El inicio de la investigación del fiscal especial Robert Mueller alarmó de tal manera a Donald Trump que pensó que iba a ser el fin de su presidencia, así que trató de detenerla.

Al tratar de parar la investigación durante meses, el mandatario de Estados Unidos puso a prueba los límites de los poderes presidenciales y de la ley, dejando ver un comandante en jefe consumido por los intereses propios, buscando hacer que sus subalternos mintieran y ocultaran la verdad en su nombre.

El hecho de que muchos de ellos se negaron pudo haber contribuido a que Trump no sea acusado de obstrucción de justicia.

Al final, esos asesores sirvieron efectivamente como salvaguardas de una Casa Blanca que muchas veces parece desprotegida.

Un asesor de la Casa Blanca le dijo al presidente que preferiría renunciar antes que despedir a Mueller. Un alto asesor de la Casa Blanca ignoró discretamente un pedido de pasar un mensaje al secretario de Justicia, quien ya se había recusado de la investigación.

"Los incidentes muchas veces ocurrieron a través de reuniones uno a uno en los que el presidente trató de usar su poder oficial más allá de las vías regulares", escribió Mueller en su reporte expurgado _con muchas partes ocultadas intencionalmente con franjas negras_ de 448 páginas.

Las anécdotas incluidas por el fiscal especial pintan un retrato irrefutable de un presidente consumido por la investigación.

Incluso después de las revelaciones sobre la inclinación de Trump de mentir o presionar a otros para que lo hicieran durante más de dos años, el informe de Mueller destacó, sin lugar a dudas, la indiferencia del presidente hacia las normas de gobierno y su voluntad para poner a prueba tanto los límites legales como los políticos.

Trump y sus asesores pueden resaltar el hecho de que la investigación de dos años no terminó con cargos penales contra el presidente, no solo por obstrucción sino también por conspiración ilícita con Rusia para ayudarle a ganar la elección del 2016.

Aunque muchas personas allegadas a Trump _como el exasesor de seguridad nacional Michael Flynn y el expresidente de la campaña presidencial de Trump Paul Manafort_ sí se declararon culpables de delitos, no se presentaron cargos contra ningún estadounidense por asociación ilícita con Moscú.

"Lo que más dirá él ahora es que él sigue siendo presidente, que va a seguir en la presidencia y que va a ser reelegido porque los demócratas no tienen nada" en su contra, opinó Kellyanne Conway, alta asesora de la Casa Blanca, sobre Trump.

Efectivamente, no se sabe cuál será el próximo paso de los demócratas. Algunos legisladores probablemente seguirán presionando para hacerle un juicio político a Trump, aunque los líderes del partido son escépticos de dar ese paso.

El presidente de la Comisión de Asuntos Jurídicos de la cámara baja, Jerrold Nadler, ha pedido que Mueller testifique ante su panel dentro de unas semanas y ha ordenado recibir el reporte completo de Mueller y las pruebas del caso.

No obstante, el fin de la investigación de Mueller hizo más que dar respuestas sobre si Trump y sus allegados cometieron delitos. La pesquisa resaltó hasta donde ha llegado Trump para poner a prueba los límites de la presidencia y alentar a otros a ayudarlo.

El representante demócrata Adam Schiff, presidente de la Comisión de Inteligencia de la cámara baja, dijo que si bien las acciones de Trump podrían no haber sido penales, sí fueron "deshonestas, faltas de ética, inmorales y nada patrióticas".

Las medidas de Trump estuvieron en línea con su comportamiento como empresario cuando contrató a un equipo de abogados y especialistas para que lo protegieran de problemas legales.

Uno de esos viejos confidentes, el abogado Michael Cohen, cayó después de una investigación derivada de la investigación de Mueller, centrada en pagos que hizo durante la campaña de 2016 para sobornar a dos mujeres que presuntamente tuvieron relaciones extramatrimoniales con Trump.

En otras áreas de su gobierno, Trump también presionó los límites legales. Él ordenó repetidamente a asesores de inmigración para que tomaran medidas que ellos consideraron ilegales, como evitar que los inmigrantes solicitaran asilo. Hace unas semanas, cuando fue evidente que esos asesores no cumplirían sus órdenes, él ordenó una reorganización de la cúpula del Departamento de Seguridad Nacional.

El informe de Mueller detalla casos parecidos a ese comportamiento.

La anécdota más asombrosa ocurrió en junio de 2017, cuando Trump ordenó al abogado de la Casa Blanca Don McGahn que llamara al subsecretario de Justicia Rod Rosenstein, quien entonces supervisaba la investigación de Mueller, y le dijera que Mueller debía de ser despedido porque tenía conflictos de interés. McGahn se negó, diciendo que prefería renunciar que desatar una posible crisis constitucional.

Dos días después, el presidente trató de alterar la investigación de otra manera.

Durante una reunión con el exadministrador de su campaña de 2016 Corey Lewandowski, le dictó un mensaje para que luego lo entregara al entonces secretario de Justicia Jeff Sessions.

Aunque Sessions ya se había recusado de la investigación, Trump le estaba ordenando que dijera públicamente que la investigación era "muy injusta" para el presidente, que Trump no había hecho nada malo y que Mueller debería de limitar su pesquisa a "investigar la interferencia electoral para futuras elecciones".

Lewandowski no quiso entregar el mensaje, de acuerdo con Mueller, así que le pidió al alto asesor de la Casa Blanca Rick Dearborn que lo hiciera. A Dearborn no le pareció bien el pedido, dijo Mueller, así que no pasó el mensaje.

La mayoría de los asesores que incumplieron los pedidos de Trump ya no trabajan para el gobierno del presidente.

An AP News Analysis