Sin referencias a temas delicados y con un discurso de agradecimiento y despedida, el cardenal Ricardo Ezzati, uno de los principales jerarcas de la Iglesia chilena, dejó su cargo el domingo tras semanas marcadas por escándalos por varias acusaciones de encubrimientos de abusos sexuales.

Luego de unas semanas especialmente convulsas y difíciles para Ezzati y luego de que el papa Francisco aceptara su renuncia el sábado, el Arzobispo de Santiago dejó oficialmente su cargo en la homilía del domingo y se lo traspaso a Celestino Aos, nuevo administrador designado por el pontífice.

“Con clara conciencia también pido perdón por mis debilidades y mis flaquezas y estoy confiado en la misericordia de Dios, creo profundamente en la verdad, y creo profundamente en la justicia”, afirmó Ezzati, en su discurso de despedida en que agradeció a quien trabajó con él durante sus años en el Arzobispado de Santiago y al papa Francisco por su decisión, a la vez que dio la bienvenida a Aos.

Ezzati tiene que enfrentar al menos dos investigaciones judiciales por acusaciones de encubrimiento de abusos sexuales. Por una de esas causas que investiga la violación de una persona en la Catedral de Santiago, tendrá que presentarse esta semana en la fiscalía. La otra causa se refiere al encubrimiento del excanciller del Arzobispado, a cargo de la investigación de delitos sexuales en su momento, Oscar Muñoz, que confesó haber abusado de menores.

Aos, sacerdote capuchino de origen español y hasta el sábado obispo de Copiapó (700 kms al norte de Santiago), asumió su cargo haciendo referencia explícita a este tema que ha marcado a la Iglesia Católica chilena en los últimos años y precipitado de forma vertiginosa el descenso de sus fieles en un país históricamente con fuerte tradición católica.

“De modo especial atenderemos y serviremos a los que sufren atropello a su dignidad de persona, resultado de abusos y delitos absolutamente injustificables e intolerables por parte de clérigos. No bastan retoques de maquillaje. Necesitamos reformas y cambios profundos”, señaló en su primer discurso ante los fieles de la capital.