El presidente francés Emmanuel Macron trata de retomar el control de su nación luego de un mes de protestas que causaron un caos total en el país y de que un nuevo ataque extremista puso a Francia bajo un renovado nivel de alerta.

En un intento de mostrar que está respondiendo a las demandas de los “chalecos amarillos” de recibir un respiro fiscal, el mandatario francés mantuvo su agenda prevista el miércoles: Sostuvo la reunión semanal con su gabinete y negociaciones con las compañías públicas y privadas, principalmente para instarlos a otorgar un bono de fin de año libre de impuestos a sus empleados.

En tanto, la oficina de Macron dijo que el mandatario se mantuvo constantemente informado sobre la investigación del ataque perpetrado el martes en la ciudad de Estrasburgo y sobre la búsqueda del agresor, que seguía prófugo.

Macron señaló que “la amenaza terrorista sigue ocupando un lugar central en la vida de nuestra nación”, en comentarios informados por el portavoz del gobierno Benjamin Griveaux.

“El orden público debe prevalecer en cada lugar y bajo cualquier circunstancia”, agregó el mandatario.

Al interior del palacio presidencial y en los pasillos del gobierno, las preocupaciones sobre las protestas siguen siendo intensas pese al incidente de Estrasburgo.

El ataque del martes por la noche se registró justo 24 horas después de que Macron rompió un largo silencio sobre el creciente movimiento de protesta y apeló pidió calma a la nación en un inusual discurso televisado. Anunció una exención fiscal para los jubilados y un aumento en el poder adquisitivo de los trabajadores.

Un estimado de 23 millones de personas vieron la transmisión en vivo del discurso, más que la audiencia registrada en la victoria de la selección francesa en la final de la Copa del Mundo en julio, y un récord histórico para un discurso televisivo de un presidente.

La oficina de la presidencia apuntó que la audiencia era una señal positiva: una prueba de que los franceses todavía escuchan a Macron, pese a las continuas peticiones de los manifestantes de su renuncia.

Sin embargo, la opinión pública parecía estar dividida sobre si tuvo éxito o no.

Algunos miembros del movimiento de chalecos amarillos han convocado a nuevas protestas para el sábado, alegando que las medidas del gobierno no fueron suficientes.

Otros han pedido una “tregua” y reconocieron que se ha hecho progreso.

Griveaux comentó a los reporteros que no es el papel del gobierno pedir un cese de las protestas. Dijo que el gobierno ahora está ofreciendo condiciones para “un diálogo que no ocurra en la calle”.

Tres encuestas de Odoxa, Opinionway y Elabe publicadas en internet luego del discurso de Macron mostraron que la mayoría de los encuestados todavía tiene simpatía por el movimiento de los chalecos amarillos, pero el apoyo parece estar disminuyendo en comparación con las semanas anteriores.

Las protestas han debilitado la credibilidad de Macron, la cual también importa en el escenario europeo. El presidente sigue en pie con sus planes de viajar el jueves a Bruselas para una cumbre europea que se enfocará en el proceso del Brexit, pero su prestigio dentro de la Unión Europea se ha visto algo mermado.

Las promesas de Macron a los manifestantes podrían repercutir en el crecimiento de Francia y perjudicar su capacidad para mantenerse dentro de los límites del bloque para el déficit fiscal.

Mientras tanto, su gobierno está a punto de enfrentar una moción de censura en la cámara baja del Parlamento.

No se prevé que la votación propuesta por los legisladores de extrema izquierda y socialistas tenga éxito, debido a que el partido de Macron y sus aliados tienen una gran mayoría en la Asamblea Nacional.

La votación, previamente programada para el jueves, podría posponerse como consecuencia del tiroteo en Estrasburgo que provocó la muerte de dos personas, una muerte cerebral a una tercera y heridas a otras 12.