Mujeres zapatistas se reúnen en el sur de México

Más de 3.000 mujeres acudieron el fin de semana a un enclave zapatista autónomo en el estado de Chiapas para unirse contra el patriarcado, la violencia y el capitalismo.

Más de 3.000 mujeres acudieron el fin de semana a un enclave zapatista autónomo en el estado de Chiapas para unirse contra el patriarcado, la violencia y el capitalismo.

Los zapatistas han ejercido el autogobierno en una amplia franja del estado más sureño de México desde que se levantaron en armas en pro de mayores derechos para los indígenas en enero de 1994. El gobierno del presidente Carlos Salinas de Gortari negoció una tregua hace más de 25 años, y con el tiempo los insurgentes han adoptado otras causas de resistencia civil.

Este Segundo encuentro internacional de mujeres que luchan, de cuatro días, fue inaugurado por una zapatista que se hace llamar Comandanta Amada.

Parece sencillo de decir, pero lo sabemos bien, que ya hay muy pocos lugares en el mundo en donde podamos estar contentas y seguras. Por eso estamos aquí, porque nos trae nuestro dolor y nuestra rabia por la violencia que sufrimos las mujeres por el delito de que somos mujeres, afirmó Amada en un discurso inaugural. Usualmente los zapatistas no proporcionan su nombre completo por seguridad.

Vestidas con camisas cafés, pantalones verdes y pasamontañas, su imagen ha sido admirada desde hace tiempo en ciertos círculos activistas. Algunas mujeres vigilaban la puerta de acceso con arcos y flechas, una imagen militarizada, pero algo anticuada, de un movimiento que ha seguido atrayendo la atención internacional.

A la reunión acudieron mujeres de lugares lejanos, incluyendo Argelia y Siberia, afirmó el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en un comunicado. Las asistentes durmieron en campamentos de tiendas erigidas entre las montañas selváticas de los alrededores. Hablaron ante multitudes de cientos de personas acerca de la violencia que han enfrentado en sus comunidades, incluyendo abusos en su niñez y migración forzada. En las horas de esparcimiento participaron en clases de baile, talleres de bordado y de defensa personal.

Estamos viendo la fuerza de las mujeres que se levantan con permanencia para reivindicar sus derechos, y no desde un discurso neoliberal, pero como pertenecientes de esta tierra, como cuidadoras de este territorio. Es un ejemplo de rebeldía para el resto de Latinoamérica, dijo Alba Vanegas, de 27 años, trabajadora social de La Sabana de Bogotá, que trabaja con víctimas del conflicto armado colombiano.