El Banco Central Europeo pondrá fin al programa de estímulo económico que salvó a las economías de la eurozona en los últimos cuatro años, a pesar de nuevos peligros como el Brexit y la guerra comercial entre China y Estados Unidos.

La decisión anunciada el jueves frenará al fin de año la compra de bonos que inyectó 2,6 billones de euros (3 billones de dólares) al sistema y que, según el presidente del Banco Central Europeo Mario Draghi, creó más de 9 millones de puestos de empleo.

Hubo momentos en que el programa “fue el único motor de la economía” debido a la falta de medidas de los gobiernos locales como por ejemplo aumentar el gasto público, dijo Draghi en conferencia de prensa.

Por supuesto, admitió Draghi, “yo estoy algo parcializado” al evaluar el éxito del programa.

El programa comenzó en marzo de 2015 para ayudar a la economía europea a recuperarse de una crisis de deuda que amenazaba con quebrar la unión monetaria de 19 países.

El BCE dijo que puede poner fin gradualmente a la iniciativa ya que la economía está creciendo a un paso estable y la inflación ya casi alcanza su meta de un poco menos de 2%. En noviembre, la inflación anual de la eurozona fue de 2% aunque si se excluyen rubros más volátiles como los alimentos y los combustibles, la cifra es un débil 1,0%.

El crecimiento económico en el tercer trimestre se frenó a apenas 0,2% comparado con el período anterior, cuando a fines del año pasado estaba mucho mejor.

Al suspender su plan de estímulo, el BCE está haciendo eco a las gestiones de la Reserva Federal de Estados Unidos y del Banco de Inglaterra por frenar las asistencias monetarias implementadas tras la crisis financiera global de 2007-2009 y la Gran Recesión. El banco central estadounidense ha ido incluso más lejos que los demás, al poner fin a sus compras de bonos y al empezar a aumentar las tasas de interés.

Una política monetaria más flexible y las bajas tasas de interés fueron pilares para los mercados en los últimos años, impulsando las acciones y otros títulos ya que los inversionistas optaban por herramientas más arriesgadas ya que los beneficios de recursos más estables como bonos soberanos o cuentas de ahorro eran prácticamente nulos. El fin del programa de estímulo, por lo tanto, despierta temores de más volatilidad en los mercados.

Los consumidores ahora tendrán mayores incentivos para tener cuentas de ahorro, pero tendrán que pagar más intereses e hipotecas. Los gobiernos tendrán que inhibirse de desembolsar grandes gastos públicos para programas sociales o de infraestructura debido a que los costos de los créditos aumentarán, o de lo contrario correrán el riesgo de padecer enormes déficits.