Camila Díaz, una mujer transgénero salvadoreña cansada de la violencia en su país, decidió huir hacia Estados Unidos. Llegó ahí, se entregó a las autoridades, les dijo que su vida corría peligro, no le creyeron y fue deportada.

Hoy está muerta y entre la comunidad LGBTI existen dudas de que haya sido un accidente como hasta ahora han sugerido las autoridades.

La Asociación Solidaria para Impulsar el Desarrollo Humano, ARCOIRIS TRANS, pidió el sábado al Ministerio Público que investigue a fondo la muerte de Camila, de 29 años y quien era trabajadora sexual en las calles de San Salvador.

“Dicen que fue atropellada”, dijo a The Associated Press Mónica Linares, que dirige ARCOIRIS TRANS. “Pero apareció lejos de donde ella estaba trabajando, sabemos que ella tenía múltiples golpes y creemos que la asesinaron”.

Según la organización, Camila desapareció la noche del 30 de enero cuando trabajaba en una calle de la capital y fue encontrada la madrugada del 31 con múltiples golpes, pero aún con vida, en la periferia este de la capital salvadoreña. Estaba “muy lejos de donde ella estaba”, dijo Mónica.

Rescatistas la trasladaron al hospital Rosales de San Salvador, donde murió el 3 de febrero.

En la oficina de comunicaciones de la Fiscalía General de la República informaron a la AP que el caso se investiga como “homicidio culposo por atropellamiento”.

Virginia Flores, que por muchos años compartió vivienda con ella, dijo que Camila se fue a Estados Unidos tras haber sido víctima de diversos hechos de violencia. Aseguró que en 2014 presentó en la policía una denuncia por agresiones.

Según la organización, la mujer los visitó el 29 de enero, buscando ayuda porque ya no quería seguir haciendo trabajo sexual para sobrevivir.

Virginia dijo que en el 2016, junto a Camila y otras dos mujeres trans, emprendieron el viaje hacia los Estados Unidos, pero apenas lograron llegar a Tapachula, México, donde asegura fueron víctimas de agresiones y fueron a parar al hospital. El viaje se frustró.

Pero Camila estaba decidida a emigrar y en agosto de 2017 viajó nuevamente a Estados Unidos y logró llegar a la frontera sur donde se entregó a las autoridades de migración. Sin embargo, fue deportada en noviembre.

Mónica señaló que El Salvador no cuenta con políticas inclusivas suficientes para brindar atención a la población LGTBI y en específico a las mujeres trans.

Además, dijo, muchas mujeres trans consideran que una de las pocas opciones que tienen en El Salvador es el trabajo sexual en las calles.

El Salvador es considerado por Amnistía Internacional como uno de los países más peligrosos del mundo para las mujeres. La nación centroamericana también tiene una de las tasas de homicidios más altas en todo el mundo.