Bailarín Carlos Acosta: El racismo sigue latente en Cuba

Un bailarín cubano de raza negra que triunfa en las tablas de Europa y Estados Unidos suena a cuento de hadas, pero en Yuli: Al ritmo del corazón se puede sentir, y casi oler, la sangre, el sudor y ...

Un bailarín cubano de raza negra que triunfa en las tablas de Europa y Estados Unidos suena a cuento de hadas, pero en Yuli: Al ritmo del corazón se puede sentir, y casi oler, la sangre, el sudor y lágrimas que le costó a Carlos Acosta desarrollar su talento y no renunciar a la danza.

La película, que llegó el viernes a los cines de México, se basa en su autobiografía Sin mirar atrás, publicada en 2007.

Esa honestidad viene de ahí, del libro, dijo Acosta en una entrevista telefónica con The Associated Press sobre su historia, que comenzó a escribir a finales de la década de 1990 sin pensar en publicarla. Solo lo hizo porque le hacía falta escribir, explicó desde Inglaterra, donde reside.

A lo largo de su carrera, Acosta, de 46 años, ha sido primer bailarín del Ballet Nacional de Cuba y del Ballet de Houston, así como principal artista invitado del Ballet Real del Reino Unido. En enero comenzará a fungir como director del Ballet Real de Birmingham.

Yuli, que debutó el año pasado en el Festival de Cine de San Sebastián, cuenta por medio de narración y coreografías momentos clave de la vida del artista, como el dolor por la soledad en su carrera, la fama y el éxito en el extranjero, o la violencia que aguantó de su estricto padre.

Acosta no podía asumir el papel de coreógrafo para el filme debido a sus compromisos profesionales, de modo que la catalana Maria Rovira fue la encargada de ayudar a contar la historia, bajo la dirección de la cineasta española Icíar Bollaín.

Teníamos que estar siempre en el hilo de la vida de Carlos y las coreografías tenían de alguna manera que ser un poco teatrales y comunicar parte de esa vida, dijo Bollaín a la AP desde Edimburgo, donde vive. Yo estaba ahí un poco dirigiendo el sentido de las coreografías y María las ponía en movimiento. Fue un trabajo muy intenso, muy trabajoso, pero de lo más bonito y más nuevo para mí.

Además de su labor como directora, Bollaín tiene una larga trayectoria como actriz, con créditos como El sur, Malaventura y Tierra y libertad. La última película que había dirigido, El olivo (2016), tenía un guion de Paul Laverty, con quien volvió a hacer mancuerna para Yuli, producida por Andrea Calderwood y el mismo Acosta.

La cinta hace un retrato profundo de Cuba. No se queda con las imágenes de postal de La Habana, sino que nos lleva al interior de sus casas, a las calles de las barriadas, a las antiguas plantaciones de esclavos.

Al final también se está contando la historia de la familia de Carlos, que es una familia como tantas. Sufrieron el exilio de la mitad de la familia que se fueron a Miami, y el periodo especial, cuando cae el bloque soviético y hay una crisis en Cuba tremenda, dijo Bollaín. La película ofrecía la posibilidad de hablar de la gente en Cuba.

Una de estas realidades es el racismo que Acosta conoció al crecer en una familia birracial: su mamá y su mediahermana mayor eran blancas, mientras que él y su hermana menor, hijos del segundo matrimonio de su madre con un hombre negro, son mestizos. En la película se plasma cómo esta mezcla no era bien recibida por su familia extendida.

En Cuba el racismo está latente igual. Hubo un proceso que se dice revolucionario para erradicar todos estos prejuicios, en cierta manera se avanzó, pero no se han hecho debates profundos sobre el racismo, dijo Acosta. En mi seno familiar ya existía el racismo, yo lo vi muy de cerca.

Acosta, quien en la cinta es interpretado en distintas etapas de su vida por el joven Keyvin Martínez, el niño Edlison Manuel Olbera Núñez y él mismo, recordó que cuando comenzó en el ballet, apenas dos de los 20 estudiantes en su grupo eran negros. Y cuando llegó al Royal Ballet, de unos 80 bailarines solo dos eran de color. Sin embargo, también destacó que en las grandes compañías donde ha bailado, muchas veces los directores que creyeron en él eran blancos y que recibió ofertas para interpretar todo tipo de protagónicos, rompiendo los estereotipos.

Eso me inculcó una seguridad que me permitió seguir soñando, dijo.

Su padre, interpretado en Yuli por el actor Santiago Alfonso, le daba tremendas golpizas y estuvo en prisión, pero nunca dejó de darle fuerza haciendo que se mantuviera en la danza pese a su situación de pobreza.

Cuando uno lee el libro resulta más brutal el padre en el libro que en la película... Pero Carlos le dedica el libro, dijo Bollaín.

Mi papá es la estrella de mi vida, explicó Acosta. Batalló contra viento y marea porque yo fuera bailarín y al final lo logró. La gloria de lo que yo estoy viviendo, lo que soy ahora, se lo debo a él... Al mismo tiempo fue muy estricto y yo le tenía pánico, igual que mis hermanas, pero yo ya he sentido paz, he sentido una reconciliación con él.

El astro tuvo la oportunidad de bailar con Alicia Alonso como miembro del Ballet Nacional de Cuba. Aunque esta parte de su carrera no está incluida en la película, recordó con cariño a la célebre bailarina cubana recientemente fallecida.

Le hice un paso que se llama promenade, dijo Acosta. (Alonso) es un tesoro no solo cubano sino latinoamericano que le dio un legado al mundo tremendo que todavía está pariendo frutos como somos nosotros mismos.

Para el artista, la danza en Cuba necesita un impulso. A decir de él, ha ido hacia atrás en los últimos años por la situación de incertidumbre en el país.

En mi época la educación era una educación de primera y (con) unos profesores de los más grandes que hay y ya quedan pocos, dijo Acosta.

Hoy un hombre casado y padre de gemelas de 3 años y una niña de 7, continúa disfrutando como en sus inicios de ritmos como la música urbana, la salsa y el breakdance, aunque ya no se para de cabeza, aclaró.