Una mujer rusa acusada de ser agente secreta reconoció el jueves que conspiró para infiltrar el movimiento de derecho de posesión de armas de fuego estadounidense y así reunir información sobre los grupos políticos conservadores cuando Donald Trump subió al poder.

Como parte de un acuerdo con los fiscales federales, Maria Butina, de 30 años, se declaró culpable de conspiración por actuar como una agente extranjera no registrada y acordó cooperar con los investigadores.

El caso de Butina, que es independiente a la investigación del fiscal especial Robert Mueller de la injerencia rusa en la campaña presidencial de Estados Unidos de 2016, ha dado una idea de cómo Moscú busca influenciar la política estadounidense.

Los fiscales del caso Butina dicen que su jefe ruso, Alexander Torshin, utilizó sus contactos con la National Rifle Association para buscar canales extraoficiales de acceso a los conservadores estadounidenses durante la campaña, cuando el republicano Trump enfrentaba a la demócrata Hillary Clinton.

El caso de Butina, presentado por fiscales federales en Washington, también llega en un momento en que el Departamento de Justicia busca imponer las leyes estadounidenses que aplican a agentes extranjeros, incluidos aquellos acusados de trabajar para Rusia.

Los fiscales dijeron que es “muy probable” que sea deportada de Estados Unidos una vez que cumpla con su sentencia, que podría ser de hasta un máximo de cinco años en prisión, aunque la defensa señaló el jueves que las normas federales no recomiendan más de seis meses.

Según el acuerdo de culpabilidad, Butina trabajaba directamente bajo Torshin, un banquero ruso ahora bajo sanción por el Departamento del Tesoro por sus vínculos con el presidente ruso Vladimir Putin.

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El periodista de Associated Press Chad Day contribuyó a este depacho.