¿A qué se enfrenta un menor inmigrante en situación irregular cuando pone un pie en EU?

El gobierno de Barack Obama está teniendo serias dificultades para controlar la oleada de niños migrantes que cruzan al país de forma irregular solos e indocumentados. Unos 47,000 han sido detenidos en la frontera sur en los últimos ocho meses y las previsiones adelantan que la cifra continuará creciendo en lo que resta de año fiscal.

Los menores sin visa serán deportados Una de las respuestas de Washington ha sido pedir a las familias que no les envíen solos mediante redes de tráfico de personas ya que no obtendrán ningún beneficio migratorio al llegar. Jeh Johnson, secretario de Seguridad Nacional (Department of Homeland Security), ha sido tajante al respecto: "Los menores sin visa serán deportados".

El mensaje ha sido lanzado a los ciudadanos de Honduras, El Salvador y Guatemala, principales países de origen de los menores. En esta zona de Centroamérica, la pobreza y la inestabilidad económica, pero especialmente las elevadísimas tasas de violencia, crimen y homicidios están llevando a miles de niños y niñas a jugarse la vida en un viaje que a veces ni siquiera logran terminar con éxito, debido a la cantidad de peligros a los que se exponen en el camino.

Ya que la ley sobre deportaciones en Estados Unidos no es igual para todos los menores, si un niño mexicano es detenido cruzando de forma irregular se le permite regresar por su propio pie porque la frontera es contigua. Según Kimi Jackson, directora de la ONG Probar que provee de servicios legales a los menores que llegan solos y son detenidos, "el 95% de los niños mexicanos se acoge al retorno voluntario" así que la Patrulla Fronteriza los devuelve a México sin encerrarlos, "la mayoría salen caminando".

"Allí están en celdas, como en una cárcel"

El problema para las autoridades estadounidenses lo representan principalmente los niños centroamericanos, ya que ellos no pueden ser expulsados de forma inmediata. Tras ser detenidos por agentes de la Patrulla Fonteriza, les esperan varios días encerrados en centros de detención para inmigrantes ilegales, instalaciones pensadas para adultos y más parecidas a una cárcel que a un centro de acogida.

Ahora con tantos niños, todas las camas están llenas y no se les puede trasladar porque no hay dónde meterlosUna vez allí, se les interroga para conocer su nombre, edad y país de origen, y la ley establece un plazo de 72 horas para que el Departamento de Seguridad Interna ponga bajo custodia de las autoridades sanitarias a los menores que viajan solos. Sin embargo, esto no está ocurriendo en la práctica.

Jorge-Mario Cabrera, director de comunicaciones de Chirla (Coalition for Humane Immigrant Rights of Los Angeles), afirma que allí dentro los niños están en condiciones no apropiadas y sin el cuidado médico que requieren, ya que "muchos llegan cansadísimos, enfermos o lesionados tras el viaje".

El cometido del Departamento de Salud es sacar cuanto antes a los niños de estos centros y derivarlos a albergues estatales que sí han sido acondicionados para acoger menores, sin embargo, "ahora con tantos niños, todas las camas están llenas y no se les puede trasladar porque no hay donde meterlos. Algunos pueden pasar hasta diez días esperando en los centros de detención, encerrados en celdas como en una cárcel, además por la falta de espacio hay demasiados niños en cada celda. Allí pasan mucho frío y hay poco para comer", explica Jackson a 20minutos.

El portavoz de Chirla asegura que a ellos se les niega el acceso al interior de estos centros, "pero sabemos por una familia hondureña que tuvo tres niños dentro que se les da  de comer sólo dos veces al día sandwiches helados de salami. La hermana menor de seis años lloraba todo el tiempo por hambre, y nos reportaron con imágenes que algunas celdas para acoger a cinco varones están ocupadas por hasta veinte niños. No son lugares que tengan a bien la seguridad de los niños", insiste.

Algunas celdas para acoger a cinco varones están ocupadas por hasta veinte niñosEl objetivo ideal de las autoridades siempre es la reunificación con familiares residentes en Estados Unidos, explican las organizaciones, algo que no siempre ocurre porque algunos niños no tienen a nadie al otro lado de la frontera, pero incluso cuando finalmente se localiza a un padre, madre, tío, abuelo o primo que quiera hacerse cargo de los pequeños, "esta situación llega siempre después de que los menores hayan pasado sueño, hambre, frío y muchísimo miedo en los centros de detención", recalca Cabrera.

Cuando las camas van quedando libres en los albergues del sistema ORR (Office Refugees Resettlement), a cargo del gobierno nacional, los menores aún sin tutelar son derivados allí, donde legalmente pueden permanecer —en condiciones mucho más dignas— un máximo de 33 días, un tiempo en que las autoridades deben seguir trabajando por ubicar a un familiar, tenga o no la residencia legal, de los menores en el país y entregárselo eventualmente.

"Los menores permanecen bajo la custodia de estos familiares hasta la fecha de su comparecencia ante una Corte de Migración para iniciar el proceso judicial de deportación a sus países de origen. No suelen tener la cita con el juez antes de este mes que pasan en los albergues", explica la vocera de Probar.

Bloqueo administrativo en los consulados

Uno de los motivos por los cuales las autoridades se demoran tanto en ubicar a los familiares de los niños es que no existe comunicación entre el Departamento de Seguridad Interna (DHS) y los consulados, denuncia el director de comunicación de Chirla.

