Niños migrantes
La reportera habla mientras Javier mira sus notas. FELIX BUENO

Javier es un adolescente que al conocer la noticia de que su madre viajaría a Estados Unidos en calidad de indocumentada, decidió acompañarla por decisión propia, nada ni nadie le hizo cambiar de opinión y se sumó a la dolorosa aventura de los niños y adolescentes migrantes que cada año se dirigen a Estados Unidos.

Está triste porque ya se quiere regresar, pero yo le dije que vendría sola y no me dejóJavier es hijo de Reyna (quien omite sus apellidos), y tiene una hermanita de 6 años de edad, ella se quedó a vivir con su abuela en Villanueva, municipio que pertenece al departamento de Cortés, en Honduras.  Su historia es igual a la de muchos jóvenes migrantes aunque a diferencia del resto, él viaja a lado de su madre.

El pequeño tenía en julio (cuando fue entrevistado) 12 días de estar refugiado en la Casa del Migrante conocido como Albergue La 72, ubicado en Tenosique, Tabasco, México; a diferencia de los primeros días, su rostro ha cambiado y su mirada es de tristeza, casi no habla.

¿Qué le pasa? Le pregunta la reportera a Reyna, madre de Javier, "está triste porque ya se quiere regresar, pero yo le dije que vendría sola y no me dejó, se aferró a mí y pues ni modo, ya estamos aquí".

Reyna también está un poco molesta por su situación, cree que después de 12 días sin poder avanzar por falta de recursos, la opción es desistir del intento y retornar a su ciudad natal.

La Bestia

Subir al tren, bautizado por los migrantes como La Bestia, no es lo más adecuado para Reyna y su hijo, conoce la historia de muerte que ha dejado ese medio de transporte, algunos sobrevivientes  le han contado de primera mano su terrible experiencia.

Me han dicho que por las noches suben sujetos armados y los obligan a pagar cuotas, a las mujeres las violan"Me han dicho que por las noches suben sujetos armados y los obligan a pagar cuotas, a las mujeres las violan y los que no pagan son arrojados como si fueran viles animales... No, por eso yo no me arriesgo y tampoco a mi hijo, creo que si mañana no tengo buenas noticias,  nos regresamos", comenta.

¿Qué fue lo que motivo a Reyna a intentar el sueño americano? La falta de dinero en su pueblo; trabajaba en lo que podía, a veces atendía algún puesto de comida o de doméstica; del padre de sus hijos no sabe nada, cuando iba a nacer su hija se fue de la casa y no volvió, tuvo que regresar a casa de sus padres y desde entonces ellos le apoyan con los gastos.

Mientras Reyna platica con nosotros, Javier se acerca a escuchar pero no muestra el mínimo interés por el tema, prefiere cruzar los brazos y bajar la mirada, esa es su actitud después del tercer día de haber llegado a Tenosique, todo le parece aburrido y a veces no quiere comer, ha bajado mucho de peso y le insiste a su madre regresar.

En Villanueva Cortés, Javier tenía un grupo de amigos, se divertía como los chicos de su edad, afortunadamente en su ciudad no se vive el drama de los Maras.

"Allá donde vivimos no hay Maras, la vida es tranquila hasta ahora, pero la verdad que decidí emprender el viaje porque el dinero no alcanza y estoy cansada de vivir a medio comer. Lo malo es que tendré que regresar".

Sonriente de nuevo

Reyna no sabe si intentará por segunda vez alcanzar el "sueño americano" que muchos migrantes se trazan una y otra vez hasta finalmente alcanzarlo o de plano, algunos mueren en el intento.

El saber que pronto volverá a casa, es lo único que le devuelve la sonrisa a Javier, este adolescente  se convirtió en uno más de los menores acompañados que se internan en territorio mexicano con el fin de llegar hasta Estados Unidos, en su caso, no logró pasar más allá del límite fronterizo pero seguro volverá a intentarlo pues al cabo ya conoce la ruta que le enseñó su madre.