En algunos sentidos, el escándalo en torno a la compra de admisiones de hijos de ricos a las mejores universidades revelado por fiscales parecía casi inevitable. Expertos en cuestiones éticas dicen que los estadounidenses se ven bombardeados a diario por relatos de corrupción, codicia y comportamientos amorales, al punto de que muchos se preguntan si tiene sentidos respetar las reglas.

Ya sea manipulando el sistema para garantizar la admisión a una casa de estudios de elite o burlando las leyes y las normas éticas para evadir impuestos, estafar a los clientes o conseguir ganancias ilícitas, el comportamiento inmoral ha estado siempre presente en la historia de Estados Unidos. Pero parece legítimo decir que lo que ocurre hoy en día llega a otros niveles, con una constante andanada de escándalos que involucran a bancos, empresas farmacéuticas, organizaciones deportivas y funcionarios del gobierno, entre otros.

“Hay un afán por sacar ventaja más intento que en el pasado”, manifestó Cal Jillson, profesor de ciencias políticas de la Universidad Metodista del Sur (Southern Methodist University). "Siempre estuvo allí, pero ahora es más amplio y hay elementos de la sociedad que antes respondían a ciertas normas sociales y profesionales que ya no lo hacen”.

El escándalo en torno a las admisiones que revelaron esta semana las autoridades es el más grande de su tipo jamás manejado por el Departamento de Justicia. Cincuenta individuos fueron imputados en relación con una maniobra en la que personas ricas pagaron unos 25 millones de dólares para sobornar a técnicos de equipos deportivos y otro personal, con el fin de facilitar la admisión de sus hijos a algunas de las mejores universidades del país.

“No creo que a nadie le sorprenda el que a los hijos de los ricos les resulte más fácil cursar estudios en las principales universidades”, declaró Nick Smith, profesor de filosofía de la Universidad de New Hampshire. “Llevan todas las de ganar, por más que no puedan comprar directamente su admisión”.

“Lo novedoso aquí es que todas esas considerables ventajas no les bastan a algunos, que están dispuestos a hacer lo que sea para comprar su admisión”, agregó Smith. “Es como si el concepto de justicia se estuviese resquebrajando y la corrupción asomase casa vez más a la superficie de nuestras instituciones más preciadas”.

Algunos que violan las normas son pillados, desde ya. Martin Shkreli, quien causó indignación al aumentar un 5.000% el precio de una medicina importante, cumple una condena a siete años de cárcel por fraude. Paul Manafort, quien llegó a dirigir la campaña presidencial de Donald Trump, irá a prisión por ocultar su trabajo para otros países, lavado de dinero y manipulación de testigos para que declarasen a su favor.

El cinismo del público en relación con los valores morales de Estados Unidos es alto. La última edición de la encuesta anual sobre valores morales que lleva a cabo Gallup desde el 2002, realizada en junio del año pasado, reveló que un 49% de los consultados --la cifra más alta registrada hasta ahora-- considera que los valores morales de Estados Unido son malos y solo un 14% los calificó de buenos o excelentes.

La percepción de que el comportamiento inmoral es cada vez más común puede tener un efecto dominó, según Andrew Cullison, profesor de filosofía y directos del Instituto sobre Ética Prindle de la Universidad DePauw.

“La gente cree que si se erosionan los valores morales, no deben respetar las normas”, expresó. “Si pierden la fe en una entidad o institución, esa organización pierde el derecho a esperar se cumplan las reglas”.

Cullison dijo que el presidente Donald Trump y su gobierno podrían estar contribuyendo a esas percepciones al hacer a un lado normas éticas tradicionales. Trump, por ejemplo, se negó a difundir sus declaraciones de ingresos, algo que los presidentes hacen desde hace tiempo-- y no se deshizo de sus negocios.

“La verdad objetiva es que se están violando normas de conducta”, sostuvo Cullison. “En lo que la gente no se pone de acuerdo es en qué tan grave es eso. Si consigues lo que quieres (en el plano político), estarás más dispuesto a hacer la vista gorda”.

Jordan Libowitz, vocero de Ciudadanos por la Responsabilidad y la Ética en Washington, que estudia esos valores en la capital, señaló que varios miembros del gabinete de Trump están siendo investigados por posibles violaciones a las normas éticas.

“Hay un patrón de ignorar la ética que no se veía antes”, declaró Libowitz. “Sienta un peligroso precedente para los futuros gobiernos. Cuando se ignoran las normas éticas y no se hace nada al respecto, ese comportamiento pasa a ser normal”.

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David Crary está en https://twitter.com/CraryAP