Hace 35 años, varios universitarios guiados por un científico estadounidense comenzaban a realizar las primeras exhumaciones y análisis de restos de personas desaparecidas durante la última dictadura militar en Argentina. Con el tiempo, el laborioso trabajo de ese grupo de forenses los convirtió en referentes a nivel mundial para la investigación de violaciones a los derechos humanos.

El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) celebró el jueves en Buenos Aires su 35 aniversario con la certeza de que resta mucho por hacer para esclarecer en decenas de países los casos de víctimas de violaciones a los derechos humanos y de desaparecidos a causa de femicidios, violencia institucional, trata de personas y otras clases de criminalidad.

“Cuando éramos cinco o seis jóvenes que nos juntábamos en un bar y teníamos rebeldía, nos dimos cuenta que este trabajo se hacía con las familias, que era un trabajo diferente, una forma diferente de hacer ciencia”, dijo Luis Fondebrider, actual director del EAAF durante una ceremonia en el Centro Cultural de la Ciencia.

“Ahora pasamos a ser 70 profesionales, antropólogos, arqueólogos, genetistas, físicos, geólogos y con oficinas en Buenos Aires, Nueva York o México”, indicó.

El EEAF ha trabajado en la resolución de destacados casos, como la identificación de los restos del guerrillero argentino cubano Ernesto Che Guevara en una fosa común en Bolivia en 1997. En la actualidad sus expertos son peritos en la causa por la desaparición de 43 alumnos de la escuela de Ayotzinapa, en México, a petición de los familiares de las víctimas. También están involucrados en el Proyecto Frontera para identificar a migrantes mexicanos y centroamericanos muertos y desaparecidos en la frontera con Estados Unidos, que se estiman en unos 1.290 desde 2010.

Para que este grupo de forenses se diera a conocer internacionalmente fue clave la figura de Clyde Snow. En 1984, poco después de la dictadura (1976-1983), este científico visitó Argentina como integrante de una delegación de expertos forenses norteamericanos que habían respondido a la llamada de organismos de derechos humanos para encontrar e identificar a 30.000 desaparecidos.

Los expertos encontraron cientos de esqueletos exhumados sin identificar almacenados en bolsas plásticas en institutos médicos y legales. La delegación instó a que se detuvieran exhumaciones que no fueran científicas y comenzó a convocar a arqueólogos, antropólogos y médicos para realizar rigurosos desenterramientos y análisis de esqueletos.

Snow, que había llegado a Argentina como miembro de la Asociación Americana por el Avance de la Ciencia, formó a jóvenes universitarios en las técnicas de la arqueología y la antropología forense en fosas comunes de cementerios, ayudando así a la formación del EAAF.

Uno de los primeros trabajos del grupo fue la exhumación de los restos de Laura Carlotto, la hija de Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, quienes buscan a sus nietos nacidos durante el cautiverio de las detenidas por el régimen militar y luego fueron adoptados ilegalmente por otras familias.

Carlotto, presente en el acto, recordó “el respeto, la forma, el cuidado con la que se llevó a cabo la exhumación. Eran chicos, pero Snow estaba diciéndoles qué hacer”.

Según la dirigente humanitaria, el científico tomó huesos de la pelvis de su hija y le dijo: ‘Estela, eres abuela’.

“Eso me marcó la vida”, admitió Carlotto, quien pudo dar con su nieto Guido recién en 2014.

En 1986, el equipo comenzó a expandir sus actividades y con el correr de los años brindó asesoramiento en más de 30 países de América, Asia, África y Europa.

“Nuestro trabajo es fruto de la movilización en la calle en reclamo de justicia”, destacó Fondebrider. “Nos gusta vernos como parte de un proceso colectivo... que ha servido también para juzgar a los responsables”.

El equipo considera que la identificación de los restos de un ser querido es una gran fuente de consuelo para las familias que han sufrido el trauma de perderlo.

“Me siento muy agradecida por haber tenido su ayuda. Fue como cerrar un duelo”, dijo a AP Graciela Monzón, de 66 años, hermana de Reynaldo, quien desapareció durante el régimen militar de Argentina y fue hallado sin identificar en una fosa común de un cementerio al sur de Buenos Aires.

La organización no gubernamental lanzó recientemente una campaña en la que instó a familiares de víctimas a dar sus muestras de sangre para avanzar en los cotejos de ADN y visibilizar a los más invisibles, lo que permite a sus allegados completar el duelo de la pérdida dándoles el enterramiento que merecen.

En Argentina exhumaron restos de más de 1.400 desaparecidos e identificaron a 795 de ellos.