Víctimas de abuso piden renuncia de arzobispo en Costa Rica

Arnoldo Villalta decidió dejar el anonimato y contar de frente la historia de abuso por la que presentó una denuncia ante la Iglesia Católica hace dos años.Mientras en Roma el papa Francisco convocó...

Arnoldo Villalta decidió dejar el anonimato y contar de frente la historia de abuso por la que presentó una denuncia ante la Iglesia Católica hace dos años.

Mientras en Roma el papa Francisco convocó a obispos para tratar el tema de los abusos sexuales cometidos por sacerdotes contra menores, Villalta alzó la voz en Costa Rica para que el arzobispo de San José, José Rafael Quirós, renuncie por el supuesto encubrimiento de los abusos en el país.

Las acusaciones contra Quirós por encubrimiento no son nuevas, pues las presuntas víctimas de abuso de otro sacerdote, Mauricio Víquez, también señalan al líder de la Iglesia Católica costarricense de haber conocido los hechos y no tomar acciones.

Por el caso, el arzobispo Quirós decidió no asistir al encuentro con Francisco en Roma.

Víquez se encuentra prófugo y desde esta semana pesa sobre él una solicitud de orden de captura internacional.

Villalta, quien hoy tiene 54 años, asegura haber sido víctima de abuso sexual por parte del sacerdote Hernán Castillo, entonces párroco de la Iglesia de La Soledad, una de las cuatro parroquias que rodean la Catedral Metropolitana en el centro de San José. Según Villalta, en 1983 su familia tenía un negocio de floristería y sus servicios fueron requeridos por el padre Castillo. Entonces tenía 17 años y asegura que todo comenzó como una amistad llena de atenciones y regalos.

“Empezó con toqueteos, invitaciones, abrazos, regalitos, al punto en que llegó a violarme”, aseguró. “En ese momento yo perdí el amor por mi padre, porque siempre dijo que esto no me había pasado sino que yo lo había buscado, lo que no es cierto. Jamás busqué esto me pasara, como muchos hombres que no denuncian esta situación”, agregó Villalta.

El denunciante contó que su madre era una mujer muy católica y fue hasta su muerte que pudo hacer la denuncia, hace dos años.

“Hoy por hoy, dos años después, fueron notificados mis testigos, a los cuales presentamos a la Curia por la presión que hemos ejercido. Hoy por hoy, Monseñor José Rafael Quirós me atendió en una sola oportunidad”, dijo. “Este señor está tapando todo”.

“José Rafael Quirós se ha escondido tras la investidura que tiene para tapar no solamente lo mío, lo que sucede con el padre Hernán Castillo sucede con el Padre Víquez”, dijo Villalta tras solicitar públicamente que el obispo renuncie.

Sobre el caso de Villalta, el canciller de la Curia Metropolitana de San José, Rafael Sandí, negó que se les estuvieran dando largas al caso y aseguró que el sacerdote Hernán Castillo se encuentra hoy en un asilo de ancianos y su avanzada edad le impide contar con su memoria para defenderse.

Sandí entregó a la prensa los documentos médicos de Castillo en los que se afirma que el sacerdote ya no está en plenitud de sus condiciones mentales.

“El momento del retiro del padre Castillo por enfermedad coincidió con la denuncia hace dos años. Él (Villalta) tiene que presentar las pruebas. Habla de tres testigos y los testigos que se citaron desde noviembre de 2017. El señor frecuentemente viene, trata mal al personal que está aquí. Le pedí que escriba a mi correo para que quede constancia de todo”, aseguró Sandí.

El vocero de la Iglesia rechazó “categóricamente” que no se quiera avanzar con esta denuncia e insistió en que Villalta sólo ha presentado un testigo hasta el momento.

“Recuerden que la cumbre de protección de menores iniciada hoy va tanto en la línea de protección de las víctimas, como la defensa de los acusados. El padre Castillo está en una situación difícil, tiene 84 años y los problemas cognitivos que tiene”, reiteró.

Sandí comentó que la máxima sanción que puede recibir el sacerdote en el proceso canónico es la expulsión del clero.

Villalta, junto a los denunciantes del caso de Mauricio Víquez, organizaron una pequeña manifestación en las afueras de la Casa Arzobispal en San José, para insistir en la renuncia del Arzobispo Quirós.