Treintañeros enfrentan alto riesgo ante futuro del DACA

Karina Ruiz tiene una vida profundamente arraigada en Phoenix: tres hijos y dos nietos, un empleo adicional vendiendo viviendas, días ajetreados de llevar a los chicos a la escuela y otras actividade...

Karina Ruiz tiene una vida profundamente arraigada en Phoenix: tres hijos y dos nietos, un empleo adicional vendiendo viviendas, días ajetreados de llevar a los chicos a la escuela y otras actividades, un horario de trabajo lleno de reuniones.

Ruiz, de 35 años, sabe que poco de esto sería posible si no se hubiera inscrito en un programa del gobierno del presidente Barack Obama que permite trabajar a los inmigrantes que fueron llevados a Estados Unidos siendo niños y los ampara de la deportación.

La Corte Suprema escuchará el martes los argumentos sobre el intento del presidente Donald Trump de cancelar el programa, y los riesgos son particularmente altos entre la generación mayor de beneficiados del programa Acción Diferida para los llegados en la Infancia (DACA por sus siglas en inglés).

A menudo se piensa que las personas acogidas por el DACA son estudiantes universitarios, pero a medida que ha avanzado el tiempo desde la puesta en marcha de esa política hace siete años, los beneficiarios también han aumentado de edad.

Alrededor de 18% de las 669.000 personas inscritas en el DACA ya tienen al menos 31 años.

Conforme esas personas se vuelven mayores, aumenta su arraigo en Estados Unidos. Tienen hijos, carreras florecientes, hipotecas, vehículos que están pagando y otras responsabilidades financieras que vienen adosadas a la edad de treinta y tantos años. Algunos de ellos se autodenominan en broma los Dreamers más viejos.

Somos mucho más que simples estudiantes, y a medida que crecemos y nos volvemos adultos, lo habitual es que las responsabilidades nos acompañen con la edad, afirmó Ruiz. Me pregunto quién va a ayudar a mis niños a hacer la tarea. ¿Quién los va a llevar al campamento de verano o a organizar sus cumpleaños? Todas esas cosas me preocupan.

Los inmigrantes confían en que el caso en la Corte Suprema ponga fin a un largo periodo de indefinición legal.

A principios de la década de 2000, los inmigrantes que llegaron a Estados Unidos siendo niños y educados en escuelas estadounidenses con la visión estadounidense exigieron una solución legislativa a su complicada situación.

El primero de varios intentos para corregir el problema fue la Ley para el Desarrollo, Asistencia y Educación para Menores Extranjeros (DREAM por sus siglas en inglés), impulsada en 2001 por dos senadores, uno republicano y otro demócrata. La iniciativa fracasó al igual que otros más de 10 intentos para aprobar leyes similares durante tres gobiernos.

En 2012, frente a las incesantes exigencias de activistas jóvenes, el presidente Barack Obama anunció la creación del DACA. La medida se limitó a personas de entre 15 y 30 años, y a aquellos que asistían la secundaria o se graduaron de ese nivel de estudios y que no tuvieran antecedentes penales.

El presidente Obama después intentó ampliar las protecciones a personas menores y a padres de beneficiarios del DACA, pero las cortes lo impidieron.

El 15 de septiembre de 2017, cuando el gobierno de Trump anunció la cancelación del programa se desató una cadena de impugnaciones judiciales que culminarán en la Corte Suprema. Se prevé una decisión para la primavera.

El DACA continúa vigente sólo para las personas que inscritas antes de que Trump decidiera cancelarlo.

Si la Corte Suprema da la razón al gobierno de Trump, las vidas de los beneficiarios del DACA volverán al tipo de limbo que tenían antes del programa.