EEUU acusa a presidente venezolano Maduro de narcoterrorismo

que de por sí ya era complicada, dijo Roberta Jacobson, quien se desempeñó como la diplomática de mayor rango del Departamento de Estado para América Latina hasta 2018.

que de por sí ya era complicada, dijo Roberta Jacobson, quien se desempeñó como la diplomática de mayor rango del Departamento de Estado para América Latina hasta 2018.

Maduro, un exconductor de autobús de 57 años, se describe a sí mismo como un ícono de la izquierda latinoamericana. Desde hace tiempo ha acusado al imperio estadounidense de buscar cualquier excusa para asumir el control de las mayores reservas petroleras del mundo, comparando su conspiración con la invasión a Panamá en 1989 para derrocar al general Manuel Antonio Noriega y que enfrentara cargos por tráfico de drogas en Florida.

Barr y Elliott Abrams, enviado especial del Departamento de Estado para Venezuela, comandan la rígida postura estadounidense contra Maduro, de manera muy similar a como propugnaron por el derrocamiento de Noriega a finales de la década de 1980: Barr como un alto funcionario del Departamento de Justicia y Abrams como subsecretario de Estado para Latinoamérica.

Funcionarios estadounidenses también ven otras similitudes. Noriega transformó a Panamá en un paraíso para los violentos cárteles del narcotráfico internacional, mientras que el gobierno de Trump ha acusado a Maduro y a sus aliados de las fuerzas armadas de albergar a narcotraficantes, guerrilleros colombianos e incluso al Hezbollah, designado como grupo terrorista.

También han acusado a funcionarios gubernamentales y a empresarios bien relacionados de robar cientos de miles de millones de dólares de las arcas estatales, en su mayoría de la petrolera estatal PDVSA, que registra su producción más baja en siete décadas.

De cualquier forma, acusar a Maduro no fue sencillo. Por lo general, los líderes extranjeros en funciones gozan de inmunidad judicial de acuerdo con las leyes estadounidenses y las normas internacionales.

Pero Estados Unidos es uno de 60 países que ya no considera a Maduro como jefe de Estado, a pesar de que permanece en el poder. En su lugar, reconocen a Guaidó, líder de la Asamblea Nacional, como el mandatario legítimo de Venezuela después de que la reelección del socialista en 2018 se vio manchada por acusaciones de fraude y por un boicot opositor.

La evidencia contra Maduro se recabó a lo largo de varios años por investigadores en Miami, Nueva York, Houston y Washington, quienes presentaron los cargos por narcotráfico, soborno internacional y lavado de dinero en contra de altos funcionarios venezolanos, miembros de las fuerzas armadas y empresarios vinculados al gobierno.

Muchas de esas investigaciones se han centrado en PDVSA, que es la fuente de prácticamente todos los ingresos por exportaciones en Venezuela. Estados Unidos sancionó el año pasado a la paraestatal petrolera, prohibiéndoles a los estadounidenses realizar acuerdos comerciales con la compañía.

Pero, para sorpresa de muchos, Maduro, quien fue elegido personalmente por Chávez como su sucesor, se ha aferrado al poder, resistiendo meses de manifestaciones callejeras el año pasado e incluso un levantamiento militar respaldado por Estados Unidos, mientras millones de venezolanos huyen del país a causa de la hiperinflación y la escasez generalizada de alimentos.

Al disiparse el apoyo de Guaidó en las calles, el gobierno de Trump subió la apuesta hacia finales del año pasado, al retirar su apoyo a las labores de mediación en Noruega y extender las sanciones para que incluso las compañías extranjeras sufrieran represalias por ayudar a Maduro.

Por separado y en un llamado similar al del senador republicano Marco Rubio, Barr priorizó las investigaciones al círculo de allegados de Maduro, según dos personas que hablaron bajo condición de anonimato a fin de revelar las discusiones internas del Departamento de Justicia.

La presión por actuar, según las fuentes, se desbordó más o menos al mismo tiempo que Guaidó visitó Washington en febrero pasado, cuando Trump lo elogió en el discurso del Estado de la Unión al llamarlo un hombre muy valiente, que lleva consigo las esperanzas, sueños y aspiraciones de todos los venezolanos.

Pero la pandemia de coronavirus aplazó el anuncio, programado originalmente para el 16 de marzo, según las fuentes.

Posiblemente el virus cause mayores distracciones en Washington y amenace con dividir a los opositores, algunos de los cuales han mostrado disposición para trabajar con Maduro para poner fin a la crisis de salud. También podría dar nueva vida al llamado de Maduro para que Estados Unidos relaje sus sanciones, una idea con la que simpatizan varios aliados europeos.

Frank Mora, un exfuncionario del Pentágono, dijo que Estados Unidos está en lo correcto por condenar a Maduro y a otras personas por reprimir al pueblo, robar de las arcas del gobierno y convertir a Venezuela en un estado criminal.

Pero le preocupa que las acusaciones sean más para llegar a los votantes latinos en Florida que para ayudar a atender la devastadora crisis en el país sudamericano.

No vamos a ir allá a capturarlo, dijo Mora, quien actualmente encabeza el instituto de estudios sobre Latinoamérica de la Universidad Internacional de Florida. Esto no es sobre un cambio de régimen o restaurar la democracia en Venezuela. Es sobre política electoral.

La arraigada división política en Venezuela quedó de manifiesto el jueves en las calles de Petare, un extenso barrio a las afueras de Caracas.

Un vendedor ambulante y férreo simpatizante de Maduro, Juvenal Montilla, de 60 años, dijo que las acusaciones estadounidenses eran sólo otro peligroso paso por parte de Trump.

Estamos cansados ya de que Estados Unidos se esté metiendo a los países de todo el mundo sin que nadie le diga nada, dijo Montilla.

En cambio, Gregorio Velásquez, un taxista de 40 años, dijo que estaría a favor de Estados Unidos o de cualquiera que pueda poner fin a todos estos años de gobierno socialista.

No hay agua, no hay luz, no tienes comida. ¿Cómo sobrevive el venezolano en este mundo?, se preguntó mientras hacía fila para cargar gasolina. Maduro tiene que salir de inmediato.

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Smith reportó desde Caracas. Los periodistas de Associated Press Jim Mustian en Nueva York y Michael Balsamo y Matthew Lee en Washington contribuyeron a este despacho.