Investigación de AP: Represas de EEUU son un peligro

Una fría mañana de marzo, Kenny Angel escuchó que alguien golpeaba insistentemente su puerta. Dos trabajadores de una empresa de servicios públicos del norte de Nebraska venían a decirle que se f...

Una fría mañana de marzo, Kenny Angel escuchó que alguien golpeaba insistentemente su puerta. Dos trabajadores de una empresa de servicios públicos del norte de Nebraska venían a decirle que se fuese de su casa.

A casi medio kilómetro (poco más de un cuarto de milla) se encontraba la Represa Spencer, construida hacía 92 años y a la que le costaba contener las aguas con hielo del río Niobrara tras una intensa nevada y lluvia. Los trabajadores trataron infructuosamente de abrir por la fuerza las compuertas congeladas. Temiendo lo peor, se montaron en su camioneta y se fueron a toda velocidad. Se detuvieron para alertar a Angel y siguieron camino sin él.

Minutos después, la represa cedió, lanzando un torrente de agua con pedazos de hielo del tamaño de un automóvil. Barrió con la casa de Angel. Su cadáver nunca fue encontrado.

Tuvo cinco minutos para hacer algo, el día previo nadie dijo nada, declaró Scott Angel, uno de los hermanos de Kenny.

Inspectores estatales le habían dado una calificación de en buen estado a la represa menos de un año antes. Hasta que cedió, parecía igual que miles de represas de todo el país. Y eso puede ser un gran problema.

Una investigación de dos años de The Associated Press detectó que varias represas de toda la nación se encuentran en peor estado, en lugares igualmente peligrosos: cerca de viviendas, negocios y carreteras, e incluso de comunidades enteras que pueden enfrentar inundaciones gravísimas si las represas ceden.

Una revisión de la información del gobierno y de informes conseguidos al amparo de leyes estatales que obligan a compartir información permitió a la AP identificar 1.688 represas en condición pobre o insatisfactoria, que podrían representar un peligro, en 44 estados y Puerto Rico. Es probable que haya más, pues algunos estados desistieron de suministrar las calificaciones de sus represas. Otros simplemente no las habían calificado por falta de fondos, de personal o de autoridad para hacerlo.

Las muertes relacionadas con desastres en represas bajaron desde que una serie de colapsos catastróficos en la década de 1970 hizo que el gobierno nacional y las autoridades estatales tomaran medidas para reforzar su seguridad. De todos modos, unas 1.000 represas experimentaron problemas en las últimas cuatro décadas, que costaron la vida a 34 personas, según el Programa Nacional de Desempeño de Represas de la Universidad de Stanford.

Construidas para controlar inundaciones, la irrigación, el suministro de agua, generar energía hidráulica o almacenar desechos industriales, las represas tienen una edad promedio de 50 años. Algunas ya no están en condiciones de hacer frente a las intensas lluvias y las inundaciones en esta época de cambio climático. Pero se sigue dependiendo de ellas para proteger a cada vez más gente que se radica en viviendas construidas cerca de ellas.

Hay miles de personas que viven cerca de represas que no satisfacen los parámetros actuales de seguridad, declaró Mark Ogden, ex empleado de la unidad gubernamental abocada a la seguridad de las represas en Ohio y que hoy trabaja para la Asociación de Funcionarios de Seguridad de las Represas Estatales.

La asociación calcula que requeriría más de 70.000 millones de dólares para reparar y modernizar las más de 90.000 represas de todo el país. A diferencia de otra infraestructura, sin embargo, la mayoría de las represas son de propiedad privada. Eso hace que resulte difícil a los reguladores exigir mejoras a operadores que no pueden o no quieren hacer esos gastos.

La mayor parte de la gente no tiene idea de las vulnerabilidades a su alrededor cuando viven cerca de estas represas privadas, dijo Craig Fugate, ex gerente de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (conocida por sus siglas en inglés, FEMA). Cuando fallan, lo hacen sin previo aviso. Simplemente fallan y te puedes encontrar en una situación en la que tienes un muro de agua y de escombros que avanzan hacia tu casa, sin que tengas tiempo, o con muy poco tiempo, para salir de allí.

