El cine de Martin Scorsese, las avionetas-ambulancia que llevan el cuidado sanitario al África remota y el periodismo comprometido de la mexicana Alma Guillermoprieto fueron reconocidos el viernes con los Premios Princesa de Asturias en España junto a las trayectorias de un selecto grupo de científicos, alpinistas e intelectuales.

Guillermoprieto, premio de comunicación y humanidades, protagonizó uno de los momentos más emotivos de la solemne ceremonia en un histórico teatro de Oviedo, en el norte de España. La reportera hizo un alegato por la libertad de expresión y recordó a los 45 compañeros de profesión asesinados este año.

“Matan a uno para intimidar a otros. Pero a la larga, suelen surgir dos o, por lo menos, otro (periodista) más”, dijo con la voz quebrada al conmemorar a su compatriota Javier Valdés, asesinado en Sinaloa el pasado mayo.

La periodista de 69 años, que en una dilatada trayectoria de cuatro décadas ha cubierto todo tipo de conflictos en el continente americano, añadió que “sin un periodismo poderoso, bien financiado, respetado por los gobiernos del mundo, este mundo moderno, entrelazado sería imposible”.

Los Princesa de Asturias, considerados como los Nobel del mundo hispanohablante, premian cada año a personas o instituciones que hacen aportaciones significativas en diversos ámbitos. Los galardones deben su nombre al título de la heredera al trono de España, la princesa Leonor, de 12 años. Dada la corta edad de su primogénita, los monarcas Felipe VI y Letizia son quienes cada año presiden la entrega.

En su discurso de aceptación del galardón, Scrosese se mostró preocupado por el tratamiento que reciben el cine y el arte en general en la sociedad contemporánea, y específicamente en Estados Unidos.

“Estoy preocupado por el ambiente que se está creando hoy en día”, dijo el director de cintas como “Taxi Driver” y “Toro Salvaje”. “El debate serio sobre el cine, el juicio crítico, en mi país se ha cortado de raíz”, prosiguió, para añadir que aceptaba el Premio Princesa de Asturias a las Artes “en nombre de la libertad.”

Los premiados en las ocho categorías este año incluyen en cooperación internacional a la organización de ayuda humanitaria Amref Health Africa, que pasó de volar con médicos a los rincones remotos de este continente a contribuir al cuidado sanitario a través de nuevas tecnologías, y al biólogo sueco Svante Pääbo, reconocido en investigación científica. Considerado el padre de la “paleogenética”, Pääbo ha abierto nuevas vetas para la investigación de las especies a partir de su análisis de ADN.

El filósofo y politólogo estadounidense Michael J. Sandel, premiado en ciencias sociales, recordó en su discurso de aceptación cómo las lecturas que hizo durante unas vacaciones en España años atrás le atrajeron a la filosofía por “su carácter ineludible y la luz que arroja sobre la vida del ser humano”.

“Donde viajo siento un gran interés por el debate público, por las preguntas que son importantes, por la igualdad, la historia, la memoria, por lo que significa ser ciudadano,” dijo Sandel.

El alpinista italiano Reinhold Messner, el primero en completar sin oxígeno las 14 cumbres del mundo por encima de los 8.000 metros, y el polaco Krzysztof Wielicki, un pionero en las ascensiones invernales a las más altas cumbres del Himalaya, han sido galardonados en el ámbito deportivo.

La oceanógrafa Sylvia A. Earle, estadounidense conocida como “la dama de las profundidades” y reconocida en el apartado de concordia, habló del sexismo que sufrió cuando de joven aspiraba a ser científica y exploradora. En línea con el resto de discursos que buscaban el compromiso por el futuro, también pidió acción para “salvar” de la degradación y calentamiento medioambientales a la Tierra, “el único continente marino”.

“Con el saber viene el cuidado, y con el cuidado hay esperanzas de que hagamos las paces con la naturaleza y encontrar un lugar duradero dentro de los sistemas azules que nos sustentan”, dijo la bióloga marina.

La escritora francesa de novela negra Fred Vargas, galardonada en letras, había excusado su ausencia, por lo que según las normas de los premios no podrá recibir los 50.000 euros (57.500 dólares) y la estatuilla del diseñador español Joan Miró otorgado a cada uno de los galardonados.

El rey español, Felipe VI, cerró la ceremonia subrayando los valores que representaban los premiados y resumiéndolos como “el conocimiento, el altruismo, la superación personal, la voluntad y la determinación de alcanzar una existencia mejor".