Bolivia: feria aymara de animales rememora Domingo de Ramos

Tras la llovizna de la noche el aire huele a oveja mojada en el mercado donde indígenas llegan a vender y comprar animales en una singular feria callejera anual en los suburbios de esta ciudad...

Tras la llovizna de la noche el aire huele a oveja mojada en el mercado donde indígenas llegan a vender y comprar animales en una singular feria callejera anual en los suburbios de esta ciudad boliviana de rostro aymara.

Se llama Feria de Ramos en honor a la celebración católica del Domingo de Ramos y está dedicada a la compra y venta de animales como en los tiempos bíblicos, aunque con el tiempo se ha convertido en una feria más en esta ciudad dominada por el comercio informal.

Armando Risalazu trajo desde el vecino Puno en Perú sus ovejas Hampshire, “para que crucen y mejoren la raza de la oveja común (criolla)”.

“No me puedo quejar, la venta está bien nomás”, dice. La más barata vale el equivalente a 100 dólares y la más cara alcanza los 210. En un corral improvisado en la calle, las ovejas se arremolinan y el balido no deja escuchar el regateo. Cada animal lleva anotado su nombre en la oreja para facilitar la venta: Jorge, Pilar, Paul, Lola, Pepe, Rosa y Lucho son algunos.

Aunque este año dominan las ovejas, también se venden cerdos pequeños, patos, conejos y gallinas junto a herramientas de labranza, sogas para el acarreo de animales y hasta arados de madera. Sólo en un puesto se expenden hojas de palma para la misa del Domingo de Ramos.

Poco más allá, tendidos en el piso, se ofrecen víveres, ropa, fruta, verduras, discos compactos piratas y hasta una antena satelital.

Julia Ramos aviva la llama de su cocina improvisada para que no se enfríe su venta de pescado frito que ha traído del lago Titicaca, cerca de aquí en el altiplano de Bolivia.

El vicealcalde del barrio de San Roque, Hugo Dávalos, dice que quiere convertir la feria en un gigante mercado callejero como muchos en esta ciudad ubicada a 3.900 metros de altitud, vecina de La Paz, de poco más de un millón de habitantes y de fuerte migración rural.

“El comercio trae progreso a los barrios”, asegura.

Pero la feria de animales todavía mantiene su antigua raíz de regateo y es un espacio de encuentro social y cultural donde indígenas de pueblos aymaras se dan cita para abastecer su corral.