Donald Trump llegó a la presidencia usando una retórica muy fuerte sobre la inmigración, hablando de multitudes que cruzan la frontera para agredir a los estadounidenses y robarles sus trabajos. Ahora, en las semanas previas a los comicios legislativos, apela a la misma fórmula para tratar de contrarrestar los avances que se espera consigan los demócratas en el Congreso.

Es una apuesta que conlleva riesgos y beneficios. Puede movilizar a sus rivales demócratas tanto como a los republicanos que trata de llevar a las urnas.

Pero el presidente considera que en el saldo final, lleva las de ganar. En los actos a los que acudió en los últimos días y en Twitter ha estado explotando el tema de la caravana de migrantes centroamericanos que tratan de llegar a Estados Unidos a través de México, diciendo que es una nueva evidencia de que hacen falta medidas estrictas como las que él propone.

Dijo en un tuit que la caravana era un “ataque a nuestro país por la frontera sur”. Luego, el jueves por la noche en Montana, les dijo a partidarios que lo vitoreaban que “esta será una elección de Kavanaugh, de la caravana, del estado de derecho y el sentido común... Recuerden, va a ser una elección de la caravana”.

Brett Kavanaugh acaba de ser confirmado como juez de la Corte Suprema después de un áspero proceso de confirmación en el que fue acusado de abuso sexual cuando era adolescente.

Sus afirmaciones recibieron un impulso visual el viernes cuando algunos miembros de la caravana derribaron una barrera guatemalteca en la frontera con México. Algunos lograron introducirse a territorio mexicano, pero la mayoría fueron obligados a retroceder por policías antimotines mexicanos que usaron gas pimienta.

Trump indicó el viernes creer que su estrategia está funcionando, diciéndole a los reporteros en Scottsdale, Arizona, que la inmigración es “un tema muy importante para los republicanos”.

Con una agresiva ofensiva de campaña, Trump trata de presentar las elecciones legislativas como un referendo sobre su presidencia, convencido de que debe inmiscuirse en la contienda para hacer que los republicanos acudan a votar. Tal vez ningún otro asunto fue tan relacionado con su campaña de hace dos años como el de la inmigración, sobre todo su publicitada _y todavía incumplida_ promesa de construir rápidamente un muro en la frontera con México. Ese compromiso sigue siendo un grito de guerra para el magnate.

“Considero que hay un gran contraste. Todos los demócratas se niegan a construir el muro. Es un buen contraste”, opinó el ex asesor de campaña de Trump Barry Bennett, quien dijo que la caravana llegó “en el momento justo” para que Trump la aproveche.

Pero hay quienes creen que, al tratar de movilizar a sus seguidores, Trump podría estar revitalizando a la oposición. Matt Barreto, cofundador de la firma investigadora Latino Decisions, dijo que el mensaje sobre la inmigración puede terminar perjudicando al mandatario.

“Creo que corres el peligro de irritar a los votantes de las minorías de todos lados _hispanos, negros, asiáticos_ y también de alejar a los blancos, incluidos los conservadores y los moderados, ahora que ven lo que está pasando con la separación de familias”, comentó Barreto, quien es profesor de la Universidad de California en su sede de Los Ángeles.

El jueves por la noche, una caravana de al menos 3.000 personas arribó a la frontera de Guatemala con México. El viernes rompieron las verjas guatemaltecas y se apresuraron a llegar a un puente que cruza a México. Del otro lado de la frontera había decenas de policías federales mexicanos, y detrás de ellos cientos más. La policía mexicana obligó a retroceder a la mayoría, pero unos 50 lograron cruzar la frontera.

La Secretaría de Relaciones Exteriores de México dijo que el gobierno estaba ayudando a miembros de la caravana que ya habían ingresado a territorio mexicano, explicándoles las opciones que tenían por delante y asistiendo a los que querían pedir el estatus de refugiado.

El envío de más policías a la frontera sur pareció complacer a Trump, quien el jueves por la noche retuiteó un mensaje de un periodista de BuzzFeed con un video que mostraba el despliegue de soldados, agregando: “Gracias México, deseamos trabajar con ustedes”.

Ese mismo día, Trump había despotricado contra la caravana en Twitter, diciendo que era “¡culpa de los demócratas por las leyes débiles!” que hay vigentes. También amenazó con enviar a los militares a la frontera si el gobierno mexicano no frenaba a los migrantes y pareció amenazar además con reformular el pacto comercial con México y Canadá.

Hasta hace pocos días, daba la sensación de que la inmigración no sería nuevamente un tema central de la campaña, como en el 2016, ya que Trump aceptó los pedidos de los republicanos de que no paralice el gobierno si no le daban el dinero para el muro. Y una encuesta interna de los republicanos presentada a la Casa Blanca el mes pasado halló que hay otros temas, sobre todo la propuesta de un seguro médico para todos que promueven algunos demócratas, que repercutirían más en el electorado.

Aunque Trump sí se enfocó durante algún tiempo en el hecho de que algunos demócratas han exigido la abolición del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas, en gran medida se refirió a él como una advertencia contra el control de Washington por los demócratas. Pero el que ese tema controversial haya surgido de nuevo refleja un consenso en ambos partidos de que el control del Congreso será determinado más por el voto de los leales a cada partido que por el convencimiento a los electores independientes.

Un impulso vigoroso al tema de la inmigración probablemente será bien recibido en muchas de las áreas profundamente republicanas donde Trump está haciendo campaña, como en la escala que hizo en Montana el jueves por la noche. Los republicanos reconocen que podría tener un resultado distinto en otras partes del país _e incluso podría ser dañina para los candidatos republicanos en ciertos distritos_, pero están apostándole a que, al igual que en 2016, sigue siendo un tema ganador para el partido del presidente.

Trump continuaría con la campaña el viernes por la noche en Arizona, un estado cada vez más competido donde el mensaje podría tener resultados mixtos. Hace dos años ganó Arizona por 3,5 puntos porcentuales, en comparación con el margen de 9 puntos que obtuvo el republicano Mitt Romney en 2012.

Antes de las elecciones legislativas, las encuestas siguen mostrando que el electorado estima que la inmigración es uno de los temas más importantes, aunque no tanto como la economía y los seguros médicos.

Sin embargo, los electores republicanos y demócratas tienen visiones muy distintas sobre la inmigración como un problema que enfrenta el país. Un sondeo reciente efectuado por el Centro Pew de Investigación halló que la mayoría de los votantes demócratas _el 57%_ creen que el trato que se les da a los inmigrantes que se encuentran ilegalmente en el país es un problema muy grande en Estados Unidos, en comparación con sólo 15% de los electores republicanos que afirman lo mismo. En contraste, tres cuartas partes de los electores republicanos consideran que la inmigración ilegal es un gran problema, el de mayor prioridad para los republicanos en la larga lista de la encuesta de Pew, mientras que sólo el 19% de los votantes demócratas dicen lo mismo.

Encuestas recientes de CNN y del Washington Post-ABC News indicaron que, por estrecho margen, los votantes creen que los demócratas sabrán manejar mejor el tema de la inmigración que los republicanos.

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La reportera de AP Catherine Lucey informó desde Washington.