Docenas de figuras diablescas bailaron y convulsionaron al sonido de cencerros mientras perseguían a espectadores con horquetas en Alsasua como parte del carnaval en esta ciudad al norte de España.

Alsasua es uno de varios municipios en esta remota región ubicada a las faldas de los montes pre-pirenaicos que todavía honran la colorida festividad local cuyo origen se desconoce.

Llamadas "momotxorros" en el idioma vasco, estas criaturas mitad humanas mitad animales llevan pieles de oveja sobre la espalda y largos trozos de sábanas blancas manchadas con sangre de animal en el frente.

Cuernos de toro coronan sus cabezas sobre cestos normalmente usados para productos agrícolas, mientras que crines cubren sus rostros anónimos para la desenfrenada celebración.

Los "momotxorros" bailan alrededor de fogatas y deambulan por las calles adoquinadas de este poblado de 7.500 habitantes hasta que todos convergen en una plaza central para un gran final en el que danzan en un gran círculo. Para entonces, se les han unido otros personajes míticos que incluyen a un macho cabrío conocido como "akerra" — en representación del diablo — y libidinosas "sorginak", o brujas.

En el cercano pueblo de Lesaka, los vecinos se visten como los tradicionales personajes carnavalescos de "Zaku Zaharrak", que significa "viejo saco" en vasco. Tras la puesta del sol, se cubren los rostros con pañuelos blancos, se meten en sacos rellenos de paja y, sosteniendo palos con vejigas de animal infladas usadas para pegar a la gente, desfilan durante horas por el pueblo bailando y cantando mientras una banda toca música.

Entretanto, los vecinos del poblado de Lantz desfilan con un gigante "Miel Otxin", un legendario bandolero que es el símbolo de sus carnavales. La paja que rellena el muñeco "Miel Otxin" se extrae luego y se quema.

Estas tradiciones se celebran desde hace siglos días antes del inicio oficial de la cuaresma, el periodo de 40 días en el que los cristianos se preparan celebrar la Pascua y conmemorar la muerte de Cristo. Estuvieron prohibidas durante la dictadura del general Francisco Franco de 1939 a 1975, pero desde principios de la década de 1990 fueron retomadas.

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El periodista de AP Aritz Parra contribuyó a este despacho desde Madrid.