La maestra de secundaria Maryam Powers no se toma vacaciones. Trabaja horas extras cada vez que se presenta la oportunidad y asesora a los nuevos empleados. Pero para poder pagar la hipoteca de la casa de 330.000 dólares que compró en Salinas debe alquilar la habitación principal por 800 dólares al mes.

“Lo único que hago es trabajar. Hago cualquier trabajo que aparece, pero nunca puedo respirar tranquila”, dijo Powers, quien vive con su pareja y sus dos hijos pequeños.

La situación de Powers es la misma de muchos otros residentes de esta localidad cercana a la turística Península de Monterey y que se encuentra a una hora de auto del Silicon Valley. Está rodeada de campos que producen la mayor parte de la lechuga del mundo e inspiraron el libro de John Seinbeck “Las uvas de la ira”.

Salinas, conocida como “la ensaladera del mundo”, es una de las ciudades más costosas del país y un buen ejemplo de la crisis de la vivienda que afecta las zonas rurales y también los centros urbanos de California. El ingreso promedio de una familia de Salinas es de 69.000 dólares anuales, pero los 90.000 peones de campo que viven en la zona ganan mucho menos. El precio promedio de una casa es de casi 550.000 dólares y el alquiler de un departamento de dos dormitorios cuesta unos 1.800 dólares al mes, según el portal Zillow.

Más del 70% de los residentes de Salinas son hispanos, según el censo, y el 80% de los peones de campo de la zona residen permanentemente allí.

Los residentes de Salinas dicen que una “cortina de lechuga” divide a los habitantes de la zona costera y los de más adentro.

La frustración sobre el alto costo de la vivienda va en aumento y el tema figura en algunas propuestas especiales en las elecciones de noviembre.

Varias generaciones de una familia viven en una misma casa en Salinas, la gente alquila galpones en forma ilegal y muchos se preocupan de cómo van a llegar a fin de mes.

Los residentes saben que el sistema de control de alquileres, que mantiene bajos los precios en algunos edificios, no es la mejor solución a largo plazo porque desalienta la construcción.

“Nuestros alquileres son demasiado altos. Hay que hacer algo”, dijo Noelia Verwulf, residente de Salinas que ayudó a formar la agrupación “Viviendas para Todx”, que organiza talleres, registra gente para votar y promueve medidas relacionadas con la vivienda.

Cuatro de 11 medidas especiales en las elecciones de California están relacionadas con la vivienda.

El área metropolitana de Salinas es una de siete localidades de California que figuran entre las 10 más caras de Estados Unidos, según un análisis de información del censo hecho por el Centro de Estudios de la Vivienda de la Universidad de Harvard. Los Ángeles, Santa Bárbara y Redding, una localidad rural, también están en la lista.

El gobierno central considera que el costo de una vivienda es prohibitivo si se lleva más de un tercio de los ingresos de una familia. Más de la mitad de los californianos que alquilan y casi una tercera parte de los propietarios de viviendas gastan eso o más.

En Salinas hay sentimientos encontrados respecto a la Propuesta 10, una medida que eliminaría una ley que restringe el control de alquileres de casas de una familia y de propiedades construidas después de 1995, dejando en manos de las autoridades locales determinar cuánto se pueden aumentar los alquileres.

La demócrata Anna Caballero, que representa a Salinas en la Asamblea estatal, se opone a la medida, pero dijo que comprende por qué muchos residentes la apoyan.

Pareciera que “lo único que se puede hacer para llamar la atención de la gente que tiene propiedades que alquila es hacer algo drástico”, manifestó. “Es la solución equivocada, pero entiendo por qué se aferran a ella, porque da la sensación de que es una solución”.

Caballero busca una banca en el Senado estatal que estaba en manos de un republicano que no puede volver a postularse debido a los límites para la reelección del estado. Si Caballero gana, los demócratas podrían recuperar una mayoría legislativa a prueba de balas, que les permitiría subir los impuestos y pasar cualquier medida sin un solo voto republicano.

Entrevistas con dos docenas de residentes de Salinas indican que la población considera que los políticos no tienen idea de la realidad de la crisis de la vivienda en la región.

Una hija de 20 años de Verwulf, Victoria, dijo que el tema de la vivienda, no las elecciones de mitad de término, es lo que la moviliza.

“Una no va a la escuela y se involucra en activismo comunitario porque es interesante o una moda”, expresó. “Lo tenemos que hacer para sobrevivir, porque esta es nuestra vida. Nuestra realidad”.

Carissa Purnell, directora del Centro Alisal de Recursos para la Familia, que ayuda a las personas de bajos recursos y a las familias de trabajadores agrícolas de Salinas a lidiar con los problemas de la vivienda, dice que hay niños que duermen en las cajas que usan sus padres para recoger fresas porque no tienen camas.

“Las cosas por las que pasan nuestras familias están relacionadas con la situación de la vivienda que hemos creado y el hecho de que nadie lo haga notar es frustrante”, declaró Purnell.

Tres generaciones de la familia Núñez viven en una casa de cuatro dormitorios. El patriarca, José Núñez, trabajó en dos empleos para poder pagar la vivienda en la década de 1980.

Núñez y su esposa comparten la casa con tres de sus seis hijos, sus esposas, y siete nietos. Cada familia tiene un dormitorio.

Núñez no pensaba que sus hijos regresasen a su casa, pero no pudo decirles que no cuando perdieron sus viviendas al no poder pagarlas. Su hijo Miguel busca una vivienda que no se lleve la mayor parte de su sueldo y le impida “salir, comprar las cosas del bebé, ir de vacaciones”, dijo su nuera, Sasha.

Una de las hijas de Núñez, Araceli, vive con su esposo y tres hijos a la espera de que se complete la expansión de su propia casa. Indicó que optaron por ampliar la vivienda porque no tenían para comprar otra más grande.

La habitación que ocupan tiene dos camas matrimoniales, un televisor y cómodas improvisadas para la ropa. En un pasillo tienen un baúl con la ropa del bebé.

La municipalidad de Salinas espera construir más de 10.000 viviendas en unos terrenos al noreste de la ciudad.

Pero hay quienes creen que eso no será suficiente. Un proyecto que contempla la construcción de un tren que comunicaría con el corazón de Silicon Valley podría atraer a muchos empleados de esa zona y desplazar a los actuales residentes.

“Hay una necesidad insaciable de viviendas”, dijo el concejal Scott Davis. “No importa cuántas casas construyamos, nunca van a alcanzar”.