Naciones Unidas dijo el lunes que no se avanzó en el tratamiento de los motivos que llevaron a más de 700.000 musulmanes rohinya a huir desde el estado de Rakhine, en el oeste de Myanmar, a Bangladesh, señaló el jefe de asuntos humanitarios del organismo.

A su vuelta de una visita a Bangladesh, Mark Lowcock apuntó que Myanmar ha fallado "para aplicar medidas que fomenten la confianza y persuadan a la gente de que es seguro regresar”.

Todos los refugiados con los que habló no creían que fuese seguro volver a la región y querían garantías acerca de asuntos como la libertad de movimiento y el acceso a la educación, empleos y servicios, agregó.

Myanmar, una nación de mayoría budista, considera que los rohinya son "bengalís" de Bangladesh aunque sus familias lleven generaciones viviendo en el país. A casi todos se les ha negado la nacionalidad desde 1982, lo que los convierte en apátridas de facto, y tampoco tienen libertad de movimiento ni otros derechos básicos.

La última crisis comenzó por los ataques de un grupo insurgente clandestino rohinya a las fuerzas de seguridad birmanas en agosto de 2017 en el norte de Rakhine. El ejército de Myanmar respondió con una campaña brutal y está acusado de violaciones masivas, asesinatos y de quemar cientos de viviendas en lo que los críticos describieron como limpieza étnica, o incluso genocidio.

Lowcock dijo a un pequeño grupo de reporteros que está “extremadamente preocupado” porque la petición de fondos que lanzó la ONU _ 962 millones de dólares para atender a los refugiados rohinya y a las comunidades que los acogen en Bangladesh este año _ solo se ha cubierto al 17%.

"Creo que el mundo podría estar perdiendo interés”, agregó. "El año pasado, tuvimos el 70% de lo que pedimos".

“Si no obtenemos el financiamiento, las consecuencias serán graves” para proporcionar raciones de alimentos o atención médica, entre otros servicios, advirtió.