Familia chilena se adapta al caos tras protestas en Chile

El profesor Pedro Alastuey está preocupado por el estallido social que sacude a Chile. La suspensión de las clases producto de los disturbios de los últimos días en su país le impiden llevar a su...

El profesor Pedro Alastuey está preocupado por el estallido social que sacude a Chile. La suspensión de las clases producto de los disturbios de los últimos días en su país le impiden llevar a su hijo con Síndrome de Dawn a recibir sus terapias.

Sin embargo, Alastuey es consciente de que la furia repentina en las calles, que ha ocasionado saqueos, incendios y destrucción en el transporte, es el resultado de un descontento contenido por décadas en uno de los países más prósperos de América Latina y, a su vez, con gran desigualdad social.

Es una necesidad de que el pueblo sacara la voz, que se pusiera a exigir lo que creemos que es digno, dijo Alastuey a The Associated Press, mientras el país de 18 millones de habitantes seguía por sexto día con protestas multitudinarias y disturbios violentos, pese a que Piñera pidió perdón por no anticipar los acontecimientos y anunció una serie de medidas económicas para contener la crisis.

Las protestas no tienen aún a un líder visible y son heterogéneas. Comenzaron con estudiantes que rechazaron el pago de las tarifas del metro después de una suba anunciada por el gobierno y escalaron con mayor fuerza en medio de otros viejos reclamos por pensiones paupérrimas, salarios mínimos bajos y medicamentos costosos en un país que alardea de su economía estable.

Alastuey no tiene dificultades económicas pero participa de las protestas, a pesar que la crisis le ha trastocado la vida a su familia.

Tras el estallido de los violentos disturbios el viernes, Alastuey se apresuró a comprar pañales y leche para su hijo Pedro, de cinco años y quien sufre del síndrome, y para Magdalena, de 21 días, que necesita leche suplementaria.

Cuando se destapó la olla, mi primera reacción fue: necesito pañales, necesito leche, y compró para unas dos semanas, contó a la AP.

El maestro de educación física pertenece a una minoría entre los 18 millones de chilenos que mayoritariamente ganan entre 562 y 726 dólares mensuales: él recibe un equivalente a unos 1.788 dólares, que sumados a los ingresos de su esposa suben a unos 2.750 dólares.

Leonardo Moreno, de la Fundación para la Superación de la Pobreza, dijo que en Chile el 10% de la población gana un 7,8% más que el 90% restante.

La preocupación de Alastuey se centra en la suspensión de clases, porque su hijo Pedro ha perdido seis sesiones de estimulación requeridas por su condición médica. Dijo que siente temor de que no siga avanzando en lo que nosotros nos proyectamos con él.

Señaló, de todas formas, que está contento porque retiró de la farmacia los medicamentos que necesita su hijo pocos días antes del estallido de la violencia, que siguió a una protesta de estudiantes contra un alza tarifaria del subterráneo de 1,12 a 1,16 dólares y que se tradujo en violentas protestas que destruyeron la mayoría de las estaciones del subterráneo y causaron incendios en farmacias u otros inmuebles.

Alastuey y su familia se abastecen en un negocio de barrio porque muchos grandes supermercados están cerrados después de ser saqueados, y pese a los inconvenientes participa en las protestas.

El hombre fue uno de los organizadores de un grupo de chaquetas amarillas que se organizó en su barriada para proteger a mi familia, proteger a mis vecinos, a mi círculo cercano, porque se ha se ha masificado por las redes sociales que andan delincuentes saqueando casas.

Los grupos chaquetas amarillas armados con palos, bates o fierros se multiplican en decenas de barriadas de toda la ciudad por temor a saqueos.

Además, es uno de muchos que se quedaron sin dinero en efectivo porque no hay mucho acceso a cajeros automáticos por las numerosas sucursales bancarias y centros comerciales cerrados.

Sin embargo, pone buena cara. Comparte el sacrificio.