Jessica, camino a EU con sus hijos: "No nos queda otra que esperar un milagro"

  • La joven madre y sus hijos cruzaron ilegalmente a México en su camino hacia Estados Unidos.
  • Vienen huyendo de los maras en El Salvador.
  • Se han quedado sin dinero en un albergue en la frontera sur mexicana y buscan cómo seguir.
<p>El pequeño, con su madre en el Albergue La 72.</p>
El pequeño, con su madre en el Albergue La 72.
JOSÉ FÉLIX BUENO

El pequeño Kevin no sabe porque tuvo que abandonar su escuela para salir huyendo con sus padres de su casa en San Salvador. Su familia sólo alcanzó a tomar  algo de ropa y poco dinero en su huída de la violencia extrema en ese país. Él y su hermano Brandon se han convertido en uno de los miles de niños migrantesque cruzan México desde Centroamérica para tratar de llegar a los Estados Unidos.

Nos cobran hasta por entrar a nuestra casa, debemos pagar semanalmenteKevin, de apenas 8 años de edad, semanas atrás todavía se divertía con sus amigos de escuela, acaba de terminar el segundo año de primaria y su desempeño escolar fue “excelente”, comenta su madre, Jessica Sarai Miranda, mientras lo ve jugar en el albergue La 72, en la frontera sur de México.

Jessica es una joven madre de 25 años de edad que en compañía de su esposo, Manuel, dejó atrás su familia para intentar llegar a Estados Unidos donde vive una de sus hermanas. Ella es parte de los miles de migrantes que cada día se arriesgan a cruzar la frontera mexicana para atravesar el territorio y finalmente llegar a su destino.

Esta joven madre, desesperada por las pandillas de los maras que azotan su distrito, decidió salir con su esposo y sus dos hijos, Kevin y Brandon, de 4 años de edad, y arriesgarlo todo con tal de darle una mejor vida a su familia.

“Nos cobran hasta por entrar a nuestra casa, debemos pagar semanalmente porque de otra forma no podemos ingresar a la casa. La policía no puede entrar en territorio Mara y ellos gobiernan toda la zona norte y oriente de San Salvador”, relata la mujer, entrevistada a finales de julio.

Cruzar la frontera

Ese fue el motivo principal para dejar su país, aparte que no tenía un trabajo fijo y su esposo ganaba poco como chofer de tráiler.

Nos venimos en autobús y logramos burlar los retenes rodeando el caminoLa familia primero tomó el autobús que los trasladó hasta Tegucigalpa, Honduras, luego de ahí siguió la ruta de la mayoría de los migrantes centroamericanos, ingresó por Guatemala al territorio mexicano a través del municipio de Tenosique, Tabasco.

“Nos vinimos en autobús y logramos burlar los retenes rodeando el camino”, comenta Jessica. Debido a que algunos indocumentados llevan guías o coyotes, éstos ya conocen la ruta que deben seguir para evitar ser detenidos. “Sólo íbamos siguiendo al grupo”.

Una vez que cruzaron la frontera mexicana, la familia caminó más de 6 horas hasta llegar a la Casa del Migrante, conocido como el Albergue La 72,que se encuentra en  la entrada principal del municipio de Tenosique y que coordina el Fraile Tomás González Castillo. La pareja llegó muy cansada y los niños con bastante hambre y sueño. Eso era apenas el comienzo.

Sin dinero

Al llegar al refugio, Jessica ya no llevaba nada de dinero, todavía alcanzó a comunicarse con su madre en San Salvador para avisarle que habían llegado bien pero le pedía que se comunicara con su hermana para avisarle que estaban en Tenosique  y que ya no podían continuar por falta de recursos.

Jessica conoce poco de los riesgos que viven los migrantes que se atreven a subirse al tren llamado comúnmente La Bestia,por eso cree que al quedarse sin dinero tomar el ferrocarril para continuar el camino es lo mejor. “No sé si es un medio seguro”.

Pero los propios encargados de la Casa del Migrante aconseja no hacerlo porque es muy peligroso, no hay un solo migrante que no haya sido testigo de la muerte de un connacional en manos del crimen organizado. Casi todos los días, los periódicos publican noticias sobre el asesinato, violación o desaparición de algún indocumentado.

¿Qué pasará con ustedes si no logran comunicarse con sus familiares de Estados Unidos? Jessica comenta con resignación que lo más viable es pedir trabajo en México y hacer el trámite para obtener un permiso. Sin embargo, desde hace tiempo se dejó de realizar el papeleo en México y tiene que ser en su lugar de origen donde debe solicitarlo.

Protegidos en La 72

Jessica mira de reojo a sus niños, Kevin corre por la cancha que está a medio construir en la Casa del Migrante a donde llegaron casi desfalleciendo. Ahí de inmediato recibieron alimento, aunque el platillo, compuesto por verduras, no le gustó al pequeño Brandon y decidió acostarse sin cenar.

No quiero que mis hijos vivan en un lugar donde las pandillas controlan nuestras vidasLos niños no saben cuál será su destino, Brandon constantemente le dice a su mami que quiere regresar a su casa, Kevin, ya como “niño grande”, le comenta a su madre que será paciente.

¿Qué piensan hacer? "No nos queda otra que esperar, no sé, esperamos un milagro, yo quiero que mis hijos tengan una mejor vida, que sean felices y no tengan que vivir en un lugar donde las pandillas controlan nuestras vidas”.

Kevin y Brandon comparten en la Casa del Migrante un gran salón que sirve de habitación a los indocumentados, duermen junto a su madre en colchones un poco desgastados por el constante uso, y es que diariamente llegan más 20 personas pidiendo asilo, alimento y apoyo.

Los hombres duermen aparte, en otro salón, y si el espacio no es suficiente, los patios del albergue se utilizan como área de descanso, tal vez no haya comodidades pero son espacios seguros, saben que ahí pueden descansar tranquilamente, ahí nadie los molestara  ni tratará de amedrentarlos.

Los dos niños son parte de los 50 menores que se encuentran en este momento posando en el refugio, los pequeños comparten todo el espacio aunque no pierden la inocencia ni la sonrisa, se les puede observar corriendo por toda la casa, compartiendo los pocos juguetes que tienen.

Por la noche es un poco difícil conciliar el sueño pues con una temperatura de hasta 38 grados centígrados en verano, y ventanas descubiertas, los mosquitos impiden el descanso placentero; “ni modo, no hay de otra. A veces me paso las noches abanicando los moscos a mis hijos con tal de que puedan dormir”, agrega Jessica.

Los padres de Kevin tienen apenas un día de haber llegado al Albergue La 72, no saben si van a continuar o si acaso su hermana que vive en Estados Unidos le podrá enviar algo de dinero, el regreso no es la mejor opción, comenta con tristeza Jessica, sabe que volver es llegar a una tierra donde no hay esperanzas.