Desde el exilio, iraní revive viejo trago persa

Mucho antes de que los clérigos islámicos prohibiesen el consumo de alcohol, Irán tenía una vibrante tradición etílica.

Mucho antes de que los clérigos islámicos prohibiesen el consumo de alcohol, Irán tenía una vibrante tradición etílica.

De hecho, se cuenta que ya en el 550 antes de Cristo el rey Ciro el Grande y los legisladores persas se emborrachaban antes de tomar decisiones importantes y al día siguiente las volvían a considerar, sobrios. Si les parecía aceptable lo decidido el día previo, entonces las aprobaban. Fue así que surgió el viejo dicho persa, masti o rasti, o ebriedad y honestidad.

Esa frase figura en las etiquetas de las botellas de Arak Saggi, un trago destilado tres veces por un iraní exiliado en Canadá y que trata de revivir la cultura etílica de su patria.

Quería algo realmente único y encontré esa vieja expresión de un arak tradicional muy popular, comentó Bruce Khabbazi, un emprendedor de 50 años que creó la Destilería del Imperio Persa en el 2006. Sentí la necesidad de darle a este trago una identidad y originalidad. Me propuse el objetivo de ofrecer el Arak Saggi al mundo, presentándolo como un trago iraní clásico.

Arak Saggi quiere decir el arak del perrito y alude al espíritu nostálgico asociado con ese nombre, que fue popular en Irán en la década de 1950 y que tenía un perro en la etiqueta. Khabbazi pensó que a muchos iraníes les haría revivir los tiempos previos a la revolución islámica de 1979

Oriundo de Shiraz, hijo de una familia con más de 125 años en el sector gastronómico, Khabbazi abrió un negocio de empacado de goma de mascar cuando tenía ocho años. A los 16, se fue de Irán porque no quería pelear en la guerra con Irak y porque pensó que no tenía futuro en su país tras la revolución. Luego de un viaje lleno de penurias, en el que cayó brevemente en manos de traficantes de personas en Pakistán y luego se tiñó todos los cabellos de su cuerpo de rubio para pasar por occidental, llegó a Canadá. Terminó en Vancouver, con 50 dólares en sus bolsillos, y pidió asilo.

En Canadá se cambió el nombre, de Behrouz a Bruce, fue a la universidad y volvió al sector gastronómico. Decidió incursionar en el terreno de las bebidas alcohólicas y fundó la Destilería del Imperio Persa. Su primer producto fue un licor de granada. Ahora tiene tres marcas con 40 productos en total, que se venden en Canadá, Estados Unidos, Europa y Australia.

Su bebida más preciada es el Arak Saggi, un licor a base de pasta de pasas de uva importadas de California que tienen un sabor parecido al de la grappa italiana. El Arak tradicional --un licor traslúcido, blanco, con un leve sabor a anís, parecido al ouzo griego o al raki turco-- es muy popular en el Medio Oriente.

Khabbazi vive con su esposa y sus dos hijas en Peterborough, provincia de Ontario, unos 125 kilómetros (78 millas) al noreste de Toronto, donde tiene su destilería y su negocio. No volvió a Irán desde que se fue en 1987, pero espera regresar algún día.

Cuando consiguió su licencia para licores en Canadá, se le dijo que los persas son musulmanes y no pueden beber.

Eso refleja una falta de conocimiento de la cultura iraní, manifestó. Sabía que tenía un gran reto por delante y decidí demostrarles que estaban equivocados.

La ley sharia islámica prohíbe el consumo de alcohol, el cual es ilegal para la mayoría de los iraníes musulmanes. El castigo es generalmente una multa y/o latigazos.

De todos modos, hay mercados clandestinos donde se encuentra la bebida contrabandeada. El Servicio Nacional de Emergencias dice que 27 personas fallecieron en septiembre del año pasado y más de 300 fueron hospitalizadas tras beber tragos contaminados.

Irán tiene una rica historia etílica. Un equipo de arqueólogos estadounidenses descubrió seis viejas vasijas de arcilla en Zagros, región montañosa del norte de Irán, en 1968 y análisis químicos revelaron que una de ellas tenía residuos de vino. Las vasijas eran del período neolítico, de hace más de 7.000 años, y representan la primera evidencia científica de la producción de vino en la antigí¼edad en esa región.

La revolución islámica del 79 acabó con todo eso y el consumo de alcohol pasó a ser una actividad clandestina. Durante varios años los armenios fueron los principales distribuidores de arak casero en Irán, hasta que comenzaron a llegar botellas del exterior de contrabando.

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Kamran Jebreili está en www.twitter.com/KamranJebreili