El presidente Barack Obama no ha pasado por alto este viernes la muerte del cantante y guitarrista B.B. King y ha emitido un comunicado para despedirse del genio del blues. "El blues ha perdido a su rey, y América ha perdido a una leyenda", dijo el presidente en un comunicado.

Obama, además, quiso tener un gesto personal a través de su cuenta en Twitter y compartió la imagen del momento en el que cantó a coro con King. "Va a haber una tremenda sesión de blues en el cielo esta noche", escribió el mandatario.

El guitarrista cantó a coro Sweet Home Chicago con el presidente hace años en la Casa Blanca, en un concierto de blues, en el marco de las veladas musicales que el presidente y su esposa, Michelle, han organizado en los últimos años para homenajear estilos como el jazz, los ritmos latinos o el "soul".

Según Obama, "nadie trabajó más duro" que King, hijo de un aparcero de Misisipi que emigró a Memphis (Tennessee) para labrarse una carrera musical, y "nadie hizo más para difundir la verdad del blues".

Tan relajado estaba Obama en ese concierto que, pese a que opuso algo de resistencia cuando Buddy Guy lo animó a cantar, finalmente tomó el micrófono y entonó unas líneas y la canción que cerró la noche.

"No esperaba que me convencieran para cantar unas líneas de 'Sweet Home Chicago' con B.B. (King) al final de la noche, pero ese era el tipo de efecto que su música tenía y todavía tiene", relató el mandatario en el comunicado.

King falleció el jueves de forma tranquila mientras dormíaBB King, que con sus apasionados acordes de guitarra y sus sentidas letras se convirtió en el ídolo de generaciones de aficionados y músicos, y se ganó el apodo de Rey del Blues, murió el jueves en su casa de Las Vegas. Tenía 89 años.

King falleció el jueves de forma tranquila mientras dormía a las 9:40 de la tarde, en su casa de Las Vegas, indicó su abogado Brent Bryson. Los preparativos para su funeral están en marcha, señaló.

El forense del condado de Clark John Fudenberg confirmó el deceso. La mayor de los hijos sobrevivientes del músico, Shirley King, de la zona de Chicago, dijo estar disgustada por no haber tenido ocasión de ver a su padre antes de morir.

Aunque King siguió actuando hasta bien pasados los 80 años, el ganador de 15 premios Grammy sufría diabetes y su salud había empeorado en el último año. El pasado octubre sufrió un desmayo durante un concierto en Chicago, más tarde atribuido a la deshidratación y el agotamiento. Estaba recibiendo cuidados paliativos en su casa de Las Vegas.

Durante la mayor parte de una carrera de más de 70 años, Riley B. King fue no sólo el rey indiscutido del blues, sino también un mentor para decenas de guitarristas como Eric Clapton, Otis Rush, Buddy Guy, Jimi Hendrix, John Mayall y Keith Richards. Grabó más de 50 discos e hizo giras por todo el mundo incluso en su última década, a menudo ofreciendo 250 conciertos al año o más.

Mientras la gente tenga problemas, el blues no podrá morir nuncaKing tocaba una guitarra Gibson apodada cariñosamente Lucille, con un estilo que combinaba hermosos punteos con sonoros acordes, sutiles vibratos y notas desgarradas.

El resultado podía producir escalofríos, al igual que su tema más conocido, "The Thrill is Gone". Podía hacer llorar y gritar de angustia a su guitarra, al narrar esa historia de amor desvanecido que terminaba lamentando en tono gutural "Now that it's all over, all I can do is wish you well" ("Ahora que todo ha terminado, todo lo que puedo hacer es desearte suerte").

Su estilo era inusual. A King no le gustaba tocar y cantar al mismo tiempo, así que desarrolló un estilo de diálogo entre él y Lucille.

"A veces creo que hay más cosas por decir, para hacer que el público comprenda que intento hacer más", dijo King a Associated Press en 2006. "Cuando canto, no quiero que usted oiga sólo la melodía. Quiero que viva la historia, porque la mayoría de las canciones tienen una historia bastante buena".

Un tío suyo predicador le enseñó a tocar, y él afinó la técnica en medio de una pobreza mísera en el delta del Mississippi, la cuna del blues.

"Siempre intenté defender la idea de que el blues no tiene por qué cantarlo una persona que venga del Mississippi, como yo", indicó en su libro de 1988 "Off the Record: An Oral History of Popular Music".

"La gente tiene problemas en todo el mundo", señaló. "Mientras la gente tenga problemas, el blues no podrá morir nunca".