´Skull´
Una de las esculturas del artista japonés Haroshi - Jonathan LeVine Gallery

¿Qué pasa con un monopatín cuando ya ha sucumbido a la dureza del asfalto? ¿Qué sucede con la energía que ha acumulado, el historial de retos y cicatrices que ha compartido con su dueño?

El japonés Haroshi reutiliza las tablas de skate —inservibles, deterioradas por el uso agresivo, las maniobras, los obstáculos y las caídas— y crea esculturas tridimensionales. Las rayas de vivos colores se corresponden a las finas capas de madera que en conjunto componen la superficie sobre la que se colocan los pies. Las ruedas y los ejes le sirven al artista como ocasionales elementos para añadir detalles e incluso aprovecha la lija que flanquea los extremos de la tabla para pulir las imperfecciones.

La exposición Virtual Reality (Realidad virtual), en la galería Jonathan LeVine de Nueva York hasta el 12 de febrero, celebra el 10º aniversario de Haroshi como escultor especializado en reciclar monopatines.

El título de la muestra es una referencia al vídeo del mismo título, publicado en 1993, en el que Rodney Mullen (figura del skate profesional ) mostraba una serie de trucos nunca antes vistos que revolucionaron el deporte.

Haroshi (también patinador) recuerda la profunda impresión que le causó el documento audiovisual, que le hizo entender el monopatín como el instrumento de una pasión. "Me hizo darme cuenta de que el potencial del skateboarding no conoce límites", recuerda.

La mística del sacrificio

Los temas, muy enraizados en la mística de sacrificio del skate, son alegorías de las heridas, la recuperación, la obsesión, la perseverancia y el crecimiento: un pie separado del resto del cuerpo, una calavera con aparato dental, una cara sonriente hecha de pequeñas reproducciones de balas...

Permite que los tonos del contrachapado compongan la paleta de sus trabajosTras un cuidado proceso de selección, el artista agrupa las capas de las tablas y las corta en cubos que, al ser tallardos con suma delicadeza y siempre a mano, descubren patrones geométricos. No añade colores ni pigmentos a la materia prima y permite que los tonos del contrachapado (originalmente procesado e impreso con ilustraciones) compongan la paleta de sus trabajos.

A veces respeta las astillas de las planchas partidas y las contrasta con el acabado redondeado y perfecto de su técnica.

Se permite incluso ocultar pequeños objetos en el interior de las obras siguiendo la técnica japonesa tradicional de los artistas que en la antigüedad esculpían figuras de Buda. Haroshi documenta esos secretos sometiendo después a los trabajos a rayos X.