Fiestas patrias
Puestos con recuerdos y mercancías mexicanas colocados por los festejos de la Independencia de México en Los Ángeles. AITANA VARGAS

Las manecillas del reloj marcan las nueve de la noche cuando Los Ángeles se sincroniza con la capital mexicana para emular el Grito de Dolores que se escucha a esa misma hora en el Zócalo. El estallido de los miles de asistentes que se congregan frente al ayuntamiento de la ciudad californiana se propaga rápidamente por las calles del centro de la urbe. 

A los actos no han faltado Edward James Olmos, el concejal José Huízar y el alcalde Eric Garcetti"¡Viva México!", gritan unos y otros mientras zarandean la bandera mexicana y contemplan los colores de ésta iluminando el edificio del ayuntamiento.

Con este acto reivindicativo que conmemora el grito dado por el sacerdote Manuel Hidalgo la noche del 15 al 16 de septiembre de 1810, continúa una semana de festividades para la comunidad latina de Los Ángeles, que celebra la independencia de sus respectivos países arropada por destacadas figuras del mundo de la política y del entretenimiento.

A los diversos actos que han tenido lugar en distintos puntos de la ciudad en los últimos días no han faltado el actor latino Edward James Olmos, el Concejal del distrito 14, José Huízar, y Eric Garcetti, Alcalde de Los Ángeles.

Minutos antes del Grito y desde la escalinata del ayuntamiento, el Alcalde tomaba la palabra para recordar su herencia latina.

"Como nieto de México, estoy muy contento de estar aquí con ustedes".

Ecos de la reforma

Sobre el césped verde frente al gran escenario se dispone una marea humana con sombreros charros, trajes tradicionales y tenderetes ambulantes de tacos y perritos calientes. Niños, madres, padres y familias enteras festejan el orgullo patrio y lo pasean entre risas, bailes y alborozo.

Cuando recordamos el grito de Hidalgo, gritamos por un sueldo mínimo más altoEl eco de la reforma migratoria también se escucha en el Grito de Dolores que la comunidad mexicana protagoniza al unísono frente al ayuntamiento de Los Ángeles. Un grito que se contagia a otras comunidades porque  hasta aquí no han llegado sólo mexicanos – también centroamericanos, peruanos, colombianos y chilenos, que aprovechan la ocasión para reafirmar el sentido de identidad hispana y recordarle a las autoridades la influencia y el creciente peso del voto latino en las elecciones presidenciales.

"Este escenario es el símbolo más relevante entre México y Estados Unidos", aseguraba Carlos M. Sada, Cónsul General de México en Los Ángeles. "Ha avanzado mucho en ser una celebración latinoamericana".

En la ciudad con más mexicanos del mundo después de México D.F. y con un 48.5% de latinos, las miradas se dirigen también hacia la Casa Blanca, donde dos mandatos de Barack Obama no han servido para que millones de hispanos vean resuelta su situación migratoria irregular. Y para que en Washington D.C. no se olviden de ellos, estas fiestas patrias llevan codificado un mensaje para el líder más poderoso del mundo.

"Cuando recordamos la batalla con el padre Hidalgo, recordamos nuestra batalla por la reforma migratoria en este país. Cuando recordamos el grito de Hidalgo, gritamos por un sueldo mínimo más alto, y cuando recordamos esta guerra, tenemos una guerra por los derechos de todos los migrantes", anunciaba Garcetti ante el fervor del público.

Lucha de indocumentados

Recostado sobre el césped y mientras mitiga el calor angelino con un refresco en mano se encuentra Federico González. Narra este oriundo de Toluca que cuando aterrizó en Los Ángeles como turista lo primero que hizo fue dirigirse al parque MacArthur, todo un símbolo migratorio de la ciudad.

En el parque MacArthur me compré un permiso de trabajo falso y un número de la seguridad social"Allí me compré un permiso de trabajo falso y un número de la seguridad social para poder trabajar", confiesa entre carcajadas.

Hace más de dos décadas este mexicano fue uno de los beneficiados de la amnistía tardía. "Cuando llegué a este país ni me planteé hacerme residente, pero luego surgió la posibilidad y lo hice".

Desde aquella amnistía de 1986 han pasado casi tres décadas. Ahora son unos once millones de inmigrantes indocumentados los que viven a expensas de una reforma migratoria que no llega. Y en medio de un ambiente festivo repleto de banderas nacionalistas no sólo se respira inconformismo migratorio, sino la frustración de ver que un presidente demócrata parece "haber dejado a los más desprotegidos de lado", apuntilla González.

A unas calles de los muros blancos e imponentes del ayuntamiento se alza otro de los lugares emblemáticos donde esta semana también se ha recordado el valor de la identidad y herencia latina a este lado del territorio norteamericano: La Placita Olvera.

Epicentro del sabor hispano, esta histórica calle donde en 1921 el legendario Charlie Chaplin rodó El Niño, es el punto de encuentro de artesanos, comerciantes y familias latinas desde el siglo XVIII. Hace dos años la ciudad levantó aquí un monumento de bronce en honor al popular actor y cantante mexicano Antonio Aguilar, fallecido en 2007 a los 88 años de edad. Montado sobre un caballo y con un sombrero charro, este zacatecano es la encarnación del sueño americano al que muchos migrantes aspiran y por el que arriesgan su vida cruzando la frontera.

Aguilar, como muchos indocumentados antes y después que él, pasó noches enteras durmiendo a la intemperie en bancos de la Placita Olvera cuando su carrera aún no había despegado. Ahora es recordado por los más de 160 discos y 100 películas que protagonizó – un icono cultural y social para millones de hispanos que se inspiran en él para labrar el arduo camino hacia una reforma migratoria.

"Es un orgullo que Antonio haya dejado este legado a ambos lados de la frontera", matiza González mientras depura de un sorbo el refresco y se pone en pie para unirse a las celebraciones por el 204 aniversario del fin del dominio español en México y Centroamérica.