India restringe la libertad religiosa en Cachemira

Por años, las mañanas de Romi Jan comenzaron con el llamado a rezar desde una mezquita del centro de la ciudad más grande de Cachemira. La voz que surgía de los altoparlantes le llegaba al alma y ...

Por años, las mañanas de Romi Jan comenzaron con el llamado a rezar desde una mezquita del centro de la ciudad más grande de Cachemira. La voz que surgía de los altoparlantes le llegaba al alma y la hacía sentir más cerca de Dios.

Ya no escucha ese llamado. Desde hace casi cuatro meses, la voz que convocaba a rezar cinco veces al día desde los minaretes de Jamia Masjid y se escuchaba en todo Srinagar no se ha hecho sentir como resultado de las medidas de seguridad tomadas por la India en esta región de mayoría musulmana.

El cierre de la mezquita es una agonía incesante para mí y para mi familia, dijo Jan. No lo soporto. Pero estoy indefensa.

Ya de por sí una de las regiones más militarizadas del mundo, a mediados de año la India empezó a emplazar más soldados en su lado de Cachemira, que está dividida entre la India y Pakistán, los cuales se disputan la totalidad de este territorio. Los indios adoptaron severas medidas de seguridad y redujeron los derechos civiles, detuvieron a miles de personas, suspendieron el acceso a la internet y los servicios telefónicos y cerraron importantes mezquitas.

Todo esto preparó el terreno para que el gobierno indio encabezado por nacionalistas hindúes anunciase el 5 de agosto que retiraba el status semiautónomo de Cachemira. La medida fue condenada por los musulmanes de la zona, la mayoría de los cuales quieren la independencia o pasar a ser parte de Pakistán. El gobierno dijo que las restricciones eran necesarias para contener protestas y episodios de violencia.

Si bien algunas de las medidas fueron suavizadas, varias mezquitas y altares musulmanes siguen cerrados o tienen acceso limitado. Los musulmanes dicen que esto socava su derecho constitucional a la libertad religiosa y lo único que hace es aumentar el rechazo a la India.

La centenaria mezquita Jamia Masjid, de ladrillo y madera, es una de las más viejas de esta ciudad de 1,2 millones de habitantes, el 96% de los cuales son musulmanes. Cuando está abierta, miles de personas van a rezar.

Romi llevaba todos los días a sus dos hijos y se sentaba adentro del complejo mientras ellos jugaban.

Me olvidaba de todas mis penas allí, aseguró.

Ahora sus hijos le preguntan por qué no pueden ir a la mezquita y ella no sabe qué responder.

Abro la ventana de mi casa que da a la mezquita y les muestro a mis hijos los soldados apostador afuera, dijo Romi.

El que los indios la emprendan contra las mezquitas no es extraño. Los sermones de los viernes en la mezquita giran mayormente en torno al conflicto de Cachemira y en los barrios aledaños tienen lugar generalmente protestas en las que se tira piedras contra las fuerzas del gobierno.

Los indios prohibieron las oraciones en la mezquita por períodos prolongados durante levantamientos en el 2009, el 2010 y el 2016. Documentos oficiales indican que la mezquita estuvo cerrada al menos 250 días en esos tres años.

Mohammad Yasin Bangi, un septuagenario que llama a rezar desde la mezquita desde hace al menos 55 años, dijo que nunca había visto tantas restricciones como ahora.

En el pasado a veces nos permitían realizar las oraciones de la noche. Pero esta vez, nada, expresó. El cierre de la mezquita no nos da paz. Es una tortura espiritual.

La constitución de la India contempla la libertad religiosa. Pero expertos afirman que ya antes de la actual operación en Cachemira la situación de los musulmanes era muy mala bajo el gobierno del Partido Bharatiya Janada del primer ministro Narendra Modi, que llegó al poder en el 2014 y fue reelegido en forma abrumadora en mayo.

En agosto la Organización de Cooperación Islámica expresó preocupación por las medidas tomadas en Cachemira y pidió a la India que garantice la libertad de culto de los musulmanes.

Las restricciones en curso, que impiden también las concentraciones de gente en altares musulmanes y los festivales religiosos, son particularmente mortificantes para los musulmanes de Cachemira, que se quejan de que al gobierno restringe su libertad religiosa con el pretexto de mantener el orden al tiempo que auspicia un peregrinaje anual hindú a Amarnath, en Cachemira, que atrae a cientos de miles de personas.

Sheikj Showkat, profesor de derecho internacional y derechos humanos en la Universidad Central de Cachemira, dijo que esa actitud deja en claro que el gobierno ya no es imparcial en el ámbito religioso.

No es un buen presagio para la paz, manifestó. Radicalice más a la gente o no, sin duda enfurece a la población de Cachemira. Y puede convertirse en una bola de nieve que moviliza al pueblo contra el estado.

Syed Mohammed Tayib Kamili encabeza las oraciones anuales de Khanqah Naqashband desde 1976. Pero las autoridades indias suspendieron el encuentro del mes pasado.

Fue la primera vez en los 399 años de historia del altar que se suspenden las oraciones, según Kamili.

No solo violaron la constitución, expresó, sino que también provocaron la ira del poder divino.

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El reportero de la Associated Press Sheikh Saaliq colaboró en este despacho.

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Aijaz Hussain está en twitter.com/hussain_aijaz