Evo Morales descarta sacar a militares tras motín policial

El Ministro de Defensa de Bolivia descartó en este momento una intervención militar tras un motín de policías que se extendía el viernes en la noche en medio de protestas sociales en todo el paí...

El Ministro de Defensa de Bolivia descartó en este momento una intervención militar tras un motín de policías que se extendía el viernes en la noche en medio de protestas sociales en todo el país.

La situación se registró como consecuencia de los resultados de las polémicas elecciones del 20 de octubre, en las que el presidente Evo Morales se declaró triunfador en medio de señalamientos de un posible fraude.

No se hará ninguna operación militar en este momento. Está descartado, declaró a la prensa el ministro Javier Zabaleta, tras una reunión de emergencia que convocó el mandatario tras un motín que inició un grupo de policías en la ciudad de Cochabamba. De la reunión participó el Alto Mando Militar, que esta semana emitió un comunicado manifestando que las Fuerzas Armadas velarán por el mantenimiento de la democracia y la unidad del pueblo boliviano.

El comunicado no mencionó un apoyo al gobierno de Morales.

Zabaleta reconoció que el motín policial se dio en algunos departamentos (regiones). Estamos viendo cuál es el malestar, dijo.

En tanto, centenares de ciudadanos y opositores se aglomeraban el viernes en la noche frente a cuarteles policiales en varias ciudades del país para presionar a los policías que sigan el ejemplo de un grupo de agentes que más temprano se amotinó en la tercera semana de protestas sociales en el país.

Televisoras mostraron a 18 policías con casco y pasamontañas en el techo del cuartel de la Unida Táctica de Operaciones Policiales (UTOP). Agitaban banderas y entonaban el himno nacional ante numerosa gente que los aplaudía desde una avenida en la ciudad de Cochabamba en el centro del país.

Más policías en otras ciudades se replegaban a sus cuarteles sin hacer declaraciones, según las imágenes de televisoras. En la ciudad sureña de Sucre, el suboficial Edgar Ticona, declaró a medios de prensa que están esperando instrucciones. Lo que se disponga a nivel nacional, vamos a someternos, dijo ante una concentración de gente que pedía que se amotinen.

Morales convocó de inmediato a sus ministros y al Alto Mando Militar para analizar la situación. Fuera de la casa de gobierno había menos resguardo policial que otros días mientras se aproximaba un grupo de manifestantes.

Pero a diferencia de días anteriores, cuando las calles aledañas al palacio presidencial fueron escenario de choques entre policías y manifestantes, el viernes las protestas eran más pacíficas frente al cordón policial.

El comandante de la Policía, general Yuri Calderón, dijo que no hay un motín policial y que el caso de Cochabamba fue aislado porque allí los agentes pidieron la renuncia del comandante que ya fue relevado. Hay normalidad en el resto del país y esperamos que los servicios sean retomados, dijo en declaraciones a la prensa.

Minutos después, policías de Santa Cruz, bastión opositor, colocaron un cartel en el frontis de su cuartel anunciando que estaban amotinados.

En los últimos días, policías de base declararon que desde el estallido de los conflictos, están acuartelados sin condiciones suficientes para cumplir sus tareas.

Opositores han cuestionado a la policía por no actuar preventivamente para evitar los violentos choques entre opositores y oficialistas que han cobrado hasta ahora tres muertos y más de cien heridos y han criticado que intervienen sólo en casos extremos.

En Cochabamba, donde se inició el motín, manifestantes opositores quemaron la sede de los cocaleros del Chapare, el reducto de Morales. El pasado miércoles, los cocaleros que respaldan al mandatario llegaron desde sus regiones a esa ciudad para enfrentar a los bloqueadores opositores.

También en La Paz, el líder cívico Luis Fernando Camacho aumentaba su presión sobre el Morales, a quien pide su renuncia bajo la acusación de fraude electoral. El dirigente fue ovacionado por centenares de ciudadanos y activistas opositores el viernes, que apoyaban su decisión de entregar al gobernante una carta de dimisión tras las tres muertes de opositores en tres semanas de protestas.

Camacho articula apoyo con organizaciones sociales y sindicales opositoras. La víspera fue ovacionado por cocaleros rebeldes al mandatario.

Este abogado y empresario de 43 años, presidente del influyente Comité Cívico de Santa Cruz, desconocido hasta hace unos meses, pasó a liderar las mayores protestas contra el mandatario y está articulando a más sectores descontentos. Líderes políticos opositores han sido relegados a un segundo plano.

No nos vamos a mover (de La Paz) hasta que nos reciba el propio presidente... La carta es el sentimiento de todos, exigió Camacho y anunció que el lunes llevara la carta acompañado de gran movilización.

Hasta hace una semana, Camacho era considerado un jugador de ligas menores, pero captó al atención del país cuando el sábado pasado desafío el poder de Morales, le exigió la renuncia y le dio 48 horas. Llegó el lunes a La Paz para entregar la carta en medio de manifestaciones de apoyo y el rechazo de seguidores del mandatario.

Más temprano, Morales aseguró que no renunciará y acusó a los opositores de confabular para derrocarlo. No voy a renunciar, dijo en un acto púbico y convoco a todos los movimientos sociales que lo respaldan a defender nuestro proceso de cambio.

Desde los comicios del 20 de octubre, el país vive en convulsión social con multitudinarias marchas y manifestaciones callejeras en contra y a favor del mandatario que aún mantiene un importante apoyo sobre todo en sectores rurales indígenas y en barriadas.

Tras 14 años en el gobierno, Morales llegó con la popularidad mermada a los comicios para optar por un cuarto mandato. Escándalos de corrupción, su afán de reelegirse a pesar de un referendo que le negó esa posibilidad y acusaciones de autoritarismo, debilitaron su capital político a pesar de su buena gestión económica que condujo al país hacia el crecimiento con baja inflación.

Una comisión de la OEA realiza una auditoria electoral cuyo resultado se conocerá la próxima semana. Algunos grupos movilizados apuestan a que ese informe pueda apaciguar la tensión, pero otros son escépticos.

Hasta ahora las posiciones están atrincheradas con discursos virulentos de uno de otro lado. La Iglesia Católica ofreció su mediación.