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No está claro si Angel, un hombre de 71 años que peleó en Vietnam, rechazó irse o simplemente no tuvo tiempo para hacerlo después de que se le advirtió que el agua estaba rebasando la represa cerca de Spencer, una localidad de menos de 500 residentes.

Un abogado de la esposa de Angel, quien no estaba en la casa cuando cedió la represa, interpuso una demanda por 5 millones de dólares, aduciendo negligencia. Dice que la proveedora de servicio eléctrico no mantuvo la represa como correspondía ni entrenó a su personal, y tampoco informó a Angel acerca del peligro.

Si bien la casa de Angel estaba en el camino que tomaría el agua en caso de un desastre, el riesgo de la represa fue calificado de significativo, pero no alto, lo que hubiera obligado a tener un plan de emergencia. Aproximadamente el 20% de las represas de alto riesgo reguladas por el estado no tienen planes de emergencia, de acuerdo con al Cuerpo de Ingenieros del ejército, que lleva un inventario de las represas de todo el país.

Cuando fue inspeccionada por última vez en abril del 2018, la calificación de en buen estado que recibió la Represa de Spencer estuvo acompañada de una acotación preocupante: Hay deficiencias que podrían generar fallas en la represa en caso de tormentas inusuales, muy intensas.

Tim Bokie, jefe de ingenieros del programa de seguridad de las represas en Nebraska, dijo que esa advertencia se debió a una filtración de agua en el pasado que la empresa resolvió instalando un sistema de drenaje. Gokie, sin embargo, dijo que, al final de cuentas, la crecida del río Niobrara desbordó el dique de cemento y arcilla, construido en 1927 para generar energía hidráulica, no para controlar inundaciones.

Lo cierto es que fue una situación sin precedentes, manifestó el portavoz del Distrito Público de Energía de Nebraska, Mark Becker. Rebasó todo lo que se podía anticipar.

Nebraska fue uno de los estados más afectados por tormentas e inundaciones este año, que dejaron pérdidas por un valor de unos 1.500 millones de dólares en carreteras, diques, servicios públicos y otra infraestructura en 28 estados, según el análisis de la AP.

Una Evaluación Nacional del Clima difundida por la Casa Blanca el año pasado destacó la creciente frecuencia e intensidad de las tormentas a medida que cambia el clima. Esto puede exigir a las represas más de lo que están preparadas para resistir.

Incluso si se mantienen en buen estado, hay miles de represas que podrían correr peligro por la intensidad de las tormentas, señaló Fugate, el ex funcionario de FEMA.

Son como bombas de tiempo, que esperan las condiciones necesarias para causar fallas catastróficas, añadió.

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A las represas de la nación se les da una calificación de riesgo de alta, significativa o baja. Riesgo alto implica que es posible que haya pérdida de vidas humanas si falla una represa. Significativa implica que probablemente no haya muertos, pero sí perjuicios económicos y al medio ambiente.

No hay parámetros nacionales para la inspección de represas, solo regulaciones estatales que son tan sólo remiendos. Algunos estados inspeccionan las represas de alto riesgo todos los años, mientras que otros lo hacen a veces cada cinco años. Algunos estados jamás inspeccionaron represas de bajo riesgo, por más que incluso los estanques de una hacienda bien podrían representar un peligro para las viviendas de la zona.

Las condiciones de las represas deben ser catalogadas como insatisfactorias, malas, aceptables o satisfactorias. Pero estas son evaluaciones subjetivas, que varían según el estado y la interpretación de los inspectores, y no siempre se las da a conocer al público.

Desde los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001, el gobierno nacional se ha negado a incluir el estado de las represas en sus inventarios por razones de seguridad. Pero la AP pudo determinar el estado y el nivel de peligro de más de 25.000 represas de todo el país a partir de la información pública obtenida.

El recuento incluye algunas de las represas más conocidas del país, como la Hoover del río Colorado. La mayoría están en manos privadas. Muchas son usadas con fines recreativos.

La AP examinó informes de inspectores de cientos de represas de alto riesgo en estado malo o insatisfactorio. Los informes mencionan varios problemas: Filtraciones que pueden indicar que hay fallas internas; erosión que no ha sido reparada; agujeros hechos por animales para crear madrigueras; árboles que pueden desestabilizar diques de arcilla y sistemas de desagí¼e demasiado pequeños para hacer frente a una inundación grande. En algunas represas creció tanta vegetación que ya es imposible inspeccionarlas a fondo.

