Sentados en un banco en una comisaría de Barcelona, cinco adolescentes aguardaban pacientemente un viernes reciente para averiguar dónde dormirían esa noche: en un refugio para jóvenes migrantes o en ese banco.

Horas antes, un grupo similar había recibido traslado a un refugio cercano, pero no se sabía si quedaban camas disponibles.

Los chicos provenientes de Marruecos y el África subsahariana habían llegado a España sin estar acompañados por adultos, siguiendo lo que este año ha sido la ruta más transitada por los migrantes a Europa. Como miles de adolescentes, en su mayoría marroquíes, llegaron a Barcelona, que muchos de ellos conocen por su legendario equipo de fútbol.

De acuerdo con cifras oficiales, se registraron 11.174 menores no acompañados de enero al fin de septiembre, comparado con 6.414 en todo 2017.

Sabir, de 13 años, trató de explicar por qué dejó a su madre y se embarcó en la peligrosa travesía.

“La razón de que todo marroquí viene a España: a trabajar”, dijo. The Associated Press identifica a los menores entrevistas por sus nombres de pila, acorde con las normas españolas de privacidad.

Para muchos, la vida en España no es como la imaginaban.

En lugar de encontrar trabajo, para el cual además muchos de ellos son demasiado jóvenes, los trasladan de un centro de recepción a otro o duermen en las calles mientras las autoridades se esfuerzan por darles alojamiento. Algunos caen en la droga y en la delincuencia menor.

El flujo de migrantes a España ha aumentado desde el año pasado, cuando Italia empezó a rechazar los arribos por mar desde Libia. Pero los motivos del auge de los menores marroquíes no están claros; se cree que el elevado desempleo y la represión de los manifestantes en la región del Rif son algunos de ellos.

Barcelona, capital de la próspera región de Cataluña, es una de las más afectadas. Muchos chicos van allá en parte porque se encuentra relativamente cerca de la frontera con Francia, a donde esperan llegar con el tiempo.

Las autoridades catalanas habilitaron 120 refugios con 2.000 camas en menos de un año, algunos de ellos en aldeas rurales.

El volumen de arribo de niños que viajan solos por Cataluña es absolutamente desproporcionado, dijo Georgina Oliva, jefa de la oficina regional responsable de los menores.