Las agencias de inteligencia de Estados Unidos han concluido que el príncipe heredero saudí Mohammed bin Salman ordenó el asesinato del periodista Jamal Khashoggi, dijo el viernes un funcionario estadounidense. El gobierno saudí rechaza la afirmación.

La conclusión avivará los intentos en el Congreso para ampliar las sanciones al estrecho aliado de Estados Unidos a causa del homicidio. El gobierno del presidente Donald Trump sancionó esta semana a 17 funcionarios saudíes por su implicación en el asesinato, pero los legisladores se han pronunciado porque Estados Unidos reduzca sus ventas de armas a Arabia Saudí o adopte medidas punitivas más severas.

El funcionario estadounidense enterado de la conclusión de las agencias de inteligencia solicitó el anonimato porque no estaba autorizado a hacer declaraciones. The Washington Post fue el primero en difundir la versión.

El jefe de la diplomacia de Arabia saudí ha dicho que el príncipe heredero no tuvo “en absoluto” nada que ver con el homicidio.

Khashoggi, un saudí que vivía en Estados Unidos, era columnista del Post y criticaba a menudo a la familia real. Fue asesinado el 2 de octubre en el consulado saudí en Estambul. Las autoridades turcas y saudíes afirman que Khashoggi fue asesinado dentro del consulado por un equipo procedente del reino después de que acudiera al recinto diplomático a fin de recoger documentos que necesitaría para casarse.

Esta semana, funcionarios estadounidenses de inteligencia rindieron informes a miembros de las comisiones de inteligencia del Senado y la Cámara de Representantes, y el Departamento del Tesoro anunció sanciones económicas a 17 funcionarios saudíes presuntamente responsables o cómplices del asesinato.

Entre los afectados por las sanciones figuran Mohammed al-Otaibi, el diplomático a cargo del consulado, y Maher Mutreb, que era parte del séquito del príncipe heredero en viajes al exterior.

Debido a las sanciones quedan congelados activos que los 17 funcionarios pudieran tener en Estados Unidos y se prohíbe a estadounidenses hacer negocios con esas personas.

Asimismo esta semana, el principal fiscal en Arabia Saudí anunció que buscará la pena de muerte para los cinco implicados en el homicidio. El fiscal pretende con esa postura sosegar la indignación global por la muerte de Khashoggi y distanciar a los asesinos y sus actividades de la dirección del reino, en especial del príncipe heredero.

El presidente Donald Trump describió el asesinato como una operación mal hecha y ejecutada con mucha deficiencia. Señaló que “el encubrimiento fue uno de los peores en la historia de los encubrimientos”.

Sin embargo, Trump se ha resistido a las exigencias de que suspenda las ventas de armas al reino y es renuente a antagonizar con los gobernantes saudíes. Trump considera a los saudíes aliados vitales para su agenda en el Oriente Medio.

El post, que citó fuentes anónimas, informó además que las agencias de inteligencia estadounidenses revisaron una llamada telefónica que el hermano del príncipe, Khalid bin Salman, tuvo con Khashoggi. El periódico señaló que el hermano del príncipe, el actual embajador saudí en Estados Unidos, dijo a Khashoggi que no le pasaría nada si acudía al consulado saudí en Estambul para recoger los documentos que necesitaría a fin de casarse.

El diario señaló que se desconoce si el embajador sabía que Khashoggi sería asesinado. Pero agregó que el periodista hizo la llamada a la dirección del príncipe heredero y fue interceptada por la inteligencia estadounidense.

Fatimah Baeshen, portavoz de la embajada saudí en Washington, dijo que esa aseveración era falsa.

Horas antes se llevó a cabo un servicio fúnebre en Estambul en memoria del periodista saudí, más de un mes después de su asesinato en el consulado de Arabia Saudí. Amigos de Khashoggi, políticos turcos y miembros de la prensa acudieron a la ceremonia en la Mezquita Fatih, realizada “en ausencia” porque los restos del columnista del Post no han sido hallados.