A veces los familiares no entienden el formulario y no saben ni cómo rellenarlo  "El DHS debería proveer a los consulados centroamericanos un listado de los niños que tienen detenidos en todos los centros de detención a nivel nacional, esto agilizaría el proceso para dar con los parientes en EU y en caso de que el menor no los tenga, informaría a los consulados para que las familias en el país de origen supieran que el niño está preso por las autoridades de migración y reclamarlo".

Jorge-Mario Cabrera explica que cuando el menor es detenido y da su nombre y su nacionalidad, "lo útil sería que esa información fuese inmediatamente a su consulado, pero lo que ocurre en la práctica es que los consulados tienen que hacer la petición de esta información los centros de detención. También sucede que los datos del menor llegan al consulado de Arizona pero éste no contacta con su homólogo en Chicago o Nueva York y el registro se pierde. Es definitivamente un problema administrativo".

A nivel burocrático, el tiempo que el menor está en un limbo jurídico al amparo del Estado también se ve ralentizado por una documentación extensa y farragosa.  "Los consulados se quejan de que Inmigración les hace llegar un formulario de 16 páginas en inglés que deben entregar a los parientes en el que se les pide todo tipo de información sobre el menor y la familia, incluso se les exigen datos de cuentas bancarias... a veces los familiares no entienden el formulario y no saben ni cómo rellenarlo correctamente, por lo que a su vez se indignan ante la falta de ayuda consular", explica Cabrera.

"Más fácil si el familiar tiene papeles"

Una vez localizado el familiar hay más posibilidades de que el menor pueda permanecer en el país si está a cargo de un residente regularizado. "Por eso hay veces que los abuelos se quedan con la custodia del niño aún habiendo padres en el país, ya que estar tutelado por alguien que tiene papeles multiplica las posibilidades del niño para ganar la batalla legal ante el juez", sostiene Cabrera.

Cuando no hay parientes que puedan hacerse responsables del niño o niña, las autoridades harán lo posible para encontrar una figura alternativa, lo que se conoce como sponsor o padrino, una persona, amiga o no de la familia del pequeño, que se responsabiliza de él durante el tiempo que dure el proceso judicial de deportación y los acompaña a la corte cada vez que deban acudir ante el juez.

Si esta opción tampoco funciona y siguen peleando judicialmente para poder permanecer en el país, "entonces dejan los albergues y son enviados, también de manera temporal, a un tercer centro regido por el Foster Care (Departamento de Servicios Sociales). Se llaman Long Term Foster Homes y desde allí se les busca familias de acogida, que no los adoptan pero los tutelan a largo plazo. Así el menor puede salir del albergue y dejar libre la cama a otro niño o niña", detalla Jackson.

Solos frente al juez

Cuando los menores no están bajo la tutela de un familiar, un padrino o una familia de acogida y permanecen detenidos en un albergue, ellos mismos deberán personarse ante el juez por su propio pie y batallar su caso legal solos.

"La mayoría de los niños hablan directamente con el juez sin la representación de un abogado, porque el Estado no provee esta defensa en casos de inmigración, sólo para causas criminales. Pero la familia también puede contratar a un abogado que defienda al menor o bien contactar con alguna organización sin ánimo de lucro que ponga abogados a disposición de personas sin recursos. En cualquier caso, el juez siempre se dirige al menor y le pregunta directamente", explica Jackson, si bien matiza que algunos jueces acceden a hablar con las familias o padrinos.

La mayoría de los niños hablan directamente con el juez sin la representación de un abogadoLas alternativas legales más comunes a la deportación de menores en Estados Unidos suelen ser la petición de asilo, de una visa juvenil, una visa U —para víctimas de crimen o delito— o una visa T —para víctimas de trata de personas y tráfico humano—, aunque las dos últimas suelen ser muy complicadas de conseguir.

Las organizaciones que tratan con estos menores coinciden en señalar que el tiempo que puede prolongarse el proceso de deportación depende de muchos factores. "Se han dado casos de procesos que se demoran años en la corte. Algunos logran quedarse con una residencia temporal, otros, incluso habiendo pasado varios años y especialmente si han cumplido la mayoría de edad, son expulsados", según el portavoz de Chirla.

La directora de Probar explica que durante el tiempo que dura el proceso de deportación, estos niños tienen derecho a la escolarización en centros públicos y "se trabaja por lograr que su infancia y su día a día sea lo más normalizado posible, al margen de su situación legal en Estados Unidos".

Si finalmente la justicia decide deportarlos o ellos se acogen a una "deportación voluntaria", los menores centroamericanos por lo general regresan enviados en aviones del Estado, mientras que los mexicanos lo hacen en autobús. La acogida en sus países "suele depender de las autoridades de la nación de origen. En algunos casos dejan a los menores en la base aérea sin saber exactamente si un familiar espera por ellos, aunque no tenemos muchos datos sobre cómo se produce la entrega", comenta Jackson.

En el mejor de los escenarios, estos niños recibirán ayuda de organizaciones como Kind Guatemala, un proyecto que dispone de un programa específico para garantizar a los menores deportados un retorno seguro y alejado de las condiciones que les empujaron a huir de Guatemala.

Kind fue fundado por Angelina Jolie y la Corporación Microsoft para crear un movimiento pro bono de bufetes de abogados, empresas, organizaciones no gubernamentales, universidades y voluntarios para proporcionar servicios legales gratuitos y de calidad a niños refugiados no acompañados e inmigrantes en Estados Unidos.