En Florida y alrededor del mundo se recordó el miércoles el tercer aniversario de la masacre en un club nocturno gay que dejó 49 muertos y decenas de heridos.

El gobernador Ron DeSantis ordenó izar las banderas estatales a media asta y pidió a todos que hicieran una pausa para recordar a las víctimas del tiroteo en el club Pulse de Orlando.

La representante demócrata Anna Eskamani criticó al gobernador republicano por no mencionar en su proclama que fue un ataque a la comunidad gay.

DeSantis tuiteó luego que el estado lamentaba la pérdida de vidas en un ataque a “las comunidades LGBTQ e hispana, y a Florida en su conjunto”.

A continuación, Eskmani tuiteó que “el activismo importa”.

El agresor Omar Mateen murió luego de un enfrentamiento de tres horas con la policía. Había jurado fidelidad al grupo Estado Islámico.

La masacre del club Pulse fue en su momento la del mayor número de víctimas de la historia moderna estadounidense. Fue superada en 2017 por la matanza en el Las Vegas Strip, con 58 muertos.

En el Senado en Washington, los dos senadores por Florida, republicanos ambos presentaron una resolución, aprobada por unanimidad, según la cual fue “un ataque a la comunidad LGBTQ, la comunidad hispana, la ciudad de Orlando, el estado de Florida y Estados Unidos”.

En Orlando, las iglesias hicieron sonar sus campanas 49 veces y se planeó un oficio por la noche frente al club Pulse, que permanece cerrado desde la matanza.

Algunos sobrevivientes se congregaron frente al club poco después de las 2 de la mañana, la hora en que comenzaron los disparos.

La dueña del Pulse, Barbara Poma, ha creado una fundación para erigir un monumento y un museo en el lugar. Se han recaudado unos 14 millones de dólares para el proyecto, que tiene un costo de 50 millones. Se han elegido seis firmas de diseño como finalistas y en los próximos meses se dará a conocer la ganadora. La inauguración está prevista para 2022.