Georgia es el estado que tiene más represas de alto riesgo en estado insatisfactorio o malo, casi 200, según el análisis de la AP.

Entre ellas figura el Embalse Nro. 1 de Atlanta, de fines de 1800 y con capacidad para 681 millones de litros (180 millones de galones) de agua, que está fuera de servicio desde hace varias décadas. La municipalidad hizo arreglos y la activó de nuevo en el 2017, pero la volvió a dejar fuera de servicio al detectarse filtraciones.

Si la represa cediese, el agua podría inundar más de 1.000 viviendas, decenas de negocios, un vía férrea y partes de la ruta Interestatal 75, de acuerdo con un plan de emergencias.

Joel Iverson ha notado una pequeña filtración de agua en la represa, cerca de la cervecera que fundó, Monday Night Brewing.

Si cede, (el agua) nos va a arrastrar a nosotros y un montón de cerveza, expresó.

El Departamento de Manejo de Cuencas Hidrográficas de Atlanta rechazó un pedido de entrevista de la AP sobre el embalse y pidió en cambio preguntas escritas. Cuando le llegaron, declinó responderlas.

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Uno de los problemas más comunes en las represas viejas es que los desagí¼es no pueden lidiar con lluvias fuertes.

Si el agua no sale rápidamente por los sistemas de desagí¼e, puede rebalsar la represa, lo que aumenta las posibilidades de erosión y de un derrumbe.

Los desagí¼es de la Represa de Willett Pond, construida hace 107 años en Norwood, un suburbio de Boston, pueden llevarse apenas un 13% del agua en caso de una inundación fuerte antes de que el agua se desborde, de acuerdo con un reciente informe de inspectores estatales. Si la represa cediese, despediría cientos de millones de litros de agua que irían a parar al centro de una ciudad de casi 30.000 habitantes.

No hablamos de la inundación de la casa de alguien. Decimos que la casa quedará sumergida bajo el agua, dijo Murray Beach, quien vive en la ribera de un lago propiedad privada e integra una agrupación de ciudadanos que presiona desde hace años para que el sistema de desagí¼e sea reparado.

Un informe de inspectores del 2017 dijo que las mejoras a los desagí¼es podrían costar entre 1.000 y 5.000 millones de dólares. Una firma sin fines de lucro que es propietaria del lago recibió una partida de 215.000 dólares el año pasado para que mejorase los desagí¼es. Pero no se fijó un plazo para ello.

Hay más de 1.300 propiedades en los terrenos que serían inundados, además de varios centros comerciales y al menos dos escuelas primarias, 70 carreteras y dos ferrocarriles.

Tamiko Porter, director de una escuela de Montessori que sirve a 75 estudiantes, dijo que le sorprendía saber que hubo una represa río arriba que podía inundar su escuela.

Dios Santo, deja que eso suceda cuando mis hijos no estén aquí, dijo Porter.

El director de manejo de emergencias de Norwood, Bernard Cooper, dijo que no hay peligros inmediatos.

Sí, hace falta trabajo. El sistema de desagí¼e debe ser reconstruido, de eso no hay dudas, expresó. Pero no hay dinero para eso, acotó.

La preocupación en torno a los desagí¼es inadecuados se remonta varias décadas atrás, cuando el Cuerpo de Ingenieros hizo una primera evaluación del riesgo que representan las represas para la vida y la propiedad. De 1978 a 1981 el Cuerpo inspeccionó 8.818 represas. Aproximadamente un tercio fueron consideradas inseguras debido a deficiencias. A un 80% se les detectó una capacidad de las compuertas inadecuada.

Una de las represas cuyos desagí¼es fueron considerados seriamente inadecuados en 1978 es la del lago Sebago, en un parque estatal de Nueva York, cerca de Sloatsburg. Cuarenta años después, nada ha cambiado.

Una inspección estatal del 2018 habló de una capacidad inadecuada de los desagí¼es y de la estabilidad de la represa y pidió mejoras en un plazo de 30 días. Nadie ha reportado mejoras.

