Han pasado 50 años, pero las poderosas imágenes de la invasión a Checoslovaquia dirigida por los soviéticos tomadas por el fotógrafo Josef Koudelka todavía resuenan entre los checos y otras partes del mundo e incluso han sido admiradas en Rusia.

Cuando los ejércitos de los cinco países del Pacto de Varsovia invadieron el país una hora antes de la medianoche del 20 de agosto de 1968, Koudelka estaba listo. Arriesgando su vida, tomó miles de fotografías la semana que siguió a la invasión, capturando una experiencia estremecedora para su país y la resistencia de su gente.

Luego de sacar a escondidas los negativos del país, las fotografías fueron publicadas en el occidente y se convirtió en una de las series más reconocidas del siglo XX.

Recordando 1968 durante una entrevista con The Associated Press, Koudelka dijo que aprovechó una oportunidad única en su vida profesional.

“La oportunidad de tomar tantas fotos hizo posible que hiciera algo que nunca creí que sería capaz de hacer”, dijo Koudelka. “Y creo que la mayoría de la gente en Checoslovaquia que me conocía como fotógrafo ni siquiera creía que podía hacer algo así”.

Sus fotografías capturaron el sentimiento en las calles de Praga: el enojo público, la frustración y la enorme protesta contra los soldados que llegaron con tanques a aplastar la Primavera de Praga, el breve periodo de reformas liberales bajo el líder Alexander Dubcek, cuya intención era llevar al país hacia una democratización de la Checoslovaquia comunista.

“Fue una tragedia, pero también sucedieron milagros en la época”, dijo Koudelka. “Uno de los milagros más grandes fue para mí, y ha pasado en otros eventos importantes en otras partes, que la gente es completamente capaz de cambiar en una noche”.

Dijo que, en reacción al ataque, todo el país se unió.

Una de sus ahora icónicas fotografías muestra a un hombre abriendo su abrigo frente a un soldado armado parado frente a un tanque soviético, mientras otra captura a un hombre mayor intentando golpear un tanque con un adoquín.

Sin embargo, la gente desarmada no pudo frenar al ejército y, con el tiempo, el país fue absorbido por un severo régimen comunista totalmente leal a Moscú. Las tropas permanecieron más de 20 años y sólo se retiraron luego de la Revolución de Terciopelo de 1989 encabezada por el fallecido Vaclav Havel.

Según los historiadores, solo en 1968 murieron 137 personas a manos de soldados del Pacto de Varsovia y un total de 400 murieron durante la ocupación.