Andrés y su madre
La mujer sostiene a su hijo de cuatro años, que sufre una infección en la piel, en el albergue de Tenosique. JOSÉ FÉLIX BUENO

Andrés Maximiliano no deja de llorar a pesar de que su madre trata de animarlo. La temperatura de 38 grados centígrados en el albergue de Tenosique, Tabasco, en la frontera sur de México, no ayuda en mucho a calmar el malestar del pequeño que tiene varios días con un problema de infección en la piel.

El infante se ha convertido en un niño migrante. Es parte de una aventura que trazó su mamá sin su consentimiento, como parte de un anhelo por una vida mejor en una nación extraña.

Tengo 20 días en el albergue, pero ya me voy a regresarDeysi (quien prefiere omitir sus apellidos), la mamá de Andrés, tiene 26 años de edad, es originaria de Esquipulas, Guatemala, hace 20 días salió de su casa llevando en brazos a su niño pero dejó con su madre a su hija de dos años de edad. Era imposible llevarse a los dos, prometió después regresar por ella.

Andrésito tiene 4 años de edad pero desde que llegó a esta tierra, donde la temperatura en verano alcanza los 42 grados centígrados y la humedad en el ambiente sofoca a cualquiera, empezó a presentar erupciones en la piel. Tiene todo su cuerpo lleno de ámpulas, está molesto y no hace más que llorar, le pide a su madre regresar a casa.

La repentina enfermedad en Andrés ha hecho cambiar a su madre de opinión. "Tengo 20 días en el albergue, pero ya me voy a regresar”, confiesa Deysi. “No me queda de otra. Me vine con una amiga porque me había prometido que su esposo, quien vive en Estados Unidos, nos ayudaría a llegar…pero en el camino se molestó conmigo y ya ni me habla. Creo que voy a regresar”.

Un poco triste, Deysi comenta que no le queda otra que volver a Esquipulas, la ciudad donde vive con sus padres en Guatemala, no tiene una vivienda propia porque es madre soltera y tiene que trabajar para mantener a sus dos hijos.

Desde Guatemala

Para llegar a Tenosique, Deysi se hizo dos días porque primero tuvo que viajar en autobús a lado de su amiga y ya estando a punto de cruzar, se unieron a otro grupo que les orientó sobre cómo llegar hasta este municipio. Fue ahí donde precisamente se rompieron sus esperanzas porque su amiga la dejó prácticamente sola.

Pero a Deysi le preocupa algo más. Su amigo Javier, otro guatemalteco que conoció en el albergue y que le dijo que se iría en el tren pero ya no supo nada más. “Dicen que lo mataron. Estoy muy triste porque no sé qué le paso”.

Tal vez Deysi tenga razón porque días después se publicó en los diarios locales que tres indocumentados habían sido asaltados por miembros del crimen organizado, al no pagar la cuota, fueron arrojados del tren conocido como La Bestia y uno de ellos murió instantáneamente, los otros dos fueron hospitalizados. Sus identidades no se conocen hasta el momento.

De acuerdo al coordinador de la Casa del Migrante conocido como Albergue La 72, al refugio llegan niños menores de 10 años en compañía de sus madres, algunos llegan “traficados” porque sus padres se los encomiendan a coyotes o guías, un error grande que cometen sus padres porque desconocen el peligro, muchas bandas se dedican en el sureste mexicano a secuestrar a indocumentados y los niños son los más indefensos.

El "mito" de los niños solos

Fray Tomás González Castillo califica de un “mito” el que digan que hay niños migrantes que viajan solos porque casi siempre los acompaña un “guía”; hay un grupo en edades de los 11 a 17 años que realizan su travesía sin compañía pero éstos son adolescentes que en su mayoría vienen arrastrando un pasado de drogas o violencia extrema.

Llama la atención que en la Casa del Migrante se observan a muchas mujeres con niños menores de 10 años de edad, incluso se han dado casos de mujeres con bebés. El fraile relata que en los últimos años ha aumentado la migración femenina, el 30% de los indocumentados que piden refugio en el albergue son mujeres y un 20% corresponde a jóvenes adolescentes de 11 a 17 años de edad.

Mientras Fray Aurelio llama a los indocumentados que están afuera del albergue tomando el fresco para que vayan a comer, Deysi se seca sus lágrimas y cuenta que se irá de ahí, volverá a Guatemala porque no puede soportar ver a su hijo enfermo. Es la primera vez que intenta viajar a los Estados Unidos de manera ilegal, no sabe a estas alturas si volverá a intentarlo.