Mauricio Macri encara su último año de gobierno en Argentina con la imagen dañada y la economía sumida en una profunda recesión. Pero el mandatario conservador buscará la reelección en 2019 apostando a la polarización con su antecesora peronista Cristina Fernández, en una contienda con resultado incierto.

A menos de un año de los comicios de octubre, los analistas señalan que una mejora de la economía le garantizaría a Macri, en el poder desde fines de 2015, otro mandato de cuatro años.

Pero si la tercera economía de Latinoamérica no remonta, se acrecentarían las posibilidades de la expresidenta Fernández (2007-2015) de regresar a la Casa Rosada pese a las múltiples causas de corrupción en su contra. La actual senadora opositora todavía no oficializó su postulación, aunque su entorno político la da por hecho.

En una reciente entrevista con The Associated Press, Macri, de 59 años, confirmó que peleará por un nuevo mandato pese a la crisis y el fuerte ajuste económico que mermaron su popularidad. “Debo transmitirles a los argentinos esta convicción que tengo acerca de que es por acá (el camino) y sin que nadie te regale nada, costándote, porque es poner un ladrillo arriba del otro”, afirmó.

El presidente manifestó su esperanza de que la cumbre del G20 que reunió a principios de diciembre a las principales potencias en Buenos Aires beneficie al país. Según dijo, las reuniones bilaterales que mantuvo se traducirán en 8.000 millones de dólares de inversiones en energía e infraestructura.

Macri no logró vencer la inflación -que este año se ubicará en al menos 44%-, ni bajar la pobreza que afecta a un tercio de los argentinos, como lo había prometido durante la campaña de 2015. Tampoco recibió una lluvia de inversiones extranjeras, como había anunciado tras poner fin a 12 años de gobiernos populistas.

El alza de los precios se aceleró desde mediados de año por una devaluación del peso de cerca de 50% que obligó al gobierno a recurrir al Fondo Monetario Internacional por primera vez en casi dos décadas para sellar un préstamo por 56.300 millones de dólares.

Amplios sectores que tras la experiencia populista de Fernández y su marido y antecesor Néstor Kirchner (2003-2007) vieron en el empresario devenido en político la esperanza de un cambio, se sienten ahora desilusionados.

El 70,6% de los encuestados en un relevamiento nacional calificó de negativa la gestión de Macri, según la consultora Tendencias. Un 42,9% cree que la situación del país empeorará contra un 28% que es optimista. El estudio relevó a 12.500 personas a fines de noviembre con un margen de error de 4,5 puntos porcentuales.

Pero ese desencanto no implica un vuelco hacia la dirigente peronista de 65 años. Aunque Fernández conserva un núcleo duro de seguidores que ronda el 30%, también tiene un techo de intención de voto de aquellos que no la respaldarían en ninguna circunstancia.

“Es casi imposible que en el contexto actual alguien gane en una primera vuelta electoral”, pronosticó la analista Mariel Fornoni, de la consultora Management & Fit. Para ello es necesario un 45% de los votos o al menos 40% y una diferencia de 10 puntos respecto del contendiente más cercano.

Según las últimas encuestas, Macri y Fernández están empatados, con cerca de un tercio de respaldo cada uno, mientras el resto de la oferta electoral está atomizada. En un escenario de segunda vuelta ambos aparecen indistintamente como ganadores con un estrechísimo margen de diferencia.

Fornoni consideró que a Macri “le conviene que la expresidenta sea su rival por ese techo que tiene”. Fernández cosecha un rechazo que alcanza el 63%.

Por otro lado, apuntó la analista, el mandatario tiene la desventaja de que en los comicios plebiscitará su gestión y la actual situación económica “está claro que no va a ayudar y hay que ver cuánto va a incidir negativamente o no”.

Macri tendrá la dura tarea de revertir la crisis para seducir a sus compatriotas mientras la senadora desfilará por los tribunales. En febrero comenzará el primer juicio en su contra por presuntamente haber adjudicado de forma irregular obras públicas a un grupo empresarial. Otros procesos por supuesta corrupción también se desarrollarían en 2019.

A contramano de los pronósticos que le auguraban una muerte política tras su salida el poder, Fernández fue elegida senadora en las elecciones de medio término de 2017 y es la única figura opositora que asegura uno de los comicios más reñidos que se recuerden.

“Es lógico que ella tenga una cantidad de gente que fue beneficiada con el dar arbitrariamente a costa del futuro”, señaló Macri. El populismo "no te da en forma genuina si no que agarra los ahorros de la sociedad e hipoteca el futuro", cuestionó el mandatario.

La senadora no da entrevistas y se pronuncia mayormente a través de las redes sociales y desde su banca en el Senado. Fernández ha dado señales contradictorias sobre su futuro: se ha mostrado dispuesta a correrse a un lado para dejar el puesto a otro dirigente peronista si ello garantiza el triunfo del partido, pero al mismo tiempo trabaja activamente para cerrar alianzas con otros espacios políticos no peronistas.

Según analistas, quienes reivindican a Fernández la perciben como una líder que no se doblega pese al estrecho cerco judicial que la rodea y que fue capaz de lograr una mayor inclusión social en la siempre inestable Argentina.

Entre el mandatario y la senadora aparece un peronismo fragmentado con figuras que en el mejor de los casos concentran un 10% de apoyo y que, según Fornoni, “tendrán potencial dependiendo de si se deteriora el contexto económico para captar el voto de Macri o empeora la situación judicial de Cristina”.

“El gobierno podría apelar en la campaña a una agenda de la ética y republicanismo versus la corrupción (de Kirchner y Fernández). Pero si para marzo la gente no percibe que hay una luz al final del camino en lo económico, para Macri será muy complicada la reelección”, vaticinó el analista Hernán Pellegrino, director de Tendencias.