco más de 350 contagiados y el gobierno lanzó su campaña de mantener la sana distancia. Sólo cuando los casos confirmados superaron los 800, este fin de semana, y la curva de la epidemia comenzaba a ascender de forma exponencial, se notó un cambio de tono en las autoridades federales.

Falta ver, sin embargo, cuánto tarda en calar en la población ese mensaje.

La actividad general solo se ha reducido un 30%, un porcentaje totalmente insuficiente según el gobierno. En la capital, grandes avenidas y zonas acomodadas estaban casi desiertas este fin de semana, pero se mantenían muchos mercados callejeros sobre todo en las zonas más populares de la megalópolis.

Los políticos, ¿qué solución o qué opciones dan?, se preguntaba Susana Ruiz, una comerciante que trabaja junto con toda su familia cada día en un mercado distinto de Ciudad de México. ¿Y qué hace uno? ¿van a decir ya no salgan?, agregó el domingo, mientras esperaba a clientes en su puesto de verdura en un tianguis al norte de la capital y tras asegurar que gente como ellos no se pueden permitir estar en cuarentena.

Desde hace semanas, al gobierno mexicano y sobre todo al presidente Andrés Manuel López Obrador les llueven las críticas por mantener medidas consideradas demasiado laxas ante el COVID-19 mientras gobierno locales y estatales, el sector privado o la propia sociedad se les adelantaban poniendo en marcha cuarentenas voluntarias, suspendiendo la producción en fábricas o parando actividades y pidiendo el aislamiento.

López Obrador argumentó que su prioridad es pensar en los más vulnerables y recordó que millones de mexicanos viven al día y por eso no podía pararse toda la economía. No obstante, el viernes por la noche, en un mensaje a la nación, pidió redoblar el sacrificio y la obediencia para poder combatir el virus porque si no, advirtió, hay riesgo de que los hospitales colapsen.

En la mayoría de las personas, el COVID-19 provoca síntomas leves o moderados pero que puede ser grave e incluso provocar la muerte en adultos mayores y gente con trastornos previos, como la diabetes o la obesidad, males muy extendidos en el país.

Analistas internacionales han alertado que en muchos países el número de contagios puede ser mucho mayor del que sus gobiernos reconocen porque no se hacen las suficientes pruebas y aunque el gobierno mexicano asegura que no oculta datos es indudable que muchos mexicanos de los sectores más desprotegidos solo acudirán al médico si los síntomas son graves.

El coronavirus ha llegado ya a la elite política y económica mexicana -dos gobernadores, el de Hidalgo (centro del país) y el de Yucatán (al sureste) dieron positivo, así como empresarios o legisladores-, y aunque el presidente estuvo hace días con alguno de ellos, López-Gatell descartó que el mandatario se fuera a hacer las pruebas porque no tiene ningún síntoma.

Más de la mitad de los trabajadores mexicanos están en el sector informal, un 48% viven en la pobreza y un porcentaje casi igual, según datos oficiales, pasan sin acceso diario al agua.