Europa sopesa rastrear movimientos para detener epidemia

Gran Bretaña, Alemania e Italia están evaluando herramientas poderosas e invasivas para lo que los epidemiólogos llaman rastreo de contactos, el mapeo de las interacciones personales que pudieran p...

Gran Bretaña, Alemania e Italia están evaluando herramientas poderosas e invasivas para lo que los epidemiólogos llaman rastreo de contactos, el mapeo de las interacciones personales que pudieran propagar el coronavirus.

Estas aplicaciones utilizarían datos de los teléfonos celulares en tiempo real para detectar a los portadores del virus y a la gente a la que podrían haber infectado.

Eso les preocupa a los defensores de la privacidad, que temen pueda abusarse de una vigilancia ubicua si no hay una supervisión cuidadosa, con consecuencias potencialmente graves para las libertades civiles.

Estos son tiempos difíciles, pero no exigen el uso de tecnologías no probadas, afirmó un grupo de activistas, en su mayoría británicos, en una carta abierta dirigida al Servicio Nacional de Salud del país. Señalaron que medidas así ponen en riesgo los derechos humanos y podrían no funcionar.

Las nuevas herramientas representarían un alejamiento sustancial de las prácticas europeas actuales para vigilar enfermedades, que se han enfocado en rastrear los movimientos de las personas con datos agregados de ubicación telefónica diseñados para no identificar a los individuos. La policía italiana también comenzó a utilizar drones el lunes para hacer que la gente respete las restricciones de movimiento.

Pero hay un poderoso argumento en favor del uso de herramientas digitales de mayor alcance, incluso si violan la privacidad: han sido utilizadas por varios de los gobiernos asiáticos que han tenido más éxito en contener la pandemia a nivel local, como China, Taiwán, Hong Kong, Corea del Sur y Singapur.

La semana pasada, Israel tomó la medida más invasiva hasta la fecha al encargarle a su agencia de seguridad interna Shin Bet el uso del seguimiento a los celulares con el fin de rastrear no sólo los movimientos de los portadores del virus, sino sus desplazamientos durante las dos semanas previas, para identificar posibles contagios.

Hasta ahora no hay indicios de que el gobierno estadounidense planee rastrear a individuos identificables con el fin de dar seguimiento a enfermedades. La Casa Blanca se ha puesto en contacto con las principales empresas tecnológicas con el fin de que le presten ayuda en la peor pandemia en un siglo, pero Google y Facebook le dijeron a la AP que no comparten los datos de localización de las personas con gobiernos.

Las aplicaciones de rastreo de contactos que algunos gobiernos europeos están sopesando usar irían mucho más allá de lo que esos gobiernos están obteniendo actualmente de las compañías telefónicas para identificar brotes de enfermedades y concentraciones de personas.

Las autoridades en el epicentro del brote en Italia han estado utilizando los datos para destacar dónde está ignorando la gente las órdenes de permanecer en casa. Los datos recolectados para las autoridades italianas en la golpeada región norteña de Lombardía, por ejemplo, aparentemente no les permiten identificar a los individuos. Pero sí mostraban que el movimiento allí disminuyó 30% el fin de semana.

Aunque la mayoría de las democracias cuentan con salvaguardas para proteger la privacidad digital, el peligro que representa el coronavirus podría obligar rápidamente a las autoridades a ignorarlas.

El Supervisor Europeo de Protección de Datos respaldó cautelosamente el viernes hacer una pausa en el respeto a la vida privada durante esta emergencia de salud pública, diciendo que las normas de protección de datos del bloque de 28 naciones no obstaculizan las medidas tomadas para combatir la pandemia. Los Estados individuales pueden invalidarlas con leyes de emergencia siempre y cuando ello constituya una medida necesaria, apropiada y proporcional dentro de una sociedad democrática.

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Los corresponsales de la AP Nicole Winfield en Roma, Kelvin Chan en Londres, Ilan Ben Zion en Jerusalén, Tong-hyung Kim en Seúl y Frank Jordans en Berlín contribuyeron a este despacho.