Más de 200 personas murieron y cientos resultaron heridas en nueve explosiones que sacudieron iglesias, hoteles y otros sitios en Sri Lanka el Domingo de Resurrección, el peor episodio de violencia en el país del sur de Asia desde el final de su guerra civil hace una década.

El ministro de Defensa, Ruwan Wijewardena, dijo que se trataba de un ataque terrorista cometido por extremistas religiosos, y la policía indicó que 13 sospechosos habían sido arrestados, aunque hasta el momento nadie se había adjudicado la responsabilidad. Se cree que la mayoría de los estallidos fueron detonados por atacantes suicidas, dijo Wijewardena.

Las explosiones _la mayor parte de ellas en la ciudad de Colombo o en sus alrededores_ provocaron el desplome de techos y el estallido de ventanas, matando a feligreses y huéspedes en una escena tras otra de humo, sangre, vidrios rotos, gritos y aullido de alarmas. Las víctimas fueron retiradas de las bancas llenas de sangre.

“Arrastraban a la gente para sacarla fuera”, dijo Bhanuka Harischandra, de Colombo, fundador de una compañía tecnológica de mercadotecnia que se dirigía al hotel Shangri-La de la ciudad para asistir a una reunión cuando éste fue atacado.

“La gente no entendía qué estaba pasando. Prevalecía el pánico y había sangre por todas partes”, agregó Harischandra, de 24 años.

La mayoría de los muertos eran esrilanqueses. Pero los tres hoteles donde ocurrieron estallidos, y una de las iglesias, son frecuentados por turistas extranjeros. La cancillería de Sri Lanka dijo que se recuperaron los cadáveres de al menos 27 ciudadanos de diversos países.

Estados Unidos indicó que hay “varios” estadounidenses entre los muertos, mientras que Gran Bretaña, China y Portugal dijeron que también perdieron ciudadanos.

El gobierno de Sri Lanka impuso un toque de queda a nivel nacional desde las 6 de la tarde a las 6 de la mañana y bloqueó Facebook y otras redes sociales, diciendo que necesitaba restringir la difusión de información falsa y disminuir las tensiones en el país de unos 21 millones de habitantes.

El primer ministro Ranil Wickremesinghe dijo que temía que la masacre pudiera desatar inestabilidad en Sri Lanka, y se comprometió a “darle todos los poderes necesarios a las fuerzas de defensa” para actuar contra los responsables.

El arzobispo de Colombo, el cardenal Malcolm Ranjith, exhortó al gobierno del país a castigar “sin piedad” a los responsables “porque sólo los animales se pueden comportar así”.

Al menos 207 personas murieron y 450 resultaron heridas, dijo Ruwan Gunasekara, portavoz policial. La policía halló una casa y una camioneta utilizados por los atacantes, agregó.

La magnitud del derramamiento de sangre hizo recordar los peores días de la guerra civil de 26 años en Sri Lanka, en la que los Tigres Tamiles, un grupo rebelde de la minoría étnica tamil, intentó independizarse del país de mayoría budista. Los Tamiles son hindúes, musulmanes y cristianos.

Sri Lanka, ubicada al sur de la India, es aproximadamente 70% budista. Aunque en los últimos años ha habido incidentes de acoso a los cristianos, no tienen comparación con lo ocurrido el domingo.

Tampoco hay antecedentes de extremistas musulmanes violentos en Sri Lanka. Sin embargo, recientemente ha habido tensiones entre monjes budistas ortodoxos y musulmanes.

Dos grupos musulmanes en Sri Lanka condenaron los ataques a las iglesias, al igual que diversos países en el mundo, y el papa Francisco expresó sus condolencias al concluir su bendición tradicional del Domingo de Resurrección en Roma.

“Quiero expresar mi afectuosa cercanía con la comunidad cristiana, atacada mientras estaba reunida en oración, y a todas las víctimas de esa violencia tan cruel”, afirmó.

Seis explosiones casi simultáneas se produjeron en la mañana en un templo y en los hoteles Cinnamon Grand, Shangri-La y Kingsbury en Colombo, así como en dos iglesias en las afueras de la ciudad, según el general de brigada Sumith Atapattu, portavoz de las fuerzas armadas de Sri Lanka.

Después de algunas horas, otras dos explosiones ocurrieron en las afueras de Colombo, una de ellas en una casa de huéspedes, donde murieron dos personas, y la otra cerca de un paso a desnivel, dijo Atapattu.

Además, tres policías murieron durante un allanamiento en una vivienda en las afueras de la ciudad cuando sus ocupantes aparentemente detonaron explosivos para evitar ser arrestados, dijeron las autoridades.

El restaurante en el segundo piso del Shangri-La quedó destrozado, sin ventanas y con el techo dañado. Había cables colgando y mesas volcadas en el espacio ennegrecido. Desde el exterior del cordón colocado por la policía era posible ver tres cadáveres cubiertos con sábanas.

Los turistas extranjeros recurrieron a sus teléfonos celulares para avisarles a sus familiares que se encontraban ilesos. Visitantes de todo el mundo acuden a Sri Lanka para ver elefantes, plantaciones de té, monumentos budistas antiguos y otros atractivos.

“Sentía que el país estaba dejando atrás la violencia, y en especial la gente en el sector turístico tenía esperanza en el futuro”, dijo el turista Peter Kelson, gerente de tecnología en Sydney. “Además de la tragedia de las víctimas directas de los atentados, me preocupa que estos sucesos terribles harán retroceder significativamente al país”.

Las personas que trabajan en el vital sector turístico de Sri Lanka estaban conmocionadas y molestas por el derramamiento de sangre.

“Después de tantos años, de nuevo esto”, dijo Gamini Francis, de 56 años, trabajador hotelero desde hace tiempo. “Muchas personas van a perder sus empleos. Cien por ciento seguro. Es trágico. Gente loca que mata a gente inocente”.

Las fuerzas esrilanquesas derrotaron a los Tigres Tamiles en 2009, poniendo fin a una guerra civil que cobró más de 100.000 vidas, y en la que ambas partes fueron acusadas de graves violaciones a los derechos humanos.

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Los periodistas de The Associated Press Sheila Norman-Culp y Gregory Katz en Londres; Sarah DiLorenzo en Nueva York; Jon Gambrell en Dubai, Emiratos Árabes Unidos; Vladimir Isachenkov en Moscú; Nicole Winfield en el Vaticano; Adam Schreck en Bangkok; y Emily Schmall en Nueva Delhi contribuyeron con este despacho.