La dependencia de gobierno estatal que vela por la seguridad de las represas no tiene autoridad para obligar a los departamentos de parques estatales a que hagan reparaciones.

Para arreglar los desagí¼es del lago Sebago, los trabajadores tendrían que reconstruir una carretera y un puente que pasan sobre la represa. El proyecto costaría unos 15.000 millones de dólares, indicó Jim Hall, hasta hace poco director ejecutivo de la Comisión Interestatal de Parques de Palisade, que maneja varias represas.

Esta estructura está en funciones con la misma capacidad en los desagí¼es desde hace probablemente 60 o 70 años y no se ha visto desbordada, manifestó Hall. ¿Es importante satisfacer todos los códigos? Sí, sería lindo. ¿Es una de las grandes prioridades que tenemos en relación con otras estructuras de represas? Probablemente no.

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En un informe de 1982 con las evaluaciones de las represas de todo el país, el Cuerpo de Ingenieros dijo que la mayoría de los propietarios de represas no querían modificar, reparar o mantener las estructuras y que la mayoría de los estados no están dispuestos a gastar el dinero necesario para montar un programa efectivo de seguridad en las represas.

Desde entonces, todos los estados con excepción de Alabama han creado sus propios programas de seguridad en las represas.

Pero la recesión de hace una década obligó a muchos estados a reducir gastos y personal. A partir del 2011 los estados empezaron a gastar más en la seguridad de las represas. Esas inversiones subieron un tercio, hasta llegar a los 59 millones de dólares en el año fiscal del 2019. La cantidad de personal subió un quinto, de acuerdo con información del Cuerpo de Ingenieros.

California, que tiene el programa de represas más grande del país, es responsable de la mayor parte de esos avances. Su presupuesto subió de 13 millones a 20 millones de dólares y la cantidad de empleados a tiempo completo, de 63 a 77 tras las fallas de la represa de Oroville en el 2017.

Ese susto en la represa más alta de la nación obligó a evacuar casi 200.000 personas, por más que no haya habido heridos y que la represa al final de cuentas no cedió. Una investigación independiente, no obstante, habló de fallas sistémicas a largo plazo de reguladores y dijo que la industria no reconoce ni hace frente a las señales de alarma.

California invirtió 1.100 millones de dólares en la reparación de los desagí¼es de la represa del lago Oroville, fijó nuevos requisitos para planes de emergencia y ordenó la inspección de otras 93 represas con desagí¼es similares.

En Carolina del Sur, donde más de 70 represas fallaron tras intensas lluvias en el 2015 y el 2016, el estado triplicó el personal de su programa de seguridad en las represas y aumentó sus gastos unos 260.000 dólares anuales, para llegar a más de un millón de dólares.

Pero algunos estados siguen reduciendo sus programas de seguridad en las represas. Trece estados y Puerto Rico están gastando en el 2019 menos de lo que gastaron en el 2011 y 11 estados tenían menos empleados fijos en sus programas.

La Asociación de Funcionarios de Seguridad en las Represas Estatales dice que casi todos los estados necesitan más dinero y más personal para sus programas de seguridad de las represas.

Si no tienes personal para inspeccionar una represa o no tienes la autoridad para hacerlo, no sabes qué problemas puede haber, dijo Ogden, el exempleado de la asociación.

Si puedes hacer la inspección, pero no puedes tomar medidas, y tienes propietarios de represas que no tienen los recursos para repararlas, entonces sabes cuál es el problema pero no puedes hacer nada, agregó.

Muchos estados enfrentan un dilema con las represas privadas problemáticas cuando no pueden identificar a los dueños. La oficina que vela por la seguridad de las represas en Rhode Island, que consta de dos personas, preparó una lista de 32 represas con riesgos altos o significativos en las que se detectaron problemas cuyos propietarios no se conocen.

Si no conoces al dueño, no puedes tomar medidas ni ordenarle a nadie que los resuelva, dijo David Chopy, jefe de inspectores del Departamento de Manejo del Medio Ambiente de Rhode Island.

En algunos estados, las represas no son inspeccionadas porque hay excepciones en las leyes estatales.

Una ley del 2013 en Texas exime a todas las represas de propiedad privada con una capacidad de menos de 163 millones de galones (617 millones de litros), que tienen una calificación de riesgo bajo o significativo y están afuera de los límites de una ciudad en un condado de menos de 350.000 habitantes. Como consecuencia de esto, aproximadamente el 45% de las 7.200 represas del estado están exentas de toda regulación.

Missouri inspecciona unas 650 de sus más de 5.000 represas. Ello se debe a que las leyes estatales eximen de inspecciones a los diques de menos de 35 pies (10 metros), usados con fines agrícolas o sujetos a regulaciones federales.

El exgobernador de Missouri, Matt Blunt, trató de aumentar la cantidad de represas bajo supervisión estatal después de que el Estanque de Taum Sauk se derrumbase en diciembre del 2005, hiriendo a la familia de un empleado. Pero la legislación se estancó porque algunos propietarios de tierras expresaron reservas. La iniciativa fue dejada de lado cuando asumieron nuevos funcionarios.

Tal vez llegó la hora de darle a esto otra mirada y asegurarnos de que nuestras represas son seguras, dijo el representante estatal Tim Remole, quien encabeza una comisión legislativa encargada de supervisar la seguridad de las represas.

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Hasta la muerte de Angel este año en Nebraska no había habido accidentes fatales relacionados con las represas desde uno ocurrido en la isla hawaiana de Kauai en el 2006.

Un muro de arcilla del Estanque de Kaloko se rompió durante un fuerte aguacero y un torrente de agua se desplazó por una ladera. Siete personas, incluida una mujer embarazada, fallecieron en la propiedad de Bruce Fehring, incluida su hija, su yerno y un nieto.

Fehring, quien no se encontraba en la casa en ese momento, recibió una llamada de un vecino alertándole de lo sucedido. Quedó conmocionado al ver la escena.

Me tomó un momento registrarlo y me dije, ˜Dios mío, todo se lo llevó el agua™, relató Fehring. Uno no se imagina la fuerza del agua hasta que ve lo que puede hacer en muy poco tiempo.

El propietario de la represa fue condenado a siete meses de prisión más cinco años de libertad condicional en relación con las muertes. Los fiscales dijeron que Pflueger había llenado los desagí¼es al tratar de abrir espacio para un complejo a ser construido junto al agua.

Las familias de las víctimas y aquellas cuya propiedad resultó dañada, incluida la actriz Bette Midler, aceptaron un acuerdo civil por 25 millones de dólares. Si bien estaba catalogada por el estado como una represa de bajo riesgo, el Embalse de Kaloko es considerado hoy una instalación de alto riesgo en malas condiciones. Casi no se le han hecho reparaciones.

Ese es también el caso de la Represa del Lago Dunlap, al noreste de San Antonio. En una soleada mañana de mayo, una de las compuertas cedió. Nadie resultó lastimado, pero los muelles quedaron en mal estado, los lechos se secaron y quedaron embarcaciones desperdigadas tras retirarse las aguas.

La represa fue la segunda instalación hidroeléctrica a lo largo del río que tuvo problemas en los últimos tres años. La Autoridad del Río Guadalupe-Blanco presentó planes para drenar una cadena de cuatro lagos ante la posibilidad de que las compuertas de desagí¼es de diseño similar también fallen.

Pero luego de que los propietarios acudiesen a los tribunales, la autoridad del río aceptó en septiembre una demora del proyecto de un año. Esto podría dar tiempo para que se encuentren los entre 90 y 210 millones de dólares que costaría reparar las represas.

Esto es algo con lo que lidian las comunidades y los estados de todo el país por el envejecimiento de nuestra infraestructura, dijo Tess Coody-Anders, quien tiene una casa cerca del lago McQueeney, donde se encuentra una de las represas que sería drenada.

Espero que todos reconozcan que hay economías enteras y formas de vida que giran en torno a lo que empezó como un proyecto de ingeniería civil, agregó la mujer.

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Lieb informó desde Jefferson City, Missouri; Casey, desde Concord, New Hampshire, y Minkoff, desde Washington. Los reporteros de AP Eric Gay (San Antonio) y Caleb Jones (Honolulu) colaboraron en este despacho.