Niños migrantes
Carlos (sin gorra), junto a un amigo, en el Albergue de La 72, mientras es entrevistado. FÉLIX BUENO

Carlos es un adolescente que tiene cerca de dos semanas que salió de su ciudad natal en Puerto Cortés, Honduras, con la intención de llegar a los Estados Unidos. Es la segunda vez que lo intenta y espera que ahora si logre su propósito. Se ha convertido así en uno más de los niños migrantes que atraviesan México para llegar al sueño americano.

La vez anterior logré subir al tren pero tuve que saltar porque unos tipos se subieron  con armasA los 16 años de edad, Carlos conoce lo difícil que es la vida de un migrante, ha tenido que correr y esconderse de la "migra" - como le llaman a los agentes del Instituto Nacional de Migración de México-, y también de la delincuencia organizada. "Esos sí son más peligrosos".

"La vez anterior me logré subir al tren aquí (en Tenosique) pero más adelante tuve que saltar y salir corriendo porque unos tipos se subieron y traían armas, amenazaban a todos y les pedían dinero; yo no traía nada y tuve que huir", agregó.

El año pasado, este joven intentó por primera vez el viaje a los Estados Unidos pero sólo llegó hasta el municipio de Tenosique, se quedó sin recursos y no le quedó más opción que entregarse a los agentes de migración, fue deportado.

Vida difícil

"En Puerto Cortés trabajo de albañil porque dejé de estudiar, apenas y logré llegar hasta primero de secundaria y hasta ahí", cuenta. "No tengo papá y mi madre trabaja atendiendo un puesto de comida. Yo soy el mayor de mis hermanos y tenía que ayudar con los gastos así que conseguí trabajo de albañil pero la verdad que el dinero era muy poco".

Soy el mayor de mis hermanos y tenía que ayudar con los gastosLa familia de este joven se compone además de una hermana de 14 años de edad y un pequeño de 7 años.

Al decidir que intentaría el "sueño americano" por segunda vez, Mariana, su hermana, quería acompañarlo porque también le urge dejar su viejo pueblo y prosperar, un ¡no! fue lo que escuchó de respuesta de su madre, ella sabe que los peligros son mucho más graves en el caso de las mujeres.

"Mi mamá sabe que a las mujeres les hacen mucho daño, conozco historia de niñas que fueron secuestradas y jamás se supo nada de ellas", comenta.

Ruegos de su madre

Carlos tomó su mochila, la misma que utiliza para llevar sus herramientas de albañilería al trabajo,  la llenó de unas pocas prendas y salió de casa, ni siquiera los ruegos de su madre lograron cambiar de opinión. En su camino se encontró con un amigo y juntos tomaron el autobús hasta llegar a los límites con México, de ahí cruzaron en balsa  al municipio de Tenosique.

Sé que hay coyotes que te llevan hasta el otro lado pero ni tengo dinero Como todo adolescente, es aventado y los riesgos le parecen divertidos, confía que en esta ocasión pueda llegar aunque sea al centro del país mexicano.

"Mi idea es llegar hasta el Distrito Federal (en México) y conseguir trabajo para reunir más dinero, juntar lo necesario y seguir mi camino"

Su anhelo suena muy fácil de conseguir aunque ni siquiera sabe cómo llegará hasta la capital mexicana, otra vez piensa que tomar el tren es lo más fácil, ahí "viajan de a gratis", eso sí, prácticamente el viaje es de vida o muerte.

¿Te ha contactado algún coyote? Le cuestiona la reportera y contesta sin dudarlo "No, ni siquiera tengo dinero para pagarle" y ríe de inmediato. "Yo sé que hay coyotes que te llevan hasta el otro lado pero la verdad ni tengo dinero y no conozco a nadie".

¿Crees que podrás llegar en esta segunda vez a tu destino? "Mmm...no lo sé, espero que sí y si no pues pido que me deporten y ya", Carlos deja de interesarse en la plática, esta apresurado por irse a comer pues es la hora de la cena en la Casa del Migrante conocido como Albergue La 72, donde tiene una semana que se encuentra viviendo mientras decide qué hacer con su vida.

Además, en un ratito más podrá jugar la "reta" con otros migrantes que conoció en el albergue, en ese momento se olvida de las preocupaciones y prefiere concentrarse en ganar